Las terrazas salvan el primer año sin humo

Tras las iniciales incertidumbres, la prohibición de fumar en espacios cerrados ha sido aceptada sin grandes problemasLos hosteleros locales valoran de forma desigual los resultados derivados de la 'Ley antitabaco'

LAS OPINIONES RAFA BALBUENAAVILÉS.
Un grupo de jóvenes fumando en la terraza de un local hostelero de Sabugo. ::                             ANDRÉS CASTILLO/
Un grupo de jóvenes fumando en la terraza de un local hostelero de Sabugo. :: ANDRÉS CASTILLO

La Ley 42/2010, conocida popularmente como 'Ley antitabaco' acaba de cumplir un año en vigor. Doce meses en los que los fumadores de toda España han salido a la calle en el sentido más literal del término, lo que no quiere decir que se hayan declarado en rebeldía, sino más bien al contrario.

La nota dominante en Avilés, como en el resto del país, es que los adictos a la nicotina han aceptado la prohibición de fumar en espacios cerrados sin alharacas, asumiendo que la sociedad occidental va proscribiendo el cigarrillo progresivamente. Dejando a un lado el debate a favor o en contra del controvertido decreto, la hostelería local ha pasado estos doce meses de un escepticismo inicial a acatar la normativa sin grandes problemas, pero siendo asimismo consciente de que el suyo iba a ser el sector en el que más se iban a notar para mal sus consecuencias.

Esto era algo que Isabel Oliver, de El Café de Joey, tenía muy claro. «La incertidumbre en enero del año pasado era muy grande, y al principio sí que se notaron pérdidas, sobre todo en desayunos», explica al valorar un año «que fue difícil para cualquier negocio hostelero y para cualquier empresa en general por culpa de la crisis». Esta situación «nos castigó bastante y duró más o menos lo que el primer trimestre». La opción de potenciar la terraza «fue un poco la tabla de salvación, algo que antes sólo funcionaba bien en verano», refiere antes de lanzar una reflexión sobre toda esta coyuntura. «Esto tiene que servir para ponerse las pilas y abrirse a otras alternativas; nosotros empezamos a vender cafés para llevar, que la gente toma mientras fuma en casa, y así vamos remontando», concluye.

La visión de Carlos Rodríguez Estrada, de Casa Alvarín, es en sus propias palabras «positiva en varios aspectos, aunque no en todos». Entre las ventajas de la 'Ley antitabaco' señala «que ahora se trabaja en un ambiente más respirable, más limpio», y el hecho de que pueda apreciarse mejor el olor de los platos es un añadido «para que se pueda disfrutar más de una comida o una cena».

Pero la circunstancia de que las sobremesas ya no sean de café, copa y puro, sino sólo de café y copa «nos hizo perder la venta de cigarros, aunque a cambio hay más movimiento en las mesas, se sirven más turnos y estos son más cortos, con lo cual ya no se sale de trabajar todos los días a las dos de la madrugada», refiere.

Una de las opiniones más benignas al respecto de lo ocurrido en 2011 es la de José Antonio Alonso, de Restaurante Jose's. «Nosotros fuimos de los afortunados que no notamos mucha pérdida porque sólo teníamos un comedor para fumadores, a raíz de la legislación anterior», relata satisfecho. Pero también corrobora que «los dos o tres primeros meses fueron un poco alarmantes, sobre todo en cafetería; ahí sí que se notó que la gente prefería desayunar en casa». Al igual que muchos otros hosteleros, Alonso considera que la generalización de las terrazas «ayudó mucho a que muchos locales no cerrasen, y el cliente ha terminado aceptando todo porque contra leyes como esta, nos guste o no, poco se puede hacer».

Posturas beligerantes

A pesar de que todos los hosteleros han ido capeando las consecuencias de la ley sin intemperancias, Rosa Blanco, de Restaurante Fam's, no oculta su oposición, respetuosa pero firme, hacia una normativa que en su opinión «está planteada en términos discriminatorios y que en más de un caso roza el despropósito». Esto es debido «a que quien tiene opción a terraza puede salir del bache, pero los que no tenemos más que dos mesas pequeñas sí que hemos notado un bajón fuerte». En su caso nota más dichas pérdidas «cuando hay partidos de fútbol, por ejemplo. ¿A quién le gusta levantarse para salir a echar el cigarro y perderse varias jugadas? Ahora ya no viene nadie, y entiendo que así prefieran comprar un paquete de canales por satélite para verlos en casa, sin que nadie te prohiba el cigarrillo o el puro» explica.

Blanco participó asimismo en varias reuniones de la asociación Hostelería de Asturias, «que convocó movilizaciones y muchas acciones más; allí hubo mucha voluntad pero pocos resultados», lamenta. La hostelera también cree que «en el tema de las terrazas hay muchas irregularidades» y que las tasas «son abusivas». Pero considera más allá de esto que «no se puede medir por el mismo rasero un local pequeño que uno grande, y más cuando muchos empresarios se gastaron un dineral para acondicionar zonas de fumadores que en tres años tuvieron que desmontar».

Con todo, es consciente que la ley «tenía que llegar, pero el momento de aplicarla fue totalmente inoportuno, en medio de una crisis tan galopante». Y aduce que en coyunturas así «la gente necesita salir y socializar en los bares, no quedarse encerrada en casa». E insiste en que la legislación debería haberse aplicado «cuando la situación mejorase, no en un momento de caída general tan pronunciada, dando este varapalo a gran parte de la pequeña empresa de este país».

Noche y madrugada

Como es lógico, el ocio nocturno no se podía sustraer a las restricciones del humo del tabaco. En pubs y bares de copas ya se ha asimilado el hecho de salir a fumar a la calle como algo normal, si bien con el avance de la madrugada y sus excesos la situación tiende a generar alguna 'distracción'. Jorge Menéndez, del pub Don Floro, confirma que la normativa «trajo muchas dudas sobre cómo iba a afectarnos a todos, y de hecho el año pasado fue flojo, aunque no tengo claro si esto se debe al tabaco o directamente a la crisis». Por su parte, Alberto Campa, de la sala Cube Room, constata que «no descubro a nadie que la noche es otro mundo, muy fuerte, y cuesta que el público se mantenga seis horas en una discoteca sin tabaco». A este fin «los encargados de seguridad tienen que emplearse a fondo para controlar que nadie se salte la norma», y que «muchas discotecas no tienen terraza y eso las deja en una situación muy difícil».