El lujo en tiempos de crisis

Enrique Loewe y Purificación García debaten sobre moda en Oviedo

ANA SALASOVIEDO.
El lujo en tiempos de crisis

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua lujo significa (en su segunda acepción) «abundancia de cosas no necesarias». El presidente de la Fundación Loewe, Enrique Loewe, continúa: «lo superfluo, lo inútil»; y añade: «lo hortera, lo vulgar..., y por lo tanto, tenemos un problema por una etiqueta que pretenden poner a las empresas que trabajan lo artesano, la calidad, buscando la belleza en un entorno para producir objetos compañeros de la vida cotidiana», defendió Loewe. El empresario, que además es presidente de honor del Círculo Fortuny creado para impulsar el lujo en España, participó ayer en los cuartos encuentros que organiza Gona Centro de Formación y Producción Audiovisual y patrocina Cajastur bajo el título 'La cultura en el siglo XXI'.

Pero en plena crisis, en un país con más de cinco millones de parados, puede resultar llamativo reflexionar sobre «una nueva definición del lujo», como propuso Loewe, próxima a «valores humanos», a la «búsqueda de la belleza, a la voluntad del hombre de ser mejor, a la pasión por el arte, por la historia, por la cultura...» Es la moda. A la que se ha acusado «de la bulimia, la anorexia, la vulgaridad», incluso de «los problemas actuales, pero «no tiene culpa de nada», es parte de la «evolución de la sociedad», continuó. Y en España, es negativa.

La crisis afecta a la venta de productos de lujo pero como «es un mercado muy global» se compensa, añadió Susana Campuzano, directora del Programa Superior del Lujo del IE Business School. Sobre todo por países como China: «Dentro de nada Asia será el segundo gran mercado del lujo después de Europa, y los turistas chinos que consumen igual dentro que fuera de su país, es espectacular», subrayó. Quien adquiere este tipo de productos lo hace ahora como «inversión» por eso compran más relojes y joyas, y menos ropa, y de marcas «clásicas como Loewe». Son «los derroteros del lujo».

A la pregunta de dónde fabrican estas empresas, el presidente de la fundación de la compañía especializada en marroquinería respondió que «es muy poco lo que se hace fuera de España, el lujo español solo se puede fabricar en España con artesanos españoles», aseguró. Pero ayer no solo hablaron de lujo en el encuentro en el que participó el gerente del Museo Thyssen-Bornemisza, Miguel Ángel Recio, recientemente nombrado director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM). También sobre la unión entre la moda, la cultura y el arte. El responsable de la fundación Loewe, por ejemplo, a una obra de arte le pediría «respuestas para la vida, sería más exigente que con un objeto» de su marca. Aunque «nunca compararía el arte con algo cotidiano», advirtió. Purificación García, por su parte, que promueve un certamen de fotografía y vende moda a precios más asequibles, considera que «hay telas usadas en alta costura que podrían ser cuadros» y trajes que podrían estar en museos.

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