La iglesia 'nueva' de Sabugo, tenida por la 'Catedral' de Avilés

El templo, de gran empaque, tenido por catedral, tiene poco más de cien años ¿Y qué es eso en la historia de siglos de esta villa asturiana?

ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI
La iglesia 'nueva' de Sabugo, tenida por la 'Catedral' de Avilés

Terminando el siglo XIX y comenzando el XX en Avilés pasaban muchas cosas. Buenas y malas.

Hoy tocan las buenas de aquella época de cambios sociales, económicos y urbanos que modernizaron la villa tradicional que había estado, durante siglos, amurallada para proteger su riqueza de la avidez que podría venir por mar.

Terminando el siglo XIX -y por caminos de hierro- nos había llegado el ferrocarril, medio de comunicación rápido y seguro -para lo que se llevaba entonces- que nos comunicaba con España, pero sobre manera con las cuencas mineras asturianas, de donde vendría el carbón para embarcarlo en la recién construida dársena de San Juan de Nieva, en la histórica ría, que también había sido canalizada.

Paralelamente, el progreso se llevó por delante las marismas (ahora diríamos que las soterró) que frenaban el crecimiento urbano, 'tapándolas' con un parque 'belle époque' en el muelle, o con una de las más singulares plazas de mercado que en España pueda encontrarse.

Plaza y parque fueron el eslabón que unió la villa histórica con el barrio marinero de Sabugo, donde algunas cosas también tendrían que ir cambiando. Por ejemplo, su vieja iglesia que se levantaba en la plaza de El Carbayo. Una joya del siglo XIII, que se había quedado pequeña para la asistencia masiva de fieles que, por entonces, acudían a los oficios religiosos.

Todo crecía en aquel Avilés de 12.000 habitantes. La calle de La Cámara avanzaba desde El Parche (que de ésta 'coñona' guisa toponímica es conocida la plaza de España en Avilés) deslizándose hacia Sabugo. Por eso, a la hora de pensar donde se construirá un nuevo templo parroquial, se decidió hacerlo en lugar donde había estado un convento, el de La Merced, recién derruido por entonces.

Y, así, con las piedras de un convento levantaron una iglesia, diseñada por Luis Bellido, arquitecto diocesano que también firmó el diseño de la basílica de Covadonga.

Nació de espaldas a su barrio pescador. Y no fue pecado de traición, como puede parecer, si no estrategia de futuro.

Porque la plantaron esperando a una ciudad que crecía hacia ella a toda mecha. Y que después de siglos aparcada en la zona alta de la población, se alargaba hacia el nuevo templo parroquial de Sabugo.

Desde la mañana de aquel sábado, 5 de septiembre de 1903, que se inauguró, ahí sigue luciendo su empaque vertical e inquebrantable, que diría Pedro Garfias.

Muchos visitantes la toman por la catedral de Avilés. Tiene porte y empaque de ello. Es la parroquia de Santo Tomás de Canterbury, que los avilesinos castellanizan como Cantorbery, pero la conocen más como 'la de Sabugo nueva', uno de los símbolos más visibles del cambio que experimentó el Avilés de entre siglos XIX y XX.

Dos torres gemelas de 47 metros de altura, una nave central de 57 metros de longitud por 22,50 metros de anchura, midiendo el crucero 30 metros de ancho y con una altura de bóveda de 19 metros. Así como 45 ventanales de distintos tamaños.

Pero hay una particularidad muy notable en el nuevo edificio religioso. Y es el protagonismo de artistas asturianos en la decoración de los interiores.

El autor de la mayoría de las grandes pinturas y retablos fue el artista y sacerdote Félix Granda Buylla (Pola de Lena, 1868-Madrid, 1954). Y también los restauró terminada la Guerra Civil, cuando la iglesia fue incendiada.

Ahí, también intervinieron la pintora Obdulia García Díaz (Avilés, 1908-1942) o el tallista Horacio Fernández Núñez (San Sebastián, 1909-Avilés, 1980), entre otros. Que, episodio a parte, son las personas -civiles y religiosas- que pasaron por la historia de este templo y aledaños.

Que también tiene otra singularidad inhabitual en un edificio religioso ¿Cuántos exhiben como principal motivo ornamental de su fachada el escudo de su ciudad?

El barco avilesino rompiendo cadenas sevillanas luce entre dos torres adelgazadas hasta la extenuación. Agujas, que son una de las referencias visuales más destacadas en el paisaje local.

El templo, de gran empaque, tenido por catedral, tiene poco más de cien años ¿Y qué es eso en la historia de siglos de esta villa asturiana?

Ya lo dice el tango: que cien años no es nada.

Y aquí menos, porque Avilés es mucho. O casi, como dice el bolero.