22.663 misas y dos amores

El cura de El Coto, Fernando Fueyo, celebra sus bodas de oro con un deseo: «Morirme siendo capellán de Primera»

A. VILLACORTAGIJÓN.
San Nicolás se llenó en el homenaje a Fueyo. ::                             CITOULA/
San Nicolás se llenó en el homenaje a Fueyo. :: CITOULA

Una misa oficiada por Fernando Fueyo es una misa oficiada por un paisano de El Coto, por un sportinguista de raza, que, además, es un cura célebre. Así que en la de ayer, con la que se conmemoraban sus bodas sacerdotales y que puso la iglesia como El Molinón en las mejores tardes, el párroco «del mejor barrio del mundo, con mucha diferencia», y capellán de los rojiblancos de su alma y de su corazón, de sus euforias y cabreos monumentales, echó el resto y demostró lo que ya es sabido: que sus dos grandes amores son El Coto y el Sporting, el Sporting y El Coto. Que si ellos no se entiende a Fernando Fueyo.

En estos cincuenta años de sacerdocio, lleva contabilizadas 22.663 misas a sus espaldas, pero esta era especial, así que juró por Quini, sudó a mares, se dejó besar por decenas de personas, presentó a la veintena de sacerdotes que concelebraban la eucaristía como si se tratase de una alineación de lujo. «Porque aquí tenemos la buena costumbre de presentar a los que se meten en casa, no vaya a ser que se nos cuele algún extraño». Y, sobre todo, dejó claro que sus parroquianos lo quieren, y él a su «familia», y que no tiene ninguna intención de jubilarse a pesar de que el 23 de abril cumplirá 75 años, y pondrá su cargo a disposición del arzobispo.

«No los dejamos»

Una de los primeros disparos desde el área fue, por tanto, para Jorge Fernández Sangrador, vicario general de la Diócesis, «el segundo de abordo» de Sanz Montes, también presente en el altar, a quien le espetó: «Espero que al señor arzobispo y a ti no se os ocurra llevarme a otro sitio a estas alturas del partido ni retirarme».

Y, desde los bancos de los feligreses, cuya afluencia masiva obligó a abrir las puertas del templo, se escuchó: «Que ni lo piensen, porque no los dejamos». El segundo, para el vicerrector del Seminariode Oviedo, Diego Macías, a quien preguntó:

-¿Cuántos alumnos tenéis?

-Once.

-Pues cuando yo estudiaba éramos 45 sólo en un curso.

Y, el tercero, para el teniente de alcalde del Ayuntamiento de Gijón, Rafael Felgueroso, en la fila cero: «No os viene mal rezar un poco».

Ya más tranquilo, el cura nacido «a la orilla del mar, frente a la escalera 3, repasó sus estudios con los 'Baberos' de La Salle, sus viajes en tranvía a El Musel «a pescar panchinos», su ordenación en Comillas, su primera misa en La Milagrosa, su destino como coadjutor en La Felguera, su paso por el Seminario como profesor, desde donde marchó a fundar la misión asturiana en Burundi con su inseparable Ángel Eladio González Quintana, 'Yayo', levantando allí un campo de fútbol que bautizó como 'El Molinín', su etapa como párroco en Trevías y como arcipreste. En resumen, dijo: «Una historia apasionante, que me ha enriquecido como persona y como cura».

O cómo en 1986 la Diócesis le envió «un gran fichaje»: a Marcelino Montoto. Y cómo los dos, «juntos y como una persona, y hasta dedicando algún rato a las partidas de tute y de parchís, pusieron en marcha una impresionante actividad pastoral».

Un parchís y un libro

Tan impresionante que sus colegas de vocación vaticinan que seguirá dando paz muchos años. Un pronóstico que sellaron con dos regalos: un parchís, «por si el Arzobispado comete el error de jubilarlo a los 75», y un libro para «que vaya cogiendo ideas para cuando cumpla los cien, que los cumplirá»: 'El abuelo que saltó por la ventana y se largó'.

El cura de El Coto y del Sporting, una parroquia con la que se siente «casado y bien casado», no defraudó: «No sé si existe la felicidad plena, pero sí sé que he sido y soy muy feliz y aquí quiero seguir, al pie del cañón. En Granada dicen que nos jugábamos siete puntos y perdimos seis, así que no lo perdimos todo. Al menos, el gol average lo tenemos, que a lo mejor nos hace falta. Estoy convencido de que acabaremos entre los mejores y espero morirme siendo capellán de Primera». Aplauso cerrado y comunión.

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