Agustín Argüelles, entre lo divino y lo humano

«Intenté acercarme al personaje para contar esa información y saldar parte de la deuda que con él tenía su concejo natal», afirma el autor La obra de Toni Silva arroja luz sobre este ilustre riosellano

JUAN GARCÍARIBADESELLA.
Toni Silva junto a un retrato de Agustín Argüelles. ::
                             NEL ACEBAL/
Toni Silva junto a un retrato de Agustín Argüelles. :: NEL ACEBAL

Agustín Argüelles tiene nuevo libro. Se titula 'Agustín Argüelles, retrato de un liberal' y ha sido escrito por uno de sus paisanos, el también riosellano Antonio Silva Sastre. Se trata de una nueva biografía basada en el rigor de la investigación que, según Alicia Laspra, una de sus prologuistas, viene a «corregir errores endémicos» del pasado sobre la vida del ilustre político. Entre ellos el de la fecha de su muerte. Según las indagaciones de Toni Silva en prensa de la época y otros documentos oficiales, el estadista decimonónico falleció el 23 de marzo de 1844 y no el 26 como se afirma en muchos escritos y tratados o como aparece en la misma lápida donde está enterrado en Madrid. Además de corregir este tipo de errores, el libro de Silva también abre el camino hacia nuevas investigaciones sobre las andanzas del político por el Reino Unido. Un trabajo que, según el autor, «debería hacerlo otra persona con mayores conocimientos del idioma». «Yo intenté acercarme al personaje para transmitir esa información a todos los riosellanos y saldar así parte de la deuda que con él tenía su concejo natal», explicó.

Un mote vejatorio

Con este libro, Toni Silva también aclara el porqué del sobrenombre de Argüelles. Por qué le llamaron 'El Divino' y por qué ese apodo llegó con tanto vigor hasta nuestros tiempos. Según pudo constatar, nunca se trató de un elogio a su fácil y comprensible oratoria, sino de un «mote con muy mala intención» que le adjudicó el bibliotecario de las Cortes de Cádiz, Bartolomé José Gallardo, «otro liberal, pero de un sector más radical y resentido que se dedicó a ponerle motes a los políticos más destacados de la época». La primera vez que aparece el sobrenombre de 'El Divino' en referencia al político riosellano es en el año 1814, en una revista satírica llamada 'La abeja madrileña'. «Pero con el correr del tiempo, lo que comenzó siendo un insulto vejatorio acabó convirtiéndose en alabanza, hasta el punto de que el teatro de su localidad natal fue bautizado en su día con el nombre de Teatro Divino Argüelles», explicó Toni Silva. No obstante, como conocedor que es de su origen, el autor de la obra ha decidido dejar de utilizarlo por convicción propia.

Descartada la divinidad de Argüelles, queda por resolver otro entuerto relacionado con su aspecto físico. Era un hombre guapo o feo. Las crónicas de la época no le dejan muy bien, «aseguran que no era especialmente agraciado». Sin embargo, Silva cree que «su elevada estatura, sus buenos modales, su cultura y voz melodiosa le hacían una persona atractiva». La pregunta se la hizo en la noche de su presentación la profesora de la Universidad de Oviedo, Alicia Laspra. Ésta dijo que Argüelles «para nada era feo», pero en ningún momento aseguró que fuera guapo. Eso sí, censuró a todos aquellos que a lo largo de estos últimos 200 años hablaron y escribieron sobre la fealdad del ilustre riosellano. «Lo mejor es que las mujeres opinen sobre el físico de Argüelles y ellas digan si era guapo o feo», añadió Alicia Laspra.

Cierto es que los retratos de la época lo muestran como una persona 'nariguda', producto quizás de una enfermedad, ya que el busto existente en Ribadesella lo exhibe con una prominente pero afilada nariz. Un busto que continuará con sus «migraciones urbanas», como también afirma Lorenzo Cordero en su prólogo. Se trasladará a la plaza de la Reina María Cristina, «el mejor sitio posible para este hijo predilecto de la villa», añadió Silva. El busto de Argüelles estuvo en la plaza situada junto al puente de hierro. Desde allí lo trasladaron a La Atalaya, junto a las escuelas. Más tarde lo escondieron, para después aparecer oculto entre los árboles de la Plaza del Ganado. Pasó al vestíbulo de la Casa Consistorial y actualmente se encuentra en la calle que lleva su nombre «flanqueado por un collarín de acero espantoso». A partir de este año ocupará un sitio de honor sobre una peana de piedra similar a la que en su día lo exhibió en la plaza de La Atalaya.