Gotor carga contra el absentismo de los docentes universitarios

«No se puede consentir que haya profesores que, cuando tienen que impartir clase, presenten la baja y, en cuanto no tienen docencia, consigan el alta médica»

AZAHARA VILLACORTAOVIEDO.
Vicente Gotor, flanqueado por Francisco Álvarez-Cascos y Alicia Castro Masaveu en el claustro del Edificio Histórico. ::                             MARIO ROJAS/
Vicente Gotor, flanqueado por Francisco Álvarez-Cascos y Alicia Castro Masaveu en el claustro del Edificio Histórico. :: MARIO ROJAS

En tiempos duros, mano dura contra el absentismo laboral. Ese será uno de los objetivos de Vicente Gotor durante su segundo mandato al frente de la Universidad de Oviedo, tal y como ayer anunció durante su toma de posesión como rector, celebrada en un Paraninfo del Edificio Histórico repleto de autoridades, como ya sucediera hace cuatro años.

«Vamos a poner en marcha la Inspección de Servicios para evitar el absentismo», anunció desde la mesa presidencial, junto al jefe del Ejecutivo regional en funciones, Francisco Álvarez-Cascos. Porque, cargó Gotor, «no se puede consentir que tengamos profesores que, cuando tienen que impartir clases presenten la baja y, en cuanto no tienen docencia, consigan el alta médica. Exigiremos responsabilidades para que esto no ocurra. Ni entre el profesorado, ni entre el personal de administración y servicios».

Le escuchaban atentamente los exrectores de la institución académica, enfrentados en el estrado a responsables políticos como Gabino de Lorenzo, delegado del Gobierno en Asturias; Fernando Goñi, presidente de la Junta General del Principado; Ana Isabel Álvarez, consejera de Educación y Universidades; además de los alcaldes de las tres ciudades con campus y la presidenta del Consejo Social de la Universidad, Alicia Castro Masaveu.

Ante todos ellos confesó la «preocupación» de los rectores españoles «por los recortes anunciados por el ministerio, que pueden hacer que excelentes grupos de investigación formados después de muchos años de trabajo desaparezcan».

Como mal menor, Gotor reclamó que, «si debe haber recortes, deberían limitarse a las infraestructuras. Lo que no podemos consentir es que se ponga en riesgo la continuidad de proyectos de investigación para grupos consolidados y emergentes. Y, en absoluto, la disminución de recursos humanos».

Al futuro Gobierno regional le pidió «estabilidad presupuestaria, un contrato programa que garantice las inversiones necesarias en los próximos años, una mayor inversión en I+D+i, que impulse la cultura emprendedora e innovadora de las empresas asturianas y que apoye la creación de centros e institutos de investigación».

Él, por su parte, se compromete a seguir trabajando en la gran hoja de ruta de la Universidad asturiana: el programa de Campus de Excelencia, que acaba de ser suspendido por el Ejecutivo de Rajoy. Una decisión que no le sorprendió en absoluto: «Más bien la esperaba al comprobar que se cedía a presiones para que todas las universidades consiguieran el sello» de calidad.

Ese plan estratégico incluye, por ejemplo, hacer una apuesta clara por el postgrado y por el doctorado, el impulso de la internacionalización o la transferencia de conocimiento: «Tenemos que conseguir que la sociedad se beneficie de nuestro conocimiento. Y eso se logra con más patentes, más proyectos internacionales y más contratos con empresas. Debemos exigirnos más».

Un país en la encrucijada

Ese fue el mismo mensaje que se esforzó por trasladar el presidente del Principado, Francisco Álvarez-Cascos, que se detuvo en «la encrucijada a la que se enfrenta hoy la Universidad de Oviedo, como parte de la encrucijada que vive el país entero». Una situación que, dijo, «no es fruto del azar, sino que es consecuencia de unos comportamientos del pasado que nunca conviene olvidar». Pero también, añadió, «de los retos que nos ofrece el futuro, a los que no debemos renunciar. Para mantenernos firmes en lo que merece alentadora entereza, como el gran proyecto del Campus de Excelencia, y para ser flexibles en lo que exige adaptación a los tiempos cambiantes».

En toda transición, añadió para avezados lectores entre líneas, «a veces, no hay instante más dinámico ni más fecundo que aquel en que la sociedad hace un alto en su singladura colectiva para reflexionar y rearmarse, antes de reiniciar lo más rápidamente posible un nuevo camino de futuro y de progreso, aunque siempre haya quien proponga la vuelta atrás porque piensa, tan legítima como erróneamente, que cualquier tiempo pasado fue mejor». Y concluyó: «Es ahora, en una encrucijada tan difícil como la actual, cuando la sociedad asturiana necesita de su Universidad».