Culinos por un regreso feliz

Un centenar de emigrantes retornados recuerdan su pasado. «Allí me lo pasé bomba, pero no lo echo de menos»

Ó. CUERVOGIJÓN.
Asistentes al encuentro de emigrantes retornados, en el Tendayu. ::
                             JOAQUÍN BILBAO/
Asistentes al encuentro de emigrantes retornados, en el Tendayu. :: JOAQUÍN BILBAO

Entre anécdotas, sidra y bollos preñaos. Alrededor de 100 emigrantes retornados celebraron ayer en Gijón el día del socio de la Asociación de Emigrantes Españoles Retornados de Asturias (AEERA), una entidad que trata de echar una mano a todos aquellos que, por cosas de la vida, tuvieron que marcharse de su tierra en busca de un futuro mejor y que ahora, en muchos casos jubilados, han decidido volver a casa. «Les ayudan, por ejemplo, con los papeles de la jubilación. Solicitarlos allí -a países europeos en la mayoría de los casos- es un poco complicado para ellos», indicaba José Alex Tamurejo, hijo de un cordobés -Alberto- y una asturiana -Geli- que se conocieron en Bruselas. Allí llegaron siendo unos niños y desarrollaron su vida. «Yo nací y viví allí durante 32 años, hasta hace ocho que volví», explica José Alex.

Una situación similar a la de los padres de José Alex vivió Abascal Iglesias. Jubilado en la actualidad, lleva cerca de 25 años en Gijón después de «otra vida» en Bélgica. «No lo hicimos mal», repasa. Allí, al igual que en esta última etapa en España, regentó un restaurante. «Eso sí, trabajar aquí, frente al mar -durante estas últimas más de dos décadas ha estado al mando del restaurante El Galéon, en la avenida de Rufo Rendueles-, es incomparable. Como aquí no se está en ningún lado», indica.

«Introduje el colesterol»

Otro de los regresados, también de Bélgica, es Pepe Arango. «Me fui con 24 años, después del Ejército. Allí me lo pasé bomba», indica. Durante sus años en el extranjero recorrió el Benelux vendiendo embutidos. «Introduje el colesterol allí», sonríe, aunque aclara: «No lo echo nada de menos, allí ahora no hay tanta juerga».