Cástor, la pasión recuperada de un artista

Un libro desvela los dibujos del avilesino en el campo de concentración de San Marcos

FERNANDO DEL BUSTOAVILÉS.
Autorretrato. ::
                             CÁSTOR/
Autorretrato. :: CÁSTOR

La reciente publicación del libro 'Cárceles y campos de concentración de Castilla y León', por la Fundación 27 de marzo, vinculada a la Unión General de Trabajadores, ha permitido recuperar una parte de la obra del avilesino Cástor González Álvarez, preso durante tres años en San Marcos, cuando el actual parador se convirtió en uno de los campos de concentración más grandes de España. Fallecido hace once años, la música y la pintura fueron las dos grandes pasiones de un artista cuya vida cambió con la Guerra Civil Española.

El libro, coordinado por los historiadores Javier Rodríguez y Enrique Berzal, desvela imágenes inéditas sobre el interior del campo de concentración de San Marcos, donde se ve a Cástor tocando el armonio, sus caricaturas y dibujos de la prisión en la que vivió tras ser condenado en un consejo de guerra al concluir la Guerra Civil.

«Mi padre tenía 23 años cuando, en noviembre de 1936, fue movilizado. Era músico y, al llegar al Casino de Trubia vio un piano y se puso a tocar. Un comandante, 'El Caleyo', le animó a seguir», recuerda hoy en día su hijo, Cástor González Ovies.

Rápidamente, Cástor fue destinado al frente. «A los dos o tres días, preguntaron si alguien sabía hablar por teléfono. Cástor dijo que sí y fue a San Pedro de Nora, para informar sobre los movimientos de tropas», recuerda su hijo.

Posteriormente, fue ascendido a teniente informador. Sus conocimientos de dibujo, le permitían interpretar los planos y dibujarlos para que los jefes de batallón pudiesen interpretarlos, comenta Cástor González Ovies. La Guerra lo llevó a Bilbao y, tras su caída, de regreso a Asturias hasta su captura con el resto del ejército republicano.

«En el consejo de guerra, fue absuelto de un delito de sangre y condenado a tres años en el campo de concentración de San Marcos», explica su hijo. Allí, en unas condiciones inhumanas, el arte que siempre había sido la pasión de Cástor González Álvarez le aportó el aliento necesario para sobrevivir.

Ante todo, artista

Antes de la Guerra, Cástor aparece tocando el violín en una de las primeras películas mudas rodadas en Avilés. La anécdota del Casino de Trubia o la imagen tocando el armonio en el campo de concentración ilustran su pasión musical.

«Sé que llegó a componer. En Autores registró varias obras con letra de Pipo Carreño para el Teatro Argentino, que no tengo localizadas. Emilio Menéndez ha grabado sus canciones», comenta González Ovies.

La pintura fue la segunda de las grandes pasiones del avilesino. «Con un pincel en la mano era feliz. Hacía paisajes, plumillas de Avilés, caricaturas, abstracto... De todo», comenta su hijo.

Las dotes artísticas de Cástor González también se revelan en otras especialidades, como las cajas de puros que talló en San Marcos para enviar a sus padres como recuerdo o la medalla conmemorativa que diseñó y fabricó José García, otro de los prisioneros.

Al terminar su condena, Cástor González Álvarez regresó a Avilés con una carpeta con material gráfico que ahora se convierte en testimonio de esa época de la historia. En Avilés, abrió la librería Cástor en la calle de La Ferrería para seguir cultivando su pasión.

«La librería le permitía subsistir, pero su vida era la música y la pintura», asegura su hijo. Con su familia compartió abundantes recuerdos de San Marcos. «Nunca ocultó los momentos amargos y situaciones duras, pero nunca habló con odio ni negó el saludó a nadie», recuerda su hijo.

Además de las láminas ahora recuperadas, su obra se conserva en diferentes lugares como la Última Cena pintada en la sacristía de San Nicolás o dos murales en las dependencias de la Real Compañía Asturiana de Minas en Arnao. «Todo el mundo habla muy bien de Cástor, que era muy buena persona; pero aún no se ha tenido el reconocimiento que merece su obra como artista», concluye su hijo.