Una cultura particular

El profesor Adolfo García Martínez presentó en el Ateneo Jovellanos 'Los vaqueiros de alzada de Asturias'

ALBERTO PIQUERO
Adolfo García, en el Ateneo. ::
                             J. P./
Adolfo García, en el Ateneo. :: J. P.

La singularidad de los vaqueiros de alzada en Asturias vendría a ponerse en evidencia mediante ejemplos como el que ayer comentaba el autor del libro presentado en el Ateneo Jovellanos, Adolfo García Martínez, profesor de Antropología Social y Cultural de la UNED, referido a un episodio de carácter más o menos anecdótico, pero a la vez muy significativo. Aludía a un capitán de la tropas de Felipe II, de nombre Diego de las Marinas, el cual consideró la posibilidad de castrar a todos los vaqueiros para que se extinguiera su progenie. Desde entonces, ninguna familia vaqueira ha bautizado a un hijo suyo con el nombre de Diego.

Más allá de las curiosidades, García Martínez estableció que «el fenómeno vaqueiro no es unívoco, pues surge a lo largo de doce o trece concejos asturianos, entre las cuencas del Nalón y el Navia, con diferencias y matices entre el Occidente y el Oriente».

Situó ese momento histórico en los finales del siglo XV, con lo que al paso respondía a aquellos estudiosos que alguna vez se han preguntado los motivos por los que antes del siglo XV no había existido persecución de los vaqueiros. La respuesta no podría ser más sencilla: «Antes del siglo XV, los vaqueiros no existían».

¿Cuál fue su origen? Para el profesor Adolfo García, se encontrarían sus raíces en un colectivo que se corresponde con una mención documental histórica a unos «ganaderos del Principado», los cuales podrían proceder de «segundogénitos que se hubieran quedado sin tierras familiares, de mano de obra de los rebaños concejiles o incluso de mano de obra de la nobleza». Nada que ver con las hipótesis que los adscriben a un criterio de raza.

Esa coyuntura obedecería, por otro lado, a «la explosión demográfica que se produjo en toda Europa Occidental en el siglo XVI, lo que favorecería una mayor presión sobre los territorios», entrando en juego la competencia de los diversos grupos sociales.

Los vaqueiros de alzada se irían consolidando a lo largo del siglo XVII, en el que ya constan «sus propiedades de ganado y de recursos importantes». En el XVIII, también introducen su apuesta por la liberación de las gabelas de los cotos señoriales y monásticos mediante pagos a plazos, llegando a convertirse en «concejos aparte».