El cura que nació con Medicus Mundi

El párroco de El Coto, que cumplió el medio siglo de sacerdocio, realizó un recorrido por sus cuatro destinos eclesiásticos Fernando Fueyo recordó en el Colegio de Médicos sus 12 años en Burundi

E. MONTESGIJÓN.
Fernando Fueyo se ríe entre médicos. ::                             J. PAÑEDA/
Fernando Fueyo se ríe entre médicos. :: J. PAÑEDA

Lleva 50 años como sacerdote, desde aquel domingo de 1962 en Comillas, pero en realidad se hizo cura en todos y cada uno de los días de los 12 años que pasó en Burundi. Allí se hizo hombre un Fernando Fueyo que llegó de misionero y volvió como africano. «África es una enfermedad crónica, no se puede quitar nunca de encima», dice aún hoy quien lleva ya 30 años como párroco de San Nicolás de Bari, en el barrio gijonés de El Coto. Y con su retranca, su dulzura y su sonrisa perpetua, este cura singular expuso ayer a un auditorio de médicos su experiencia burundesa con motivo de la celebración de la Virgen del Perpetuo Socorro, patrona de los galenos.

Fueyo dividió en cuatro partes su vida sacerdotal: la etapa en que fue coadjutor en La Felguera, la que dio clases en el Seminario, la que se fue a Burundi y la que está viviendo en El Coto con, ¡cómo no!, anotaciones varias de su entrega como capellán del Sporting. «Son muchos años y atesoro muchas anécdotas, pero en el Colegio de Médicos lo que más se presta es recordar mi etapa en Burundi, en el hospital, y las relaciones que mantuvimos con Medicus Mundi, que nació con nosotros, allí. Además, mis 12 años en Burundi van a ser mi tarjeta de presentación cuando tenga que pasar la frontera definitiva», afirma Fueyo, con el alma, ayer, más africana que gijonesa.

Y recuerda todo. Desde lo nimio a lo emotivo. Desde lo tenso a lo cercano. Porque aquellos años, de 1970 a 1982, fueron duros. Se partía de cero. «Estuvimos totalmente aislados durante más de un año. Fue entonces cuando empezamos a coger Radio Nacional de España. Por aquella nació Radio Exterior de España, logramos sintonizarla y aquella radio no se tocaba no fuera a ser que perdiéramos la conexión», recuerda, divertido, con la mirada puesta en aquellos tiempos y aquellas gentes.

El atentado a Carrero Blanco

«La radio fue muy importante para nosotros. Seguíamos Tablero Deportivo los domingos y gracias a la radio nos enteramos, un tanto confusamente, del atentado a Carrero Blanco, que primero dijeron que había sido a Franco; el secuestro de Quini o el golpe de Estado, que al principio la radio internacional identificó a los que entraron en el Congreso con etarras disfrazados de guardias civiles...», evocó Fernando Fueyo como si todo hubiera sucedido ayer. Como si aquel durísimo aprendizaje del kirundi, «una lengua riquísima, hermosa, pero dificilísima de aprender, palabra a palabra, durante meses y meses, como si fueras un crío» no hubiera sido tan duro.

Pero 12 años más tarde aquello fue lo de menos. Por eso se marchó llorando. Porque «son gente encantadora, generosa, colaboradora, que ayudaron, cada uno en lo que pudo, a levantar el hospital, las cuarenta y tantas escuelas, la cooperativa, la iglesia... Siempre que venían a misa o a la escuela traía cada uno una piedra en la cabeza hasta que llegamos a generar una montaña de material para la construcción. Traían agua del río y arena para hacer los bloques de cemento... Son gente maravillosa».

Y ello a pesar de las limitaciones del país. La primera visita que le hizo su hermano, acompañado por el entonces arzobispo de Oviedo Gabino Díaz Merchán, tuvo historia. El burundés encargado de señalizar la pista de aterrizaje empapó en alcohol y olvidó encender las luces indicadoras, por lo que el vuelo hubo de ser desviado a Congo, país para el que el pasaje no tenía visado. Así que los invitados de Fueyo se vieron rodeados de militares y sin poder salir del avión hasta que volvieron a Burundi. Una experiencia para no volver. Pero volvieron. Porque Fueyo y los burundeses estaban allí.

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