Antonio Suárez, completo en Gijón

Las telas legadas eran uno de los tesoros de la familia, que las utilizaba para representarle en las exposiciones más importantesLa donación del pintor, expuesta desde ayer, redondea su representación en el Museo Jovellanos

PACHÉ MERAYOGIJÓN.
Exposición. Saturnino Noval explica los pormenores de las obras a la alcaldesa de Gijón, que aparece al lado de Rubiera, Lucía Peláez y Pecharromán. ::                             PALOMA UCHA/
Exposición. Saturnino Noval explica los pormenores de las obras a la alcaldesa de Gijón, que aparece al lado de Rubiera, Lucía Peláez y Pecharromán. :: PALOMA UCHA

Son las mejores. Las que hablan más alto y claro del legado pictórico de Antonio Suárez. Las obras que la familia custodiaba para dar fe de su creación más sobresaliente y ambiciosa. De hecho, las telas que desde ayer se pueden contemplar en el Museo de Gijón-Casa Natal de Jovellanos, al que han sido donadas por el propio pintor y sus hijos, «son aquellas con las que se respondía a los grandes acontecimientos expositivos, tanto nacionales como internacionales». Lo contaba ayer, precisamente, uno de esos hijos, Pelayo Suárez, que acudía a la inauguración de la exposición pública de la donación «feliz de que la obra se quede para siempre en esta ciudad».

En ella se podrán contemplar hasta diciembre, ofreciendo una particular visión del momento más reflexivo y revolucionario, incluso «el más fructífero de la obra de Antonio Suárez», en palabras de quien ha documentado cada una de las obras, Saturnino Noval. El tránsito de la figuración a la abstracción, la llegada al informalismo y, como no, el momento en el que, con los otros creadores del grupo El Paso, que cofundó, apuesta por las vanguardias que se estaban empezando a aplaudir en Europa y que en España no habían encontrado aún una puerta de entrada y menos un ligero aplauso.

Con las piezas legadas, seis lienzos de gran formato, ya convertidos en parte de la colección municipal, Antonio Suárez se muestra en la pinacoteca como un pintor completo, representado a lo largo y ancho de toda su rica trayectoria. Y es que este legado redondea su presencia artística, ya que se une a otros muchos y muy importantes realizados anteriormente. El último hace tan solo unos meses transformaba tres piezas trascendentales, de 1959, 1962 y 1972, que estaba en depósito en tres joyas de la corona local. Hoy esos cuadros se exhiben con los seis recién legados, que se parten de 1956 y no llegan a adentrarse en la década de los años sesenta.

Todos ellos con la colección dibujos, la serie de bocetos destinados a su fructífera intervención en estructuras arquitectónicas, las telas que ya habitaban el museo y su archivo personal que ha permitido documentar toda su vida creativa, Antonio Suárez se convierte en el pintor asturiano mejor representado, a excepción de Nicanor Piñole, en las colecciones municipales. Y lo es gracias, como advirtió la directora del Museo Jovellanos, Lucía Peláez, a la existencia de una conciencia social de apoyo a la pinacoteca, que no ha cesado desde su apertura.

«Primero quedó patente en la generosidad de la familia de Jovellanos vendiendo a un precio simbólico la casa natal del ilustrado, después en la donación de Alberto Paquet, que lega el grueso del fondo de pintura asturiana de los siglos XIX y XX con el que nace el museo, más tarde con el legado de Lledó-Suárez, que aporta una gran selección de pintura europea de los siglos XVII y XVIII, y constantemente con colaboración social de los autores, como la que ahora demuestra Antonio Suárez».

En su día, como recordó Peláez, también cedieron obra Amador, Camín y otros muchos creadores de renombre, que han ido enriqueciendo las colecciones y contribuyendo a que el museo se convierta en «un instrumento de desarrollo social y creativo». Las 60.000 personas que pasan por el equipamiento cada año avalan, dijo, esa realidad.

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