Fringílidos: color y sonido

Fringílidos: color y sonido

Los fringílidos son un grupo de aves, familia Fringillidae, con más de 200 especies, repartidas por todo el mundo, sobre todo en Asia y América. En Europa están presentes y bastante extendidas unas 10 especies, casi todas bien conocidas por su vistosidad y por su fantástico canto. Nos referimos a jilgueros, verderones, verdecillos, pinzones, pardillos, lúgano, piquituerto, camachuelos y canarios.

Todas estas especies tienen muchas características en común: tamaño de 12 a 16 centímetros, un fuerte pico cónico, mucho colorido y un canto muy llamativo; se alimentan básicamente de semillas, que se complementa con insectos y orugas; y tienen un modo de volar basado en ondulaciones.

Todos ellos están asociados a campos abiertos, con árboles y arbustos dispersos y en zonas de cultivos. Algunos, como los verdecillos, pinzones y jilgueros son cada vez más frecuentes en parques y jardines de las ciudades. En el entorno periurbano son frecuentes visitantes de los huertos, en busca de semillas de todo tipo y cuando nacen los pollos también buscan orugas y otros insectos.

En nuestro entorno avilesino es fácil poder observar en zonas de cultivos y en la rasa costera bandos numerosos de jilgueros, verderones comunes, pinzones o pardillos, especialmente grandes en invierno.

En época de cría son muy llamativos sus cantos, emitidos normalmente desde ramas altas y bastante visibles. En nuestros parques es muy fácil poder ver y oír a los verdecillos desgañitándose.

Otra curiosidad es la facilidad de los jilgueros para encontrar lugares donde criar dentro de las ciudades, incluso en árboles o setos fuera de los parques. Hace años, por ejemplo, algunos criaban en los cipreses del cierre del edificio de Telefónica en la calle Valdés Salas. Un ejemplo para ver la importancia de evitar las podas de árboles en primavera.En general, su número está en descenso debido al abandono de zonas cultivadas, al uso de pesticidas y la caza abusiva. Algunas de estas especies se están acostumbrando a vivir en los parques, pero otras están teniendo mayores dificultades.

Es bien conocida en España la afición a tener aves canoras en jaulas. Hasta no hace mucho tiempo era muy común en todo el territorio nacional su caza con redes para conseguir ejemplares para enjaular, sobre todo machos. Hoy en día esta práctica está más restringida pero sigue siendo muy común en la franja mediterránea. Para abastecer la demanda de los aficionados las administraciones públicas dan cada año más de 20.000 autorizaciones para capturar alrededor de medio millón de aves. La realidad es que se capturan cada año más de un millón, muchas se mueren, otras son liberadas y el resto se guardan en jaulas.

La Directiva Europea de Aves no permite la captura de ningún ave silvestre, salvo las que sean cinegéticas (aptas para la caza). Cualquier otra especie requiere que cumplan tres condiciones: si no hubiere otra solución satisfactoria, en pequeñas cantidades y permitir la supervisión de las mismas por la Comisión. Los fringílidos no son especies cinegéticas, pero la cuestión es que la captura de fringílidos en España se sigue permitiendo a pesar de que no cumple las condiciones antes mencionadas. En primer lugar porque existen otras soluciones satisfactorias: la cría en cautividad. Además las capturas no son en pequeño número ni hay el debido control sobre la actividad. El Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas ha condenado a Bélgica por dos veces por autorizar la captura de fringílidos. Sin embargo, también en este asunto España está al margen de la ley, haciendo gala de que somos un país con gran tradición de incumplimiento de las directivas ambientales.