El Arco Atlántico arranca con aplausos en cinco lenguas

El asturiano se convirtió en carta de presentación de un acto que fue traducido al castellano, portugués, inglés y francés

EVA MONTESGIJÓN.
Rubiera, autor de la letra de la Obertura, charla con Moriyón. A su derecha, su pareja y Fernando Couto. ::                             CITOULA/
Rubiera, autor de la letra de la Obertura, charla con Moriyón. A su derecha, su pareja y Fernando Couto. :: CITOULA

Muy pocas de las 800 personas que acudieron ayer al Teatro Jovellanos a presenciar el pistoletazo de salida del I Festival del Arco Atlántico sabían que vivirían, en la intrahistoria de esta ciudad, y hasta de esta región, un momento histórico: la utilización del asturiano como lengua vehicular de un acto institucional. No es que Esther Fonseca, la única voz hablada sobre el escenario, reivindicara el bable de forma testimonial, sino que utilizó la lengua que aún pelea por su oficialidad como carta de presentación, como lengua principal, de un acto que fue traducido progresivamente al portugués, al castellano, al inglés y al francés.

Pero nadie se impacientó por entender o no la totalidad de las explicaciones de la presentadora, tal vez porque ya tenían el oído avezado después de quince minutos de escuchar la voz afilada de Inmaculada Laín y las blancas del Conservatorio de Gijón interpretar la obertura en re mayor que levantó tantas ampollas antes siquiera de conocer la primera nota. Pero lo cierto es que gustó. Los aplausos atronaron al final de una interpretación que acabó sonando a himno.

'Asturianos de sidra y tonel, asturianos de mina y carbón, no dexeis de mirar a los barcos de la mar, de la mar de Xixon'. Este estribillo intercalado entre cuatro estrofas, iniciadas todas con 'a la mar', fue calando entre los espectadores, hasta el punto de que en la recta final de los 15 minutos de interpretación orquestal y vocal del Conservatorio de Música de Gijón, el público meneaba la cabeza, siguiendo el ritmo de una pieza a la que Juan Carlos Casimiro había conseguido imprimir una cierta trascendencia. «Con esta pieza he querido pagar una deuda histórica con un estudiante del Conservatorio del que me llegó hace muchos años una obra a la que no presté la debida atención, la que corregí de forma rápida, casi de forma automática. Aquella obra, como ésta, era de Carlos Rubiera», explicó un feliz compositor, que se vio obligado a subir al escenario para saludar y agradecer a la concurrencia tanto aplauso.

Quien no subió fue Carlos Rubiera, el concejal autor de la letra, que con la sonrisa puesta y los ojos enrojecidos, se incrustaba en abrazos con sus más cercanos. «Echó la lágrima», confesó la alcaldesa, cómplice de su compañero de equipo de gobierno, quien arropó a su concejal de Cultura, como buena parte de su grupo municipal, como Fernando Couto, Eva Illán, Lucía García o Manuel Arrieta. «Yo no la había escuchado antes, pero me gustó muchísimo, me impresionó» confesó Carmen Morillón, a quien, sin embargo, lo que de verdad la emocionó fue «ver a por fin al Conservatorio, a todos los críos encima del escenario del Jovellanos. Era un tema pendiente porque se da muy poca visibilidad a lo nuestro». Y, sin embargo, al final es lo que manda. Como cuando las gaitas de Noega irrumpieron en el patio de butacas para reforzar la obertura y los aplausos lo llenaron todo.

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