Mil pelotas para una semifinal

La eliminatoria de la Davis en Gijón pondrá en juego más de un millar de bolas, entre las usadas en los entrenamientos y las de los partidos

SARA GARCÍA ANTÓNGIJÓN.
La Copa Davis tiene su propio modelo de pelota, que se adapta a cada eliminatoria. ::
                             JOAQUÍN BILBAO/
La Copa Davis tiene su propio modelo de pelota, que se adapta a cada eliminatoria. :: JOAQUÍN BILBAO

Con un peso medio que ronda los 57 gramos y un pequeño tamaño -su diámetro no es menor de 6,35 centímetros y no puede superar los 6,67 centímetros- acapara todas las miradas. La bola es la otra protagonista de los partidos de tenis y en la Copa Davis, además, no se utiliza cualquier pelota. La Federación Internacional marca las normas que deben cumplir e incluso su color. En blanco o amarillo -la de Gijón es de esta última tonalidad- sólo el equipo local tiene la potestad de cambiar de modelo de pelota. Wilson es el 'nombre' de las bolas que estos días surcan el cielo de Gijón y botan sobre la tierra batida de la pista ubicada en el parque de los Hermanos Castro. Es la pelota oficial del torneo de la 'ensaladera'.

Una competición que sólo en su etapa gijonesa ha puesto a 'trabajar' a más de mil pelotas. «Se gastan entre quince y veinte cajas y cada caja lleva 72 bolas», explicaba Sergio Pérez en el puesto que Wilson ha instalado en el 'village' comercial junto a la pista. De media, calcula que desde el lunes pasado, cuando empezaron los entrenamientos, hasta mañana domingo, se pondrán en juego más de un millar de bolas: un mínimo de 1.080 y un máximo de 1.440.

Las bolas 'salen' a pista en grupos de seis. Siempre hay esa cantidad en la cancha. Y se cambian cada nueve juegos. Tienen, asimismo, muy claro qué se espera de ellas. Una pelota tipo Davis -dice la reglamentación- ha de tener un rebote mayor de 135 centímetros y menor de 147 al ser arrojada desde 254 metros sobre una superficie dura.

Están diseñadas, además, pensando en que se las tiene que ver muy bien. Tanto, lógicamente, los tenistas como los espectadores. Los que están en las gradas y quienes siguen la competición a través de las televisiones. «Se busca que haya contraste (con la pista) para que se tenga visibilidad», incide Sergio Pérez. Y es que las pelotas, en función del torneo que se dispute y también de la temporada del año que sea, pueden 'mudar' su piel.

La clave está en el fieltro que las recubre. «En el Abierto de Estados Unidos usan un fieltro de alta visibilidad, más brillante», detalla Pérez. La explicación está en las grandes dimensiones de Flushing Meadows y en los horarios nocturnos. «Hay que evitar que se pierda la pelota», remarca Sergio. Para la eliminatoria que se está disputando entre España y Estados Unidos en Gijón se ha pensado especialmente en un factor ambiental: «Está preparada para que no absorba mucha humedad».

Sin puntadas

A ser posible sin costuras -y si las lleva, sin puntadas- las pelotas de la Davis tienen vida más allá de la competición. No se las queda la organización del torneo ni tampoco se las lleva nadie de recuerdo. Lo habitual es que acaben en poder de clubes de tenis de las ciudades en las que se disputa la eliminatoria.

Y a la hora de la verdad, ¿en qué se diferencian estas bolas de las que usan los aficionados al tenis? Pues básicamente en su grado de utilización. Los tenistas de la Davis prácticamente juegan con pelotas nuevas buena parte del partido al estar renovándose constantemente. Y lo habitual es que el aficionado a la raqueta use la misma pelota hasta que se rompe o se pierde. Un tubo con cuatro pelotas oficiales de la Davis se puede encontrar en algunos establecimientos especializados por 6,95 euros.

Junto a las más de mil pelotas que usarán David Ferrer, Nico Almagro, John Isner y Sam Querrey, además de los Bryan, Marc López y Marcel Granollers, ya ayer se empezaron a ver otras en las instalaciones levantadas en el parque de los Hermanos Castro. Se trata de las bolas de merchandising de Wilson. Unas son grandes, como un balón de baloncesto, y otras de tamaño medio. En Wilson calculan que se moverán en torno al millar de estas pelotas, que sirven, básicamente, para que los tenistas estampen su firma en ellas y los aficionados guarden así un recuerdo de la eliminatoria.

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