La asociación APRAMP ve una bajada de edad en el usuario de prostíbulos

La jornada de estudio sobre trata de mujeres celebrada en La Ferrería denuncia «la crueldad y lo difuso» de las mafias que operan en España

RAFA BALBUENAAVILÉS.
Guillermo Martínez, Pilar Varela y Gerardo Herrero, en el acto de apertura de ayer. ::
                             MARIETA/
Guillermo Martínez, Pilar Varela y Gerardo Herrero, en el acto de apertura de ayer. :: MARIETA

La sala de conferencias del Edificio de Servicios Universitarios se llenó ayer con motivo de la jornada de estudio 'Asturias contra la trata'. Celebrada en conmemoración del Día Internacional Contra la Explotación Sexual, el complejo de La Ferrería acogió desde la mañana a la tarde una serie de ponencias y la emisión de dos documentales relativos al tema, además de sendos coloquios sobre una problemática que, lejos de desaparecer, va cambiando de perfil, de características y hasta en la apariencia de sus motivaciones, sin disminuir en crueldad y sordidez. Así se pudo ver en el documental 'Esclavas sexuales en España: ¿Y tú qué miras?' que, desde las doce del mediodía, presentaron los responsables de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituta (APRAMP).

Protagonizado por víctimas reales del tráfico de mujeres, procedentes sobre todo de Europa del Este, África central y América latina, las vejaciones que sufren estas jóvenes incluyen «desde el engaño respecto a un futuro de prosperidad hasta expresiones de pura esclavitud no sólo sexual, sino también económica y social», según refirió en varios momentos del metraje Rocío Mora, una de las coordinadoras de la Asociación.

Esto se materializa «en que el perfil del usuario de prostíbulos ya no es el de un hombre casado de entre 40 y 55 años, como hace una década», sino chicos que rondan los 20 años, que acuden a los clubes «en grupo y como quien va a tomarse una cerveza».

Uno de los más espeluznantes momentos del documental lo encarnan los testimonios de varias mujeres acogidas por APRAMP, expresando que lo habitual en los clientes es ver a la mujer prostituta como «un objeto de satisfacción y anulación equiparable a un mueble» o «un trozo de carne que creen poseer con todo derecho», en palabras de Alba, una joven guineana obligada a ejercer de trabajadora sexual en condiciones «mucho más que humillantes».

No son mejores las vivencias y padecimientos de Blanca, que procedente de Sudamérica relata cómo las mafias «te encierran en sitios donde no ves la luz del sol y te castigan sin comer, beber ni dormir». Sólo pueden esperar «la comprensión de algún cliente que ve que no estás en condiciones de hacer nada», algo que «sucede pocas veces, y cuando pasa siempre acaba con quejas al proxeneta».

Para ella, «esto no tiene más solución que la ayuda a la mujer que sufre esta lacra», porque ve la erradicación como «imposible» y su legalización y normalización como «un despropósito y una atrocidad». Además, las mafias son entidades «muy difusas, llenas de intermediarios que nunca acaban de salir a la luz», aduce Rocío Mora.

El resto de actos del día incluyó la presencia de integrantes de Médicos del Mundo y de la Fundación Amaranta, que representó la obra 'Mar de dudas', más la fiscal de la Audiencia de Pontevedra Susana García Vaquero, que disertó sobre el protocolo marco para la protección a mujeres y niños víctimas de la trata sexual a nivel europeo.