«El cachete es una bomba de relojería»

Tomás Aller Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil «La mayoría de los padres no ven que están ejerciendo un maltrato. Lo hacen con intención educativa»

A. VILLACORTAOVIEDO.
Tomás Aller. ::                             MARIO ROJAS/
Tomás Aller. :: MARIO ROJAS

«Dos de cada diez niños han sufrido algún tipo de violencia sexual». Con ese dato como punto de partida y la alerta de la consejera de Bienestar de que «hay un cierto repunte de los casos de maltrato» vinculados con las dificultades económicas de las familias asturianas, dio ayer comienzo en Oviedo el XI Congreso Internacional de Infancia Maltratada, organizado por la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil (FAPMI-ECPAT) y que cuenta con la presencia de 450 expertos de diez países. Tomás Aller (Valladolid, 1973) es su coordinador.

-¿Hay una tipología de la violencia que se ejerce sobre los menores?

-La mayor parte de las modalidades de maltrato infantil no son físicas. Existe el abuso, la explotación, pero en torno al 80% de los casos tienen que ver con violencia psicológica, maltrato emocional o padres que tienen dificultad para ejercer esa parentalidad. La mayor parte no son exactamente conscientes de que están ejerciendo maltrato. Lo ven más desde una perspectiva educativa: «Hago esto para que el niño se calle».

-¿La frontera entre el cachete y el abuso físico es difusa?

-Cuando los padres recurren al cachete o al azote lo hacen con una intención educativa, de corregir al niño. El problema es que se está empleando una herramienta educativa inadecuada. Debe desterrarse. Una cosa es si se trata de algo esporádico, pero si eso se repite debemos preguntarnos qué es lo que está aprendiendo el niño. Se transmiten pautas educativas que parece que surten efecto en ese momento, pero el niño está aprendiendo algo negativo y eso es lo que va a emplear luego. Es una bomba de relojería. Ahora son niños, pero dejarán de serlo. Y ahí está el maltrato de los menores hacia los padres.

-¿La crisis tiene una vinculación directa con el maltrato?

-Es un factor que hay que tener en cuenta. Está directamente relacionada con algo que estamos empezando a ver: niños, niñas y adolescentes que están siendo prostituidos con el consentimiento de sus padres.

-¿Hay señales claras de que un menor sufre esta lacra?

-Hay indicadores que pueden servir a los padres y educadores para saber que pueden estar ante una situación de maltrato infantil. Por ejemplo, si el niño sufre un cambio brusco en el comportamiento. O trastornos del sueño. Algo está pasando ahí. O también podemos hablar de niños que estaban a gusto con personas adultas y ahora dejan de estarlo. Y, lógicamente, de todas aquellas señales de carácter físico. Automáticamente, deben ser supervisadas por un médico.

-¿Hay un perfil del maltratador?

-Igual que no hay un perfil de víctimas, tampoco hay un perfil de maltratador. Afecta a todas las clases sociales, a todos los perfiles. Y, a medida que avanza la investigación, lo que teníamos claro ya no lo es tanto.

-¿Por ejemplo?

-Siempre teníamos claro que los casos de abuso sexual afectaban mayoritariamente a niñas, pero las cifras empiezan a equipararse. O, en los casos de explotación sexual, siempre se ha pensado que eran los hombres quienes lo hacían y están apareciendo mujeres también. Ahora bien: generalmente, cuando hablamos de maltratadores, hablamos de personas sometidas a estrés y con unas pautas educativas inadecuadas. Padres que, ante un problema conductual de sus hijos, no saben cómo responder y ejercen la violencia. Hay que tener en cuenta también que muchas veces se arrepienten después. Ellos mismos se dan cuenta de sus limitaciones. Y que muchas veces, el maltrato físico es empleado como una estrategia de liberación de la ansiedad personal.