Las colonias de La Vega

Durante la primera mitad del siglo XX se construyeron viviendas, algunas aún en pie, para obreros en las cercanías de la fábrica

La Cooperativa de Armeros construyó la colonia de San Feliz, entre 1921 y 1924, con un diseño de Julio Galán . ::                             MARIO ROJAS/
La Cooperativa de Armeros construyó la colonia de San Feliz, entre 1921 y 1924, con un diseño de Julio Galán . :: MARIO ROJAS

El Consejo de Estado decidió en 1794 que la amenaza francesa ponía en peligro la seguridad nacional y abrió la factoría de Trubia en 1793. Un año después, los armeros comenzaron a trabajar por gremios en sus casas y entregaban el producto en una segunda fábrica, con instalaciones en el Palacio del Duque del Parque, hoy Marqués de San Feliz, en El Fontán. Allí se encontraban las oficinas, almacenes, las habitaciones del director, de los examinadores y guardias. El general Elorza decidió montar una nueva factoría en los terrenos del desamortizado convento de las monjas benedictinas de Santamaría de La Vega. Era 1856.

No hubo en Oviedo, como en Trubia, un verdadero modelo de fábrica poblado con todo tipo de residencias para mandos militares y obreros, iglesia, escuelas, teatro y casino. «En La Vega nunca se hizo mucha promoción de vivienda. Era difícil porque estaba en un ámbito periférico, pero el terreno era caro», explicaba esta semana la profesora de Historia del Arte, María del Mar Díaz González. Aún así, hay excepciones: se encuentran en pie y ocupadas por residentes la colonia de San Feliz, el grupo Santa Bárbara y Brigadier Elorza. Los chalés de La Tenderina se mantienen, pero vacíos. Junto con el propio recinto fabril, cuyo futuro destino es aún una incógnita, son los recuerdos patrimoniales que quedan tras el cese de actividad de la factoría. El miércoles, 30 de octubre, se despidió el último turno de la fábrica de armas de La Vega tras la integración en Trubia. Se acabaron así más de dos siglos de historia.Unos 1.500 obreros trabajaban en 1918. «Hasta el primer cuarto del siglo XX, la fabrica de armas de Oviedo no promocionó directa o indirectamente espacios de habitación para sus operarios», según destaca Díaz González en 'La colonia de San Feliz: un poblado de empresa vinculado a la fábrica de armas de Oviedo', publicado en el boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea) en 1998. Solo vivían en su interior el médico, el cura, un maestro de la fábrica y los oficiales que ocuparon los pabellones.

Los doce chalés paralelos a la avenida de La Tenderina se construyeron de forma jerárquica. El primero, el más cercano al Campo de los Patos, lo ocupada el director. Tiene tres plantas y hasta cancha de ping-pong. «Son increíblemente grandes, tiene unas escaleras de película así como la altura de los techos», señala Bernardo García.

Pero en la actualidad, están muy abandonados. El Ministerio de Defensa, su propietaria, cedió uno a la asociación Aprendemos Asturias, volcada en la atención a niños autistas, en 2011. El futuro uso del resto queda en el aire. La Asociación de Vecinos de La Tenderina y varios grupos políticos los han solicitado en varias ocasiones para usos sociales. Pero sin éxito. Y eso que no faltan ideas: un centro de salud, una guardería infantil.

El primer ejemplo de residencias para obreros fue la colonia de San Feliz, ocho casas pareadas frente a la fábrica, pintadas de granate en la actualidad, construidas gracias a la llamada Ley de Casas Baratas. Para pagarlas, la primera Cooperativa de Obreros Armeros pidió dinero a la Caja Asturiana de Previsión y lo devolvió mediante rentas. Fue Antonio de Sarri y Oller, Marqués de San Feliz, quien les donó un solar de unos 3.500 metros cuadrados. De ahí que le dieran su nombre a estas casas pareadas diseñadas por el arquitecto Julio Galán.

Según recoge el Catálogo Urbanístico del Concejo, la primera licencia para construir una se solicita en noviembre de 1921. «A continuación, el 13 de enero de 1922, se tramita el permiso para levantar las siete piezas restantes». Quedaron inauguradas en 1924. A los que se construyeron, hay que restar uno. Se demolió para construir un tanatorio dependiente de las instalaciones de la Cruz Roja, pero la oposición vecinal frenó este proyecto, quedando el espacio para aparcamiento de ambulancias y vehículos del centro sanitario. De los que quedan en pie, según figura en el documento, «el sistema de conservación es muy desigual, encontrándose en algunos casos cercanos a la ruina y en otros en buen estado».

Además de estas viviendas, aún quedan en pie otras dos manzanas mayores. Díaz González señalaba en 1998 que «mediante cooperativa se levantó la Colonia La Nueva (1926), treinta casas unifamiliares, adosadas de las que quedan todavía algunos ejemplos cerca del antiguo Seminario Conciliador de La Vega».

El grupo del Brigadier Elorza, con 42 viviendas construidas entre 1926 y 1929, era, en cambio, de promoción interna. La primera piedra la puso el entonces Príncipe de Asturias, señala García.

El Grupo Santa Bárbara (de 1955 y ubicado en el número 13 de la calle Reyes Católicos) acoge otras 160, y completan dichas promociones. Ambas están situadas en Teatinos y Defensa se ha ido deshaciendo de su propiedad mediante la venta a sus inquilinos. Este último conjunto, catalogado, está «en un estado de conservación deficiente en general, derivado en gran medida de la pobre calidad de la edificación».

De lo que no queda nada es de la Escuela del Ave-María, construida en 1916 en las cercanías del actual polideportivo de Azcárraga y que funcionó hasta 1972. Allí acudieron en sus inicios un centenar de niños pobres, entre los que se encontraban hijos de obreros de La Vega, antes de pasar a la Escuela de Aprendices, abierta en 1910.

Ahora queda resolver algo más importante: el futuro del recinto fabril sobre el que se construyeron.