«Tengo dos euros en la cuenta y dos nietos a mi cargo»

«He pensado muchas veces en suicidarme, porque vivir así no es vivir», cuenta Palmira

A. VILLACORTAGIJÓN.
Palmira Concepción Alves, de espaldas, de la mano de Isabel Ferrer. ::                             JO AQUÍN BILBAO/
Palmira Concepción Alves, de espaldas, de la mano de Isabel Ferrer. :: JO AQUÍN BILBAO

«Lo que tiene Palmira encima es mucho, mucho», avisa Isabel Ferrer, al frente Asociación de Voluntariado Vicenciano de Gijón, las mujeres que esta mañana se afanan en repartir alimentos de primera necesidad en el número 70 de la calle Ezcurdia cuando llega Palmira Concepción Alves con 2,14 euros en la cuenta del banco y dos nietos de ocho y siete años a su cargo. Y estamos a mitad de mes.

55 años, dos euros, dos nietos, cinco hijos (dos de ellos con parálisis cerebral) y «un marido alcohólico, que saca de casa más ingresos de los que mete», por si la advertencia de lo que tiene encima Palmira no hubiese sido suficiente.

Así que esta mujer que también tiene miedo a que la reconozcan porque pueda afectarle a los pequeños, que muchas mañanas no puede con el alma en «el piso de VIPASA» en Roces en el que se hace cargo de los cinco con unos ingresos que rondan los 530 euros, de los que tiene que sacar para lo posible y lo imposible, llora mientras carga el carrito de la compra con botellas de aceite y cartones de leche, galletas y arroz. Porque, hasta el mes próximo, no habrá más.

«He pensado muchas veces en suicidarme, porque vivir así no es vivir, pero no lo hago, por mis dos nietos», reconoce esta luchadora que una vez estuvo empleada «como limpiadora en Cabueñes».

«Estuve trabajando toda la vida, en casas, planchando... Hasta que caí enferma y ya no pude más». Y uno ya no acierta a saber si fue primero la vida o la enfermedad. La diabetes y la depresión o el «ir todo el día corriendo». Recogiendo a sus nietos en el cole y a su hijo «cuando sale de Castiello, porque la otra está interna en el Centro de Discapacitados de Cabueñes».

«Es una heroína, pero de las de la vida real», dicen las voluntarias, que tienen un trabajo ingente en el ropero del que Palmira también echa mano cuando se le acumulan «los gastos del agua, la comida» y los playeros de los guajes, que se rompen, o las sábanas. «Siempre corriendo».

Y a todo esto llegó la crisis. Y, por si Palmira tuviera poco, las ventanas de la casa están «destrozadas» y «la solicitud de cambiar la bañera por un plato de ducha llegó denegada». De la dependencia no hablamos. «Y han avisado de que le van a cortar la luz».