Una mancha en la memoria

La marea negra del 'Prestige' llegó el 5 de diciembre de 2002 a la costa de la comarca

CRISTINA DEL RÍOAVILÉS.
Soldados de Cabo Noval limpian el Puerto Llampero, junto al Molín del Puerto. ::                             MARIETA/
Soldados de Cabo Noval limpian el Puerto Llampero, junto al Molín del Puerto. :: MARIETA

Hay fechas que no se olvidan y nombres que son difíciles de borrar de la memoria colectiva. El desastre ecológico provocado por el naufragio del buque petrolero 'Prestige' el 19 de noviembre de 2002 responden a esta definición. 63.000 de las 70.000 toneladas que portaba fueron a parar al mar, afectando a toda la costa gallega y al litoral cantábrico. Las primeras manchas llegaron el día 5 de diciembre y, según cifras de la Delegación del Gobierno, fueron catorce las playas afectadas, tres en Cudillero, dos en Castrillón, tres de Gozón, una en Carreño, dos en Gijón, dos en Villaviciosa y una de Ribadesella. Al día siguiente, el viernes 6, el número de arenales afectados en toda Asturias ascendió a 42. El sábado ya alcanzaba los 75.

Fue la crónica de un desastre anunciado después de seis días de valoraciones, indecisión y controversias entre las distintas administraciones implicadas, principalmente el Gobierno central y el Ayuntamiento de La Coruña, ambas gobernadas por partidos de distinto signo político. Las principales opciones para minimizar los efectos de un inminente vertido sobre la costa española pasaban por resguardar el navío de transporte al abrigo de un puerto o alejarlo de la costa y dejarlo, a él y su carga, a merced de las corrientes. La decisión final, la de alejar el barco, fue adoptada por el entonces director general de la Marina Mercante, José Luis López Sors, quien, precisamente, ha testificado esta semana en el juicio para depurar responsabilidades por la catástrofe del 'Prestige'. Un juicio que se celebra diez años después del vertido y que, tras la toma de declaraciones a los acusados, se retomará el próximo 11 de diciembre.

Una vez que el petrolero monocasco liberiano con bandera de Bahamas y gestionado por una empresa griega se partió en dos frente a Galicia era solo cuestión de días que el fuel llegase a la costa asturiana. Las primeras manchas se avistaron el 5 de diciembre de 2002. La espontánea solidaridad de los asturianos se convirtió en marea al día siguiente, festividad de la Constitución. La curiosidad inicial que arrastró a las playas de la comarca a centenares de avilesinos que querían comprobar 'in situ' los efectos del derrame se transformó en colaboración activa prácticamente al momento. El pesar y desánimo invadieron a unos usuarios que se resistieron a permanecer de brazos cruzados.

El puente de la Constitución permitió la colaboración desinteresada de muchos que conforme se fueron incorporando a la rutina laboral dejaron el trabajo a los operarios de la empresa Tragsa que, desde entonces, se dedicaron en exclusiva a la limpieza de los arenales.

Solo el primer día se contabilizó la recogida de una tonelada y media de fuel en el litoral de la comarca y provocó la movilización de un millar de efectivos, principalmente del ejército.

Transcurría el mes de junio de 2003 y el mar seguía escupiendo galipote a las playas asturianas. Sumaba ya 728 toneladas. Ante la previsión de que las 'galletas' de fuel del petrolero siguieran llegando todo el verano, la comisión encargada de la gestión de la catástrofe acordó destinar cuatro mil efectivos a la limpieza de la costa gallega y cantábrica, 800 de ellos a Asturias.

Los trabajos de limpieza y recogida se alargaron hasta el final del verano, con los trabajadores de mono blanco entre paseantes y bañistas recogiendo los ya cada vez menos habituales restos de galipote que llegaban a la orilla.

Diez años después puede celebrarse que la catástrofe del 'Prestige' es solo un mal recuerdo.

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