«Sin investigación ni empresas, la estación marina no tiene sentido»

Manuel Rico, ideólogo del primer proyecto de energía del Campus de Excelencia, critica con dureza la gestión que se hizo de la propuesta

EVA MONTESGIJÓN.
Manuel Rico. ::                             JOAQUÍN PAÑEDA/
Manuel Rico. :: JOAQUÍN PAÑEDA

Si alguien conoce bien el proyecto que concibió la Universidad de Oviedo sobre la generación de energía marina, ése es Manuel Rico, catedrático de Ingeniería Electrónica y gestor de los primeros pasos del Campus de Excelencia Internacional en este área. Y también es el investigador más crítico sobre la manera de gestionar la iniciativa académica que obtuvo el sello. Pero, como la vicerrectora de Campus de Excelencia, Manuel Rico manifiesta su «tristeza» al comprobar que «todo el mundo parece identificar el sello de excelencia con el laboratorio marino de investigación, y era, realmente, lo menos importante. El laboratorio marino sin nada detrás no tiene sentido. ¿Cómo vamos a montar una instalación en el mar sin grupos de investigación trabajando en estos temas, sin empresas detrás, con los gastos que ello conlleva? El verdadero reto que teníamos que afrontar era ése y no lo hicimos».

Cuando habla de «algo detrás», el ideólogo del proyecto se refiere a partir de dentro de la Universidad hacia fuera: generar grupos de investigación, que promovieran proyectos y produjeran actividad económica. «La concesión del sello de Campus de Excelencia nos hubiera permitido impulsar una especialización en el área de energía, en el que mucha gente en la Universidad y fuera de ella hubiera podido participar. Por decir algo, con solo un millón de euros se pueden poner en marcha 20 proyectos de 50.000 euros, en los que pueden participar muchos grupos de trabajo de la Universidad. Hubiera sido la semilla de todo lo demás».

Manuel Rico fue uno de los redactores del proyecto inicial que obtuvo el sello de excelencia, pero un enfrentamiento con el entonces vicerrector de Investigación, Santiago García Granda, forzó su salida del grupo de trabajo y con ella derivó el enfoque del proyecto, que pasó de ser más universitario a más social. «Sin grupos de investigación, sin empresas, nada de esto tiene sentido», se lamenta, mientras augura que el País Vasco, «que empezó mucho más tarde que nosotros, tienen el tema muy encarrilado a través del BIMEP, su laboratorio marino de investigación. Están pensando en un máster de energías renovables y las empresas participan en el Round 3 inglés. Ellos sí van a saber subirse a este tren».

Conviene Manolo Rico que «lo triste» es que en Asturias hay empresas de sector metal metiéndose en estos temas, como IDESA, el Grupo SEM o Daniel Alonso. «No sé qué dirán las empresas, pero me temo que las expectativas que hemos generado las hemos defraudado. Ahora ya no tiene remedio. Tuvimos una oportunidad y no estuvimos a la altura», señala, al tiempo que lanza una andanada contra «el sistema de funcionamiento de la Universidad, donde todo se reduce a comprar equipamientos estratosféricos sin ningún tipo de planificación».

Y como ejemplo pone la adquisición de las dos boyas situadas en Bustio y Peñas. «Costaron 250.000 euros, con un seguro semestral de 16.000 euros. ¿Y para qué quiere la Universidad unas boyas que no son útiles ni para los biólogos? Lo que queda ahora es la consecuencia del desastre», concluye el catedrático.

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