Un hombre de 50 años fallece calcinado al incendiarse su vivienda en Corigos de Aller

Los Bomberos hallan el cuerpo de Julio César García Álvarez tras más de cinco horas de labores de extinción. La casa alcanzó los 1.000 grados de temperatura

ALEJANDRO FUENTECORIGOS DE ALLER.
Los bomberos proceden a rebajar la altísima temperatura que aún tenían los restos de la casa aún después de apagar el fuego. ::                             J. M. PARDO/
Los bomberos proceden a rebajar la altísima temperatura que aún tenían los restos de la casa aún después de apagar el fuego. :: J. M. PARDO

Se daban las circunstancias para que la vivienda se convirtiera «en un auténtico horno, con temperaturas superiores a los 1.000 grados», informaba ayer el jefe de la zona centro de Bomberos de Asturias, José Antonio Rodríguez. Y es que la casa ubicada en el pueblo de Corigos (Aller), de dos pisos, había sido construida sobre una estructura de madera que, junto con los muebles y enseres del interior, facilitó que ardiera como una enorme cerilla. El fuego se declaró pasadas las ocho y media de la mañana. A las dos de la tarde, y tras una intensa labor de extinción, se encontraban los restos de una persona completamente calcinada. Todas las hipótesis apuntan a que se trata del propietario del inmueble, Julio César García Álvarez, de 50 años de edad, quien se encontraba solo en el interior. El cuerpo fue trasladado ya de tarde a Oviedo para hacerle la correspondiente autopsia que certifique tanto la causa del fallecimiento como su identidad.

El primero en dar el aviso de las llamas fue el conductor de una ambulancia que pasaba por el corredor del Aller (la carretera regional AS-112) con una urgencia. Poco después, llegaba a la vivienda una pareja de agentes de la Guardia Civil de Cabañaquinta. A pesar de las intensas llamaradas, uno de ellos entró a la casa para intentar salvar a quien estuviera dentro; el intenso humo -cuya columna podía divisarse desde lejos- lo obligó a salir. Poco después llegaron dotaciones de Bomberos de Asturias de Mieres, Proaza y de La Morgal. Las labores de extinción se dieron por concluídas a las 18.30 horas.

Tensa espera de la familia

La víctima vivía sola en la casa. La familia, que se desplazó hasta el lugar del siniestro, todavía guardaba esperanzas de que Julio César no se encontrara en su interior. No estaba casado, no tenía hijos y su madre, quien había fijado su residencia en Francia, había fallecido hace un año. Uno de los primeros en llegar fue un primo, Julio García Álvarez, taxista en Moreda: «Suele pasar temporadas fuera de casa pero están los dos coches junto a la vivienda», explicó. Poco a poco iban llegando más familiares, tíos y primos que residen cerca de Corigos y en Oviedo, a esperar nuevas sobre el paradero de Julio César.

Pero la trágica noticia llegó pasadas las dos de la tarde; tras el intenso operativo de extinción, en el que los camiones autobomba tenían que ir hasta Moreda para cargar agua del río a falta de bocas en la localidad, y tras la retirada de los escombros con la ayuda de una excavadora (la estructura del inmueble se vino entera abajo al calcinarse las vigas de madera), se encuentró un cuerpo. Se cree que Julio César estaba dormido en su dormitorio del segundo piso. La familia indicaba que se encontraba recibiendo un tratamiento médico con pastillas para conciliar el sueño. El cuerpo fue encontrado en la parte baja de la vivienda, junto a la puerta de lo que era un antiguo bar. Miembros de la familia, ya con las pocas esperanzas rotas, se acercaban a la casa con lágrimas en los ojos. A las tres de la tarde llegó la forense y a las 15.40 horas se procedió al levantamiento del cadáver. Hasta el lugar se desplazó también una unidad de la Policía Judicial de la Benemérita para determinar las causas del siniestro. Los primeros indicios apuntan a que las llamas podían haberse generado en la cocina, en la planta baja.

Agentes de la Guardia Civil de Tráfico y de la Policía Local también tuvieron un arduo trabajo para distribuir el ingente volumen de tráfico que, por la mañana y a través de la citada carretera, se dirigía a las estaciones de esquí de Fuentes de Invierno y San Isidro. Y es que los camiones de los Bomberos ocupaban un carril (incluso, en ocasiones, toda la calzada) lo que provocó retenciones de coches que llegaban hasta Moreda.