La población de Roces pasa de 3.100 vecinos a 7.500 en solo cinco años

Nuevo Roces, donde se prevé que puedan llegar a vivir unas 10.000 personas, impulsa el crecimiento del barrio

OLGA ESTEBANGIJÓN.
Vecinos de Nuevo Roces, en una de las terrazas de hostelería abiertas en la zona. ::                             PALOMA UCHA/
Vecinos de Nuevo Roces, en una de las terrazas de hostelería abiertas en la zona. :: PALOMA UCHA

La población de Roces es hoy más del doble que hace cinco años. El barrio y la parroquia sumaban el 1 de enero de 2008 un total de 3.162 vecinos. A finales de 2012 la cifra es ya de 7.526. Notable incremento que tiene un nombre: Nuevo Roces. La urbanización que durante varios años ha tirado del sector de la construcción en la ciudad ha provocado también que sea la única zona que gana vecinos cuando el resto de la ciudad los pierde. Los datos del censo municipal, adelantados ayer por EL COMERCIO, indican que en solo un año Roces ha sumado un millar de personas. Es fácil suponer que si no todas al menos la mayoría se han mudado a ese barrio surgido en los 900.000 metros cuadrados situados entre la autovía minera, la ronda Sur y la carretera Carbonera.

Hace poco más de dos años, una veintena de familias fueron las pioneras. Ocuparon sus nuevos pisos en los dos primeros bloques que se levantaron en un área que en ese momento aún estaba en construcción. Y lo sigue estando a día de hoy. Es complicado saber cuánta gente vive ahora mismo allí. Xicu Rosado, presidente de la asociación de vecinos, hace sus propios cálculos. Las previsiones eran que, cuando Nuevo Roces estuviera completamente desarrollado, en sus 3.700 pisos vivirían unas 10.000 personas. «El barrio ahora puede estar al 30%», aventura el portavoz vecinal. Eso supondría unos 3.000 habitantes.

Unos vecinos que responden al perfil de familias jóvenes sin hijos o con hijos pequeños. Para ellos ya está en construcción la prometida escuela de 0 a 3 años del barrio, uno de los servicios más demandados y que estará finalizada entre abril y mayo. De hecho, el centro educativo es una de las pocas obras en marcha en el área. Tras años de frenética actividad, las grúas han parado. En el último año no se ha comenzado ningún edificio nuevo, sólo se han ido finalizando. Y en eso están todavía algunas promotoras. Son pocas las que tienen previsto arrancar nuevos proyectos.

Y ese es uno de los inconvenientes de vivir en la zona más nueva de la ciudad. Que aún hay que convivir con solares, grúas y casetas de obras. Lo cuenta Rosado. Barro en los días de lluvia. Polvo en los de calor. Son las consecuencias de tener muchísimos solares sin desarrollar. Para ellos exigen los vecinos un adecuado mantenimiento. «Algunos se han convertido en almacenes. Aquí se ven cosas que no se permitirían en el centro de la ciudad», lamenta el portavoz vecinal.

Estrenaron piso y barrio. Y deben ir haciendo lo propio con los nuevos servicios. Pero poco a poco. «Demasiado despacio», protestan. Les costó conseguir una línea de autobús. Ahora tienen el 15, pero no les parece suficiente. Han pedido que la 16 se desvíe para llegar hasta la rotonda de Leroy Merlin. También han logrado la adecuación de un acceso peatonal, ahora en obras. Pero avanzan que quedarán muchas cosas por cambiar en el futuro. Como los accesos rodados, «insuficientes para todos los coches que habrá cuando esto esté desarrollado».

Por el momento, ya van teniendo comercios y bares. E incluso una peluquería canina. Y una clínica dental. Si hasta hace poco los vecinos se quejaban de que para comprar una bolsa de pipas tenían que coger el coche, ya no es necesario. Los empresarios apostaron fuerte por el barrio. En hostelería, quizás demasiado. Cuenta Rosado que ya se han traspasado al menos dos bares. Eso, y que en los últimos seis meses no ha abierto sus puertas ningún negocio nuevo. Son los inconvenientes de haber sido pioneros y de haberse cruzado en el camino con la profunda crisis y el parón de la construcción. «Es la zona más nueva de Gijón, pero hay gente que lleva aquí dos años y medio. Esto tendría que ir madurando, pero va demasiado lento».