«En Justicia habría que analizar los casos más cara a cara sin tanto formalismo»

«Ni los profesores ni los alumnos de la Universidad están preparados para el Plan Bolonia» Eduardo Estrada Abogado distinguido con la Cruz de San Raimundo de Peñafort

IDOYA REYOVIEDO.
Eduardo Estrada en su despacho de la calle Arquitecto Reguera ::                             JESÚS DÍAZ/
Eduardo Estrada en su despacho de la calle Arquitecto Reguera :: JESÚS DÍAZ

Eduardo Estrada Alonso lleva tres década compaginando el ejercicio de la abogacía con su tarea docente en la Universidad y su labor investigadora con unas cuantas publicaciones en su haber. Una versatilidad que acaba de ser reconocida con la Cruz Distinguida de Primera Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort, algo que recibe con humildad. Es su hijo Santiago, desde hace tres años en el despacho Estrada y Azcona, quien promociona los logros de su padre. «El que manda ahora es él, es mi relaciones públicas», bromea. Aunque algo hay de cierto, porque Estrada padre es más feliz en su despacho leyendo y escribiendo sobre Derecho que en eventos de la vida social ovetense.

-¿Cómo ha recibido el reconocimiento de la Orden de San Raimundo de Peñafort?

-Me cuestan bastante estos procesos. Es un orgullo y una satisfacción, pero a la vez uno no es tan necio como para pensar que lo merece, sino que es una coincidencia de afectos de mucha gente que casi me satisface más. Me propuso el decanato de la facultad de Derecho, Benjamín Rivaya.

-¿Por qué cree que se la han concedido?

-Problablemente haya muchos abogados con más o iguales méritos. Lo que pasa que en mí coincide el ámbito universitario que te obliga a publicar libros jurídicos y te amplía los méritos.

-Su padre, Luis Estrada, era un conocido médico de la ciudad ¿no le tentó seguir sus pasos?

-Mi padre insistió bastante en que hiciera Medicina, pero doy gracias a Dios por haber cambiado. Cada vez que me acerco a un hospital me doy cuenta de la vida que llevó mi padre, de la responsabilidad y de la mala vida, porque el ambiente de la Seguridad Social era duro y sigue siendo muy duro. Tengo verdadera admiración a la figura de mi padre, me pesa más de lo que hubiera imaginado. Era una persona de mucha categoría personal, totalmente entregado a los enfermos.

-Insistió en que fuera médico, pero no hubo forma...

-De ninguna manera. La vocación de Derecho me viene por una asignatura que había en C.O.U. Fue el profesor, Jaime Alberti, quien nos metió el gusanillo. También lo estudié por descarte de las Ciencias Matemáticas, que no me gustaban nada. En el Derecho encontré una especie de refugio en el que yo me encontraba bien. Es una forma de razonar que va con mi carácter.

-¿Alguna vez ha tenido alguna crisis en esa relación idílica con el Derecho?

-Cuando se llega al ejercicio profesional hay una crisis porque no sabes por dónde tirar. Se te abre el mundo de las oposiciones que es muy atractivo, pero no todo el mundo tiene la mentalidad del opositor. Yo enseguida me di cuenta de que tenía la mentalidad del investigador, de quien escribe y razona sobre Derecho.

-Pero no se dedicó únicamente a la investigación...

-Si hubiese tenido un maestro que hubiese apostado por mi, que me hubiese mandado fuera y me hubiese hecho su discípulo hubiese apostado mucho más por la Universidad, pero en aquellos años nadie te garantizaba eso. Entendí que tenía la necesidad de abrirme a otros mundos. Era mucho riesgo. Aunque estoy muy agradecido a Eduardo Serrano que dirigió mi tesis doctoral.

-¿Dónde comenzó con el ejercicio profesional?

-Estuve un mes de pasante con el padre de José Carlos Botas. Y luego, tres meses en un despacho de un tío mío, que acaba de fallecer, en La Coruña. Era una persona entrañable y era el decano de los procuradores de Galicia. Yo creí que iba a estar unos días y me quedé tres meses porque con el procurador se ven en carne y hueso todos los autos.

-¿Y de ahí se lanzó con su propio despacho?

-Un mes de pasante y me instalé por mi cuenta, con mi mujer María Victoria Azcona, la procuradora del despacho. Éramos todos unos suicidas. Mi generación aprendió así. Yo envidio a la gente que hizo la escuela de practica jurídica, antes de empezar, porque no se puede jugar con el patrimonio y la vida de las personas, es delicado. Esta profesión es complicada. Si metes la pata tú aprendes, pero las consecuencias son tremendas.

-¿Con que se quedaría ahora, con el ejercicio profesional o con la Universidad?

-Ganando lo mismo, me quedaría con la Universidad. Estar encerrado entre cuatro paredes leyendo Derecho y escribiendo me parece la mejor fórmula para vivir. Además, las relaciones interpersonales en la universidad han mejorado mucho. Antes entrabas como en una especie de sacerdocio, en el que había que dar pleitesía al catedrático para que te sacasen adelante. Situaciones que hoy en día son impensables

-¿Incluso con el Plan Bolonia?

-No estamos preparados para el Plan Bolonia. Quieren que enseñemos a los alumnos competencias y habilidades profesionales, pero la mayoría de los profesores no están en la sociedad ejerciendo una profesión. Se han reducido los contenidos haciendo las licenciaturas más sencillas, pero los alumnos tampoco reciben los contenidos prácticos. Y los alumnos tampoco quieren asumir la responsabilidad de estudiar por su cuenta, leen como mucho unos apuntes y con eso no basta.

-Usted dirigió la Escuela de Práctica Jurídica que también ha cambiado...

-La Escuela de Práctica Jurídica funcionaba muy bien y ha sufrido un cambio que a mi me preocupa. La ha asumido la Universidad como máster, en cuya batalla yo participé y soy uno de los máximos responsables. Defendía que tenía que ir de la mano del Ministerio de Educación, pero me parece que se han equivocado. Establecen un máster donde exigen un número mayoritario de profesores universitarios y deberían ser gente que ejerza.

-¿En qué materia se ha especializado?

-En provincias es muy difícil encasillarte en una materia concreta. Tienes que estar abierto. Por ejemplo, aquí tengo abogados expertos en derecho fiscal, laboral, contable. En mi despacho de Madrid trabajan también colaboradores de diferentes especialidades.

-¿Algún caso especial?

-Muchos, quizás el que más repercusión tuvo fue el de una funcionaria del registro que toda la vida estuvo atormentada por su marido. Se habían separado de hecho. Esta chica tuvo un accidente de circulación y quedó incapaz. Nos encontramos con que los tutores de los incapaces no podían ejercitar las acciones personalísimas como la separación y el divorcio, de tal manera que estaba condenada a estar casada con este hombre toda su vida. Fui hasta el Constitucional para que se cambiara. Es la primera sentencia que cambió la jurisprudencia. Conseguimos que pudiese divorciarse y nombrar a un tutor distinto a aquel aparente marido, que también apareció queriendo ser el tutor para gestionarle el patrimonio. Fue una satisfacción personal.

-¿Cree que el cambio de las tasas va a afectar mucho a la Justicia?

-Con las tasas, la gente ya no se va arriesgar de la misma manera a iniciar procedimientos. Tiene alguna parte favorable y alguna otra desfavorable, creo que la mejor opción era penalizar con tasas los procedimientos que se presentan de forma abusiva, lo que se presenta por presentar o por aplazar. Va a causar problemas de falta de tutela efectiva a algunas personas, quizás en menos de los que se dice, pero en cualquier caso llamativos e injustos.

-¿Contribuye a la ya de por sí deteriorada imagen de la justicia?

-La imagen de la Justicia está muy deteriorada. Lo noto en mis propias carnes. Entrar en los juzgados no es agradable. No es tan malo como entrar en un quirófano, pero... Hay demasiados formalismos, demasiada picaresca para tratar los asuntos con claridad, muchas veces los asuntos se pierden por cosas que no puedes ni explicar. Creo que es un problema de falta de jueces. Habría que analizar los asuntos mucho más cara a cara, menos formalismos y trámites escritos y procedimientos más domésticos y ordinarios.

-Para eso haría falta unos juzgados unificados...

-Tener un buen Palacio de Justicia sería ideal, pero creo que la situación económica ha aplazado esa posibilidad. Hemos perdido el tren porque son todo apaños de querer ir al Centro Cívico. Sería muy importante, ahora los juzgados son pequeños e incomodos. Da envidia ir por España a otros juzgados. Las obras faraónicas no creo que vayan a volver en muchos años.