«En Tremañes nos sentimos incomunicados»

«Lo más importante para mí sería soterrar las vías, ya que tres pasan por aquí. Ellas, al igual que las autovías, dividen los núcleos urbanos» Cándido Viñas. Párroco de la iglesia de San Juan Bautista de Tremañes

Ó. CUERVOGIJÓN.
El sacerdote Cándido Viñas, en el parque que lleva su nombre. ::                             CITOULA/
El sacerdote Cándido Viñas, en el parque que lleva su nombre. :: CITOULA

Cuarenta años viviendo en un lugar sirven para, con el paso del tiempo, analizar los cambios sufridos por la zona en la que se reside. Algo similar puede hacer Cándido Viñas (Villagarcía de Campos, Valladolid, 1934), quien ha pasado media vida en Tremañes, un barrio al que lleva vinculado desde la década de los 70. Ahora, después de años de sacrificio y trabajo, los vecinos han decidido que es hora de darle un homenaje. De ahí la solicitud de una calle o un parque para su párroco. Algo a lo que, finalmente, el Ayuntamiento accedió. A partir de hoy, su nombre permanecerá en una zona verde situada entre la avenida de la Economía Social y el camín de Lloreda.

-Al final ha llegado el día. ¿Cómo se siente?

-Muy feliz y muy agradecido, aunque también me da un poco de vergüenza recibir esta distinción. Creo que también ha habido más personas que yo que trabajaron duro por la mejora de Tremañes. De todas formas, viniendo de los vecinos, es algo que acepto con muchísima alegría.

-¿Por qué cree que lo hacen?

-(Ríe). ¡Pues habrá que preguntárselo a ellos! Habría que preguntárselo a ellos. La verdad es que no lo sé, quizá sea un premio por el trabajo que he hecho durante estos años.

-Dicen que su labor ha sido muy importante para la mejora de las infraestructuras del barrio.

-Pues puede ser. Llevo vinculado al barrio desde que llegué, en los 70, procedente de La Felguera. Había mucha necesidad, muchísima pobreza. Era un barrio abandonado que no solo necesitaba viviendas dignas con las que dejar atrás el chabolismo. ¿Sabe? Aquí no existían calles ni alumbrado, y las aguas fecales del poblado se depositaban en un prao que estaba a tiro de piedra de las viviendas. No eran las mejores condiciones. Por suerte, todo eso ha quedado atrás.

-¿Sucedía lo mismo con la Educación y la Sanidad?

-Lo mismo. Educación y Sanidad más de lo mismo. Estaban los colegios de Las Maravillas y de Lloreda, en los que había bastantes alumnos. La verdad es estaban horribles. Decían que los arreglaban pero no hacían ninguno nuevo. Todo cambió cuando los vecinos decidieron bajar hasta la Plaza Mayor, manifestándose frente al Ayuntamiento, donde estaba celebrándose un Pleno en el que se decidía si se construía o no el nuevo centro. Al final se logró.

-¿Cuándo empezaron las instituciones a fijarse en las necesidades que pasaba Tremañes?

-Con el cambio político. Fue con la muerte de Franco cuando empezaron a tomar conciencia de los problemas que se pasaban aquí. Comenzaron a desaparecer las chabolas, coincidiendo con el Mundial de 1982, y se construyeron viviendas prefabricadas para las personas que vivían en ellas gracias a un convenio firmado por el Ayuntamiento, el Ministerio de la Vivienda y el Arzobispado de Oviedo, que cedía los terrenos.

-¿Qué retos de futuro se plantean en estos momentos en el barrio?

-Todavía quedan muchas cosas por hacer. Lo más importante para mí sería soterrar las vías desde Veriña. Por aquí pasan tres vías férreas, tanto de la absorbida Feve como de Renfe. También están las autovías, que dividen los núcleos urbanos. Nos sentimos incomunicados.

-¿Y el empleo?

-También, es otra gran necesidad. Sería muy interesante que, con la cantidad de polígonos industriales que nos rodean, la gente consiguiese un trabajo. Pero no lo encuentran. Es un gran pena.

Un cura obrero

-A usted se le conoce por haber sido un cura obrero.

-Me ordené jesuita en 1953. Estudié Magisterio en Filosofía y di clases en algunos centros, como en la Universidad Laboral, entre 1960 y 1962. En Asturias conocí mi vocación obrera. Después de estudiar Teología en Burgos y pasar un año en Roma, llegué a La Felguera. Trabajé en Industria Laviada, en el dique de Duro Felguera, como basurero en Limpiezas El Sol. Al final tuve que pedir la baja por problemas en la columna vertebral y vine a Tremañes a echar una mano.

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