«Faltan más pisos en el bombo»

Dos mil personas asisten al sorteo de 113 viviendas de La Magdalena

JESÚS GONZÁLEZAVILÉS.
Las abarrotadas gradas del pabellón de El Quirinal, ayer en los momentos previos al inicio del sorteo de viviendas. ::                             SERGIO LÓPEZ/
Las abarrotadas gradas del pabellón de El Quirinal, ayer en los momentos previos al inicio del sorteo de viviendas. :: SERGIO LÓPEZ

«A mí me ha tocado en el grupo de las viejunas», afirma Laura mientras espera a que comience el sorteo de su grupo de solicitantes. Dentro, en las gradas del pabellón de El Quirinal, unas dos mil personas siguen el sorteo correspondiente a los solicitantes menores de 35 años de edad de una vivienda pública en alquiler en La Magdalena. En total, Laura incluida, 1.254 personas optaban a uno de los 113 pisos que se entregarán previsiblemente en mayo por la dirección general de Vivienda del Principado.

Mientras ella apura un cigarrillo en la puerta del pabellón esperando que llegue su sorteo, Quique Platas abandona el recinto tras ver que la suerte no le ha acompañado. «Hacen falta más pisos en el bombo», afirma resignado. «El sistema está muy bien, pero habría que mejorarlo. Somos mucha gente para pocas viviendas», añade tras felicitar a uno de los afortunados de su grupo, Miguel Abraham Hernández. «Tengo dos hijos y estamos viviendo con mi madre. Trabajaba en una empresa de limpiezas pero ahora estoy en paro o cubriendo vacaciones. Tener una casa va a ser algo muy grande, especialmente para los niños», señalaba tras saberse adjudicatario de uno de los pisos.

Para Laura se acercaba el momento del sorteo. A su lado, una de los allegados que la acompañan revisa en el móvil el documento con los distintos grupos en que se divide el sorteo, según sea la edad, las cargas familiares o los ingresos de los solicitantes. «Vas después de este grupo», le informa mientras ella no para de retorcer entre sus dedos la hoja con los cuatro números que le han asignado para el sorteo.

«¡Esto está organizado como una casa de putas!», exclama alguien a pocos metros. «O sea, que los que más dinero ganan, más posibilidades tienen de que les toque», se explica la misma persona acerca del hecho de que el número de solicitantes sea mucho mayor en comparación con el número de pisos a asignar cuando más bajo es el nivel de renta de los solicitantes.

«Somos dos personas enfermas que vivimos de alquiler en una vivienda lleno de humedades, necesitamos uno de esos pisos», apuntaba José Luis Gabarri, cuya candidatura se insertaba en uno de los más complicados: había unos 270 solicitantes para cuatro viviendas.

Y llegó el turno del grupo de Laura, que ni era de los más difíciles ni de los más fáciles. Se le habían asignado cuatro números -si tuviera cargas familias, por ejemplo, tendría algún boleto más-. Cada vez que las cifras de las unidades de millar y las centenas que salían del bombo coincidían con los suyos, ni ella ni sus allegados podían contener la tensión. Pero una a una, las viviendas reservadas para su grupo fueron agotándose.

No hubo suerte. La única esperanza ahora es que se le asigne un puesto alto en la lista de espera. «La solicitud la presentamos la primavera pasada, así que es posible que a mucha gente le haya cambiado su situación y renuncie al alquiler», afirma esperanzada mientras abandona el pabellón.

Entre 155 y 380 euros

Lo cierto es que, pese a que la asignación de los pisos tenga mucho del ritual de un sorteo de lotería, ello no implica que los afortunados adjudicatarios no vayan a tener que poner de su parte. Los alquileres que tendrán que abonar oscilarán entre los 154,61 y los 379,87 euros mensuales, si bien en ningún caso esas cifras podrán ser superiores «al 20% de los ingresos brutos de la unidad familiar».

Esas serán las mensualidades a abonar por unos pisos en los que se han invertido 5,3 millones de euros, que cuentan con entre uno y tres dormitorios -hay veinte del primer tipo, 86 con dos y siete con tres-, todos con trastero y opción a alquilar una plaza de garaje.

«Esto es una alegría muy grande, no podemos creerlo», afirmaba Marta Jiménez junto a su marido, Moisés Hernández. «Tenemos cuatro niños, y lo que venga, que son los que lo van a disfrutar» afirmaban en una familia que habían visto, por fin, que la suerte les sonreía tras haber asistido sin éxito a «otros tres o cuatro sorteos de este tipo». «Al final nos tocó», añadía su mujer con una alegría más que evidente en su cara tras conocer que van a poder trasladarse a un piso nuevo con un alquiler cuyo pago podrán asumir.