Flores pintadas para los vivos

El joven creador Nacho Torra muestra en la sala Adriana Suárez su colección de naturalezas, fruto de una investigación en los cementerios

PACHÉ MERAYOGIJÓN.
Nacho con dos de sus obras, en la galería gijonesa. ::                             E. C./
Nacho con dos de sus obras, en la galería gijonesa. :: E. C.

Flores que desprenden agua, insectos que pululan por el lienzo, grifos que saludan desde los jarrones, probetas que invaden las naturalezas muertas. Ese es el mundo pictórico y también onírico del joven creador gijonés (1989) Nacho Torra. El pintor que da cuerpo a la actual exposición de la galería Adriana Suárez, donde permanecerá colgada hasta el primer día de abril.

Tras su proyecto 'Abriendo pasos a los monstruos del sexo', en el que indagaba, como él mismo explica, «en la sexualidad de los objetos», Torra expone 'Tráeme flores mientras no esté muerto', una colección de pinturas, todas realizadas en acrílico sobre lienzo, en las que se adentra de lleno en la naturaleza, pero no en la que todos conocemos, sino la que él sueña, haciendo mixtura con la realidad que le rodea.

Al pintar Torra también investiga. Esta vez lo ha hecho en los cementerios, a los que le llevó la relación de las flores, que adora como elemento pictórico, con la muerte. De hecho, al final, lo que Nacho Torra muestra es una exhortación sobre las naturalezas muertas.

«Me interesaba», dice, «el hecho de regalar flores cuando uno está enfermo o se ha muerto y la corta vida que tienen esas flores, que siempre se marchitan, se mueren». Con esa premisa en la mente empezó a visitar los camposantos. En ellos buscaba esas flores cargadas de intenciones. Unas frescas, otras a punto de perecer, como los cuerpos de las tumbas. Pero halló un universo complejo de seres vivos. Una fauna que denomina «de cementerio».

Hormigas, gusanos, mariposas, moscas. Todos le llamaron la atención y todos han acabado en sus cuadros, que si bien tienen mucho de filosofía surrealista, por nutrirse de una evidente suprarrealidad, no lo son por voluntad personal. «No quiero identificarme con nada en concreto. También dicen que soy algo naif, pero no estoy de acuerdo. Bebo de muchas fuentes, pero nada más».

En palabras de Tania Pardo, que pone verbo a la colección floral, el proceso creador de Torra es pura insistencia, puro trabajar la tela: «Pinta y repinta, borra y añade nuevos elementos una y otra vez, que sólo son frenados en el momento que están dispuestos a los ojos del espectador».

Y explica Pardo esas maneras en el hecho de que el joven pintor gijonés «está obsesionado con el propio proceso de creación» y la forma en que un cuadro va construyéndose, «de hecho, la experiencia de esa cimentación es la que desea compartir con los demás». Y eso hace en la sala de Adriana Suárez, en Gijón.

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