Descubren el color que empleó Goya en la mujer oculta tras Jovellanos

Clara González-Fanjul, que defiende el trabajo con el que identificó a la dama, mantiene abierta una nueva línea de investigación sobre la imagen radiografiada

PACHÉ MERAYOOVIEDO.
Radiografía del retrato de Jovellanos que descubre la pintura subyacente./
Radiografía del retrato de Jovellanos que descubre la pintura subyacente.

La imagen subyacente hallada por la jefa del departamento de restauración del Museo de Bellas Artes de Asturias, Clara González-Fanjul, bajo el retrato de Jovellanos sigue arrojando nuevos datos. Primero fue la identificación de la propia restauradora, que aseguraba tras un exhaustivo estudio que la dama era María Teresa de Vallabriga. Después la contestación del profesor de historia y conocido jovellanista, Javier González Santos, quien tachaba de imposible tal identificación asegurando que Goya pintó a Jovellanos antes de conocer a la mentada Vallabriga, por lo que ésta no podía estar debajo de sus trazos. Lo último no tiene que ver con la personalidad de la retratada, sino con las pinceladas que Goya dio para representarla. Se trata del descubrimiento del color que el aragonés empleó en sus ropajes. Cuestión sumamente extraordinaria, ya que la única información que se tiene de ella es un estudio radiográfico, lógicamente en blanco y negro, ejecutado sobre el cuadro realizado encima. Es decir, el de Jovellanos.

El hallazgo forma parte de una nueva línea de investigación abierta por González-Fanjul que «aún está inconclusa». Motivo por el cual, «de momento», no quiere adelantar nada sobre sus deducciones. Sí el hecho de que está «tremendamente satisfecha de los pasos dados». Tanto que por primera vez, después de semanas de guardar silencio sobre las declaraciones de González Santos, la restauradora le contesta haciendo uso de parte de la documentación que él esgrime para echar por tierra su trabajo. Una carta de Jovellanos a Consul de 22 de marzo de 1783, otra a Posada de 5 de noviembre de 1800 y, finalmente, los textos del primer jovellanista de la historia, Julio Somoza. Con todo en la mano trata de desmontar, palabra por palabra, el argumento del profesor.

«Él se aferra», dice, «a esos escritos para fechar el cuadro de Jovellanos antes de que Goya conociera a María Teresa, pero lo cierto es que en ellos, y cualquiera puede comprobarlo, no hay un solo dato que acredite datación alguna».

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