Oír tras un injerto de electrodos

190 personas, 55 niños, llevan en Asturias un implante coclear para sortear su sordera

L. FONSECAOVIEDO.
Los médicos Pilar Carro, Justo Gómez y Faustino Núñez, junto a  reproducción del oído, explican cómo funciona el implante. ::                             M. ROJAS/
Los médicos Pilar Carro, Justo Gómez y Faustino Núñez, junto a reproducción del oído, explican cómo funciona el implante. :: M. ROJAS

Dos electrodos conectados al oído interno (la zona coclear) se encargan de convertir los sonidos del mundo exterior en electricidad. Esta energía viaja por el nervio auditivo hasta el cerebro y hace que lo que inicialmente podría ser un mero ruido se transforme en palabras. Así funciona el llamado implante coclear, una especie de audífono interno que permite que personas sordas puedan oír. En Asturias ya son 190 pacientes, de ellos, 55 niños, los que han sorteado la sordera gracias a este dispositivo valorado en 20.000 euros (40.000, si se suman el coste de la operación y del seguimiento posterior). Un coste «perfectamente asumible, si tenemos en cuenta que los beneficios, en el caso de los niños, son para toda la vida», indicó el doctor Faustino Núñez, médico de Otorrinolaringología del Hospital Central.

El programa sobre hipoacusia (sordera grave) se puso en marcha en Asturias en 2002 y funciona de forma centralizada en el HUCA, donde además de pacientes del Principado se atiende a enfermos derivados desde Cantabria y León. Ayer, y con motivo del Día Mundial del Implante Coclear, los responsables del servicio presentaron los resultados de estos diez años, que han calificado como «altamente positivos». El primer implante coclear en el mundo data de 1957. Se llevó a cabo en Francia. «En principio fue un invento muy rudimentario: consistía en un imán y un único hilo de cobre colocado en la cóclea de un paciente con sordera profunda», explicó Nuñez. Mediante ese mecanismo la persona sorda recibía sonidos, pero de mala calidad. Sin embargo, en la actualidad, los implantes cocleares logran que los afectados puedan oír bien y, sobre todo, hablar.

Es fundamental que la hipoacusia se detecte de manera precoz, y que esta especie de audífono interno se coloque a los niños antes de que empiecen a hablar (entre los 2 y 3 años). Luego, «resulta prioritario llevar a cabo una buena rehabilitación», recordó Justo Gómez, quien lleva la parte quirúrgica del programa. En Asturias, esta fase se hace a través de la Fundación Vinjoy, «con unos resultados excelentes».

Para Pilar Carro, médico también de Otorrinolaringología, los implantes cocleares «han supuesto un cambio radical en la perspectiva social de la sordera». Antes, «a los sordos prácticamente se los abandonaba». Con esta iniciativa, destinada también a quienes se hayan quedado sordos siendo adultos, «se reinstaura la audición y se devuelve a toda esa gente a la sociedad que antes los rechazaba».

Se estima que seis de cada mil niños nacidos sufren algún tipo de sordera y que uno de cada mil nace prácticamente sordo.

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