1.200 presos 'liberados' en dos décadas

Principado y partidos políticos, a excepción del PP, acusan a la dirección de la prisión de desmontar el modelo. La cárcel y el Gobierno lo nieganLa Unidad Terapéutica de Villabona vive tiempos convulsos tras años de ser referente en España

LAURA FONSECAGIJÓN.
Un festival navideño en la Unidad Terapéutica. ::                             PABLO NOSTI/
Un festival navideño en la Unidad Terapéutica. :: PABLO NOSTI

«Lo que está ocurriendo en la cárcel de Villabona es escandaloso. Están desmantelando un modelo de reinserción que ha sido referente en España en los últimos veinte años y que ha logrado exportar esa metodología de trabajo a otras 30 unidades de 18 cárceles del país». Julio Bruno, director general de Salud Pública de la Consejería de Sanidad no esconde su enfado ni su indignación por lo que «está pasando de puertas adentro» en la prisión asturiana. Porque, pese a las declaraciones de la última semana del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, asegurando que «la UTE sigue adelante», Bruno asegura que «una cosa son las palabras y otras muy distintas, los hechos». Y los hechos, según este responsable, son que la dirección de la prisión y el Gobierno central «están desmontando la UTE porque no creen en la reinserción de las personas, algo que escandaliza, sobre todo viniendo de una persona como el ministro que se define como cristiana».

Asegura el director de Salud Pública que la cúpula de Villabona ha iniciado un ataque frontal contra el modelo que en 1992, y de forma pionera en España y casi en el mundo (ha sido visto con buenos ojos por países como Colombia o Irlanda), se implantó en Asturias de la mano la llamada Unidad Terapéutica y Educativa (UTE). Fueron «inicios difíciles» en la antigua prisión de Oviedo, cuando el educador Faustino García Zapico y la trabajadora social Begoña Longoria González comenzaron, junto con un pequeño grupo de internos, «a intervenir para cambiar una realidad hostil dominada por la toxicomanía y la subcultura carcelaria».

Pero, ahora, «están modificando los criterios de acceso a estos módulos, poniendo trabas al personal educativo que allí trabaja y alterando toda su metodología de trabajo. El modelo de la UTE se basa en criterios de recuperación de los valores, cuando la dirección de la prisión lo que quiere es volver al sistema represivo», resume Bruno, al que en diciembre pasado el centro penitenciario le prohibió celebrar en Villabona el Día Mundial del Sida, como venía haciendo el Principado desde hacía años.

Los resultados que muestra la Unidad son incontestables: desde su puesta en marcha, hace 21 años, la UTE de la prisión asturiana «ha logrado la reinserción de 1.200 personas». Los datos que maneja la Consejería de Sanidad del Principado señalan, por ejemplo, que, en 2011, «se habían conseguido 169 excarcelaciones y en 2012, 114». Además, los funcionarios que hacen labores de vigilancia tienen opción de promocionar como educadores de la UTE, algo que la dirección ha frenado, denuncia Bruno.

Actualmente, son 462 personas, menos de la mitad de los reclusos de Villabona, las que están en alguno de los cinco módulos de la Unidad Terapéutica y Educativa, a la que se accede siempre de forma voluntaria. Se trata de un «espacio libre de drogas» en el que «las pautas son muy claras» -desde la obligatoriedad de ducharse todos los días hasta no llevar piercings-, pero que «funciona con una estructura horizontal» y con los mismos recursos que un módulo al uso», explica Rosa Fernández, al frente de la Asociación de Familiares y Amigos de la UTE, que ha conseguido reunir en muy pocos días alrededor de 2.000 firmas de respaldo a través de la organización de defensa de los derechos humanos Avaaz.

Hoy, dos décadas después de aquellos inicios complicados, la Unidad atraviesa por uno de los momentos más convulsos de su historia, con recortes de personal que ya han denunciado todos los grupos políticos «a excepción del Partido Popular». Izquierda Unida y UPyD han llegado, incluso, a reclamar la destitución del director de la prisión, Esteban Suárez.

Y, mientras los familiares hablan de «hostigamiento», «involución», «envidia» y «estrechez de miras» de los mandos de la prisión «con respecto a estos módulos libres de droga», el responsable del centro guarda silencio. EL COMERCIO ha querido recabar su opinión, pero Suárez ha rehusado hacer declaraciones. Su única manifestación ha sido a través de una circular dirigida al personal de la cárcel en diciembre pasado, en la que argumentaba el porqué de su oposición a ampliar las UTEs, una medida que considera «innecesaria».

Según explicó entonces el director de la cárcel, la oferta de plazas en los módulos terapéuticos es «más que suficiente para la población actual». Cree Esteban Suárez que primero «hay que corregir y mejorar muchas de las actuaciones que se venían llevando a cabo por los profesionales de las UTEs, amparadas en la concesión de una cierta autonomía de funcionamiento y en una percepción errónea de su líder, Faustino (García Zapico, responsable de la UTE), de que puede hacer y deshacer a su antojo». Además, Suárez reconoce que su apuesta pasa por potenciar los llamados Módulos de Respeto, una fórmula que se rige por un sistema de puntos, encargando las tareas más penosas a quienes tienen menos puntuación.

En esa nota, el director de Villabona advertía que «si algún trabajador de este centro pretende imponer otra política penitenciaria debería pensar en solicitar una excedencia y fundar una ONG y no dedicarse a enredar en una institución pública como ésa, en la que no caben proyectos personalistas para satisfacer el propio ego y que lo que menos necesita es líderes mesiánicos». El cruce de acusaciones acabó en una demanda por injurias que ganó Faustino García Zapico, al que Villabona tuvo que indemnizar con 1.500 euros.

La polémica ha alcanzado ya al gran público, con la periodista Mercedes Milá como abanderada de la causa tras lanzar «un grito de socorro» en su programa televisivo, y unas familias que reclaman que se restablezca el funcionamiento del equipo multidisciplinar de la UTE, las cinco comisiones de servicio de educadores y la coordinación eliminadas, además de que se vuelva a autorizar la entrada de la abogada de la Fundación ADSIS, que «ha sido prohibida sin motivo».

Medalla de Plata en 2007

En contraposición a la UTE, la prisión promueve los citados Módulos de Respeto impulsados por el PP, en los que, según sus detractores, no se controla la entrada de estupefacientes. Todo lo contrario de lo que ocurre en las Unidades Terapéuticas, potenciadas por los gobiernos socialistas, en las que «la educación es fundamental, de forma que no hay nadie en ellas que no aprenda a leer y a escribir como punto de partida imprescindible, y donde todos los espacios están abiertos», dice Rosa Fernández. Nada de «chabolos cerrados» a cal y canto.

El problema en Villabona «es la utilización perversa que hace del Módulo de Respeto la dirección de la cárcel, haciéndolo competir con la UTE, otorgando los mismos beneficios por una actividad de mínimos que aquellas personas que en la UTE están trabajando con un compromiso de cambio personal que le supone un grandísimo esfuerzo», indican los defensores de la unidad.

En el fondo, se trata de dos modelos distintos de cárceles. Eso es lo que está en juego. Y, en opinión de algunos, la definición del futuro sistema penitenciario, amenazado por la privatización, denuncian los sindicatos. Reinserción frente a simple custodia.

La UTE de Villabona recibió en 2007 la medalla de Plata del Principado de Asturias, un premio que suponía un importante espaldarazo hacia un modelo penitenciario en el que desaparece el concepto de «vigilancia» y se sustituye por el de «resolución de conflictos». Se trata de una fórmula distinta a lo que ocurre en la prisión al uso, «donde en lugar de resolver esos conflictos simplemente se contienen».

«Otra cárcel es posible»

«La UTE es la prueba de que otra cárcel es posible», concluye Luis Manuel Flórez 'Floro', alma de Proyecto Hombre, en donde han continuado su proceso de reenganche en la sociedad 800 reclusos, calcula. Y que no entiende «que haya que estar defendiendo algo que no necesita defensa, avalado por tantos reconocimientos».

Un proceso «durísimo» por el que ha pasado J., que arrastraba como una losa más de 15 años de prisión por un centenar de condenas por robo y estafa cuando llegó desde el penal de Nanclares de Oca a la unidad asturiana, «el único sitio en el que se la cumple la Constitución, que dice que la cárcel es para rehabilitar a la gente», donde «no hay drogas y no se utiliza la violencia» y donde aprendió a «encarar los problemas y dejar el rencor». Hoy, con 46 años, lleva fuera cuatro. Sin consumir. Tiene novia y un trabajo. «Y tengo mi casa y mi vida, algo que ni siquiera podía pensar».