Premio al oficio artesano en Lastres

El llastrín lleva casi sesenta años realizando maquetas de barcos, que ha entregado incluso a varios miembros de la Familia Real Luis Montoto recibirá este verano el Urogallo del Centro Asturiano de Madrid

A. INGUANZOLASTRES.
Montoto construye en su taller de Lastres varias maquetas. ::                             S. S. M./
Montoto construye en su taller de Lastres varias maquetas. :: S. S. M.

Recibió la noticia en forma de llamada telefónica y no pudo más que pensar que se trataba de una broma. El artesano maquetista naval llastrín Luis Montoto González recibirá el próximo mes de agosto el premio Urogallo de Artesanía que concede cada año el Centro Asturiano de Madrid. Fue un gran orgullo desde el principio pero «yo no podía imaginar que en Madrid conocían mi trabajo», reconoce el galardonado. Ahora ya es un poco más crédulo, entre otras cosas, porque le han asegurado que «la entrega será en agosto en la Feria de Muestras de Gijón» y le han pedido que «vaya haciendo un hueco en casa para el premio».

Este llastrín lleva toda una vida haciendo pequeñas maquetas de barcos. Al principio sólo era una forma de poder tener un juguete, ahora es un modo de vida sin el que no podría seguir adelante. «Los primeros los hice de pequeño, porque de aquella o tenías un padre manitas o tú mismo te veías en la obligación de fabricar tus juguetes. Yo con mis 'lanchines' bajaba a jugar a la playa», rememora. Años más tarde, alejado de su Lastres natal, fue incapaz de dejar la artesanía y habilitó una de las habitaciones de su piso como taller de trabajo. «No sé cómo me aguantó la mujer el serrín y el polvo que generaba en aquella casa», bromea Luis. Tiempo después, tras una jubilación precoz por enfermedad, el primer paso fue volver a Lastres y el segundo hacerse con un bajo donde hoy «perdí totalmente la cuenta de cuántas maquetas pude hacer en sesenta años».

Uno de los primeros, recuerda, «se lo hice para la hermanina o el hermanín de un amigo, que como no se sabía de aquella si iba a nacer niño o niña, María o José, le puse de nombre María José». Después han sido miles, pero Luis recuerda con cariño los que ha realizado para la Casa Real. «Uno fue para el Rey, aunque no llegaron a dárselo finalmente, otro para los Príncipes y otro para Sabino Fernández Campo».

Pero no es esta la única labor que en los últimos años ha mantenido ocupado a este artesano. El derrumbe de la capilla del Buen Suceso propició el nacimiento de un colectivo que, entre otras cosas, ha conseguido levantar este edificio. «Soy el presidente de la Asociación de Mareantes de Lastres y me siento orgulloso del trabajo que hemos realizado juntos, siempre poniendo en valor la historia de la villa», explica Montoto. Uno de sus últimos proyectos ha sido la recopilación de material fotográfico y documental sobre Lastres y sus personajes, una información que se ha convertido en cinco libros editados y uno que viene en camino. «Nos queda el de los barcos, como no podía ser de otro modo, en el que incluiremos una gran cantidad de lanchas antiguas de la historia de nuestro puerto», adelanta.

Alrededor de una treintena de esas embarcaciones ya han sido reproducidas por Luis. Todas ellas se encuentran dentro de la Cofradía de Pescadores Santa María de Sábada, donde desde hace varios años se inició la creación de un pequeño gran museo donde homenajear a los marineros y a sus barcos.

Luis Montoto compartirá el premio con otros cuatro galardonados. Para él saber que en la votación contó «con el voto y el apoyo de los emigrantes asturianos en Madrid» es toda una satisfacción. Un golpe de energía para no cesar nunca en su mayor afición, la confección de maquetas navales. Recuerdos hay miles y anécdotas por triplicado. «Siempre cuento que cuando fue lo del Doctor Mateo, me vi obligado a cerrar el taller con un cartel de 'privado'. Era tal el aluvión de gente que venía que me era imposible trabajar. Yo ponía toda la voluntad de enseñarles mi labor pero me desbordaba la afluencia de gente», rememora. Sesenta años de magia en las manos, con forma de barco, que dentro de poco se verán recompensadas con un premio a las raíces, que es lo que siempre le ha tirado. «Nunca creí que iba a estar una vida entera haciendo barcos», reflexiona.