Uno de cada cinco gijoneses no paga la cuota de su comunidad de vecinos

El problema se ha extendido a los barrios más acomodados, donde hay propietarios e inquilinos con deudas de hasta 20.000 euros Los administradores de fincas precisan que el 25% de los impagos acaba en el juzgado

MARCOS MOROGIJÓN.
El administrador Enrique González Pacho en su despacho. ::                             ÁLEX PIÑA/
El administrador Enrique González Pacho en su despacho. :: ÁLEX PIÑA

La morosidad es un problema que afecta ya a uno de cada cinco vecinos en Gijón. Los impagos de propietarios e inquilinos en sus respectivas comunidades han crecido desde mediados de 2012 hasta alcanzar un porcentaje de demora latente del 20%. De ese total, el 75% de los casos en que se producen devoluciones de recibos se resuelven extrajudicialmente y el 25% restante acaba en demanda en el juzgado. Los datos los aportan los administradores de fincas que desarrollan su actividad en la ciudad, que ven en la extensión del impago reiterativo una señal de que «cada vez hay más familias en apuros económicos, pero también de la proliferación de aprovechados que intentan sacar tajada de la crisis».

El aumento de la ratio de morosos en los vecindarios gijoneses está generando serios problemas de liquidez en las comunidades. Lo que dejan de pagar unos en los gastos comunes repercute en el bolsillo del resto. En muchos casos los vecinos que cumplen con sus obligaciones se ven obligados a hacer derramas o a solicitar créditos para salir al paso de esas dificultades de tesorería.

El abogado Enrique González Pacho, al frente de administraciones Engopa, en la avenida de la Costa, asegura que entre las comunidades que lleva en la actualidad la deuda se acerca, globalmente, a los 100.000 euros. Por eso dice que es fácil que, haciendo la extrapolación al resto de edificios de Gijón, los impagos superen ampliamente el millón de euros. De entre las fincas que gestiona, destaca la situación de una persona que debe en este momento 20.000 euros.

En los casos de morosidad que tienen que dirimirse en el juzgado, la sentencia contra los deudores se resuelve de forma relativamente rápida. Sin embargo, el problema surge cuando la persona sigue sin pagar tras el fallo judicial en su contra. «La ejecución de la sentencia es enormemente larga y tediosa», señala González Pacho.

A consecuencia de esta situación, han crecido de forma considerable las órdenes de embargo contra propietarios e inquilinos en los edificios. En muchos casos se está llegando a señalar la subasta de la vivienda para forzar al moroso recalcitrante a pagar. Pero esto no es garantía de éxito, explica el administrador gijonés, «porque cuando el valor de tasación del piso es inferior a las cargas que tiene -léase hipoteca- no se puede sacar a subasta y lo deja en una especie de limbo legal de difícil solución».

Ángeles Martínez, vicepresidenta del Colegio de Administradores de Fincas del Principado, asegura que por la ley de protección de datos no se puede poner como antaño a los morosos en el disparadero. Y la publicación de sus nombres en el tablón de anuncios de la comunidad sólo se puede hacer en casos excepcionales en que la notificación al interesado sea imposible.

Martínez destaca que la morosidad ya no entiende de estatus urbanísticos ni sociales y algunos barrios supuestamente acomodados, como Viesques, tienen tantos o más deudores que lastran a sus vecindarios que las zonas más humildes de la periferia urbana.

En la lista de morosos de las comunidades de vecinos cada vez figuran más entidades bancarias con pisos embargados que no están al corriente con las cuotas comunitarias. Otro problema añadido son también son los pisos a nombre de sociedades en concurso de acreedores, porque los administradores de fincas no pueden hacer nada para cobrar sus cuotas hasta que no se resuelven los procesos concursales.

Conforme a la Ley de Propiedad Horizontal los propietarios en situación de morosidad pueden opinar en las juntas de la comunidad, pero no votar en la toma de decisiones mientras no se pongan al día de los pagos.

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