Los minoritarios invitan «a tomar la calle cada día» en su multitudinaria marcha de Gijón

CSI, CGT y Suatea critican al Gobierno central por los recortes y acusan al Ejecutivo regional de «no hacer nada por evitar el aumento del paro»

AIDA COLLADOGIJÓN.
Los manifestantes se giraron a su paso por Álvarez Garaya para protestar ante la sede de Cajastur. ::                             JOAQUÍN PAÑEDA/
Los manifestantes se giraron a su paso por Álvarez Garaya para protestar ante la sede de Cajastur. :: JOAQUÍN PAÑEDA

«Hay que mojase, que de sindicalismo atecháu ya tuvimos bastante». Pronóstico climatológico o pulla a los sindicatos mayoritarios, las palabras de Marco Antuña, uno de los delegados de CSI en Cajastur, calaron más entre los manifestantes que la lluvia. El agua respetó casi hasta el final la convocatoria de CSI, CGT y Suatea, que reunió en las calles de Gijón a miles de personas -unos 4.500, según Delegación de Gobierno, y entre 8.000 y 10.000, según los sindicatos- en un Primero de mayo «muy especial». Especial, detallaba el representante de la Central Sindical Internacional, Samuel Fernández, porque «este año es aún peor que el pasado, con más precariedad, más paro y más despidos». Una situación que, en su opinión, exige «estar en la calle todos los días, para demostrar poco a poco que no estamos de acuerdo con las medidas que se toman desde Madrid ni desde Asturias», donde «no se hace nada para evitar el aumento del paro».

A su lado y tras la pancarta que rezaba 'Asturies en pie' y encabezaba la marcha, Beatriz Quirós, representante de Suatea, confiaba en que la movilización supusiese «un punto de inflexión» y desencadenase «un cambio de rumbo» en la política nacional y regional. «Con 122.000 parados, es el momento de salir a la calle», pedía, no sin reconocer «el pequeño paso» del Ejecutivo asturiano, al dar marcha atrás y «permitir que los interinos cobren durante el verano». Algo que, a su parecer, demuestra que «la lucha es el único modo de conseguir cosas».

En la misma línea iban las quejas del representante de CGT, Jorge Muñiz. «El 90% de la recaudación del Estado viene de las rentas del trabajo y de los profesionales, mientras que sólo el 10% procede del sistema bancario, financiero y empresarial que, por otra parte, es donde se concentra el 90% de la riqueza», argumentaba. Muñiz acusó al Gobierno de potenciar «una fórmula fascista y autoritaria para secuestrar a la sociedad» y advirtió «al PP» de que la sociedad «no va a aguantar más». Así, vaticinó una nueva huelga general en otoño: «Esperemos que entonces los sindicatos mayoritarios no se hagan los timoratos», lanzó.

Los manifestantes defendieron a voz en grito su legitimidad para movilizarse y rechazaron «la criminalización de los trabajadores» que atribuyen a los dirigentes populares. Precisamente, fue ante su sede, en la calle Álvarez Garaya, donde se produjo el primer alto en el camino. «Aquí es donde se planifica el robo y la extorsión a todos los trabajadores», se escuchaba por los megáfonos ante el portal protegido por la Policía. No fue la única parada. Unos metros más adelante, frente a Cajastur, los trabajadores de la entidad denunciaron las rebajas salariales del 50%, los ERES rotatorios durante tres años «y el abaratamiento del despido que -protestan- busca la dirección a largo plazo». Algunos encapuchados fueron más allá y pintaron la fachada de algunas de sus oficinas. Poco a poco, la manifestación llegó al Náutico para dar paso a los discursos. Fue cuando la lluvia, al final, hizo acto de presencia.