Los guardianes del puerto de Tarna

La carretera de acceso al puerto, en el parque de Redes, presenta a día de hoy un estado lamentable que preocupa a montañeros y vecinos Ramón y Amalia llevan 45 años ofreciendo la mejor gastronomía asturiana

MARTA VARELAPUERTO DE TARNA (CASO).
Ramón y Amalia, historia viva ya del puerto de Tarna, posan frente a su establecimiento. ::
                             J. C. ROMÁN/
Ramón y Amalia, historia viva ya del puerto de Tarna, posan frente a su establecimiento. :: J. C. ROMÁN

En la comarca minera del Nalón sobrevive un lugar que está, desde hace casi 30 años, olvidado. Las instituciones no apuestan por este paraje, no hay inversiones -ni tan siquiera para un buen mantenimiento-, no aparece como destino turístico, apenas hay carteles anunciando lugares tan míticos como la fuente La Nalona (donde nace el río que atraviesa toda la comarca).... pero Tarna existe.

Y a pesar del tiempo, desaparecidos los carteles, una carretera Nacional que día a día se parece más a un camino, dos personas continúan infatigables apostando por la zona. Un matrimonio natural de Blimea, que hace 46 años se enamoraron de la zona. Ellos son Ramón Martínez y Amalia García y regentan el denominado parador de montaña de Tarna, un restaurante que conserva el encanto de lo que fue el principal destino de ocio de los habitantes del valle del Nalón.

Llevan más de una década como únicos moradores de Tarna y en su refugio atesoran la grandeza de este paraje cuasi salvaje situado a casi 1.500 metros de altitud. Numerosos recuerdos ilustran las paredes mientras al fondo aparece una vieja chimenea que entre los años 60, y 80 caldeaba a miles de montañeros, esquiadores y habitantes del puerto.

Pero, además, Ramón y Amalia ofrecen a todo el que se acerca a su restaurante un comida casera con la que se puede dar rienda al paladar desde la más pura tradición de nuestra cocina. Sobresale la fabada, el cabritu y el cordero al horno, amén de postres caseros bien elaborados por los que aún muchos montañeros y algunos vecinos suben a Tarna.

Son también refugio de aquellos a quienes las dificultades sorprenden. Su establecimiento cuenta con catorce habitaciones, en la actualidad en desuso, pero que se apresuran a poner a disposición de los que las necesitan cuando la nieve hace de Tarna un reducto intransitable. Logran así que no se olvide por completo las montañas que guardan el nacimiento del río Nalón.

«Resistimos y seguiremos» apostillaba con orgullo ayer Amalia, mientras atendía a sus fogones, porque siempre llega alguien a comer. Aunque reconocen que «el estado de la carretera es lamentable, como mucho la remiendan, pero este año con tanta nieve y la lluvia llegar ha sido casi imposible por culpa de la carretera».

Mantenimiento de parcheo

Un grave inconveniente que no tiene solución a medio plazo, no hay proyecto concreto de reparación y «cada año se pierde más firme y tienen menos efecto los remiendos». De hecho, la pasada semana se hicieron pequeñas labores de mantenimiento «reparcheando», ya que gran parte de la carretera, en su último tramo, se encontraba practicamente sin asfalto.

Los montañeros de la comarca del Nalón son otro colectivo que no abandona los bellos parajes de Tarna, y a menudo acuden al puerto a hacer rutas. «No es como en los años 70 y 80 cuando los autobuses llenaban el puerto» recuerda Amalia, pero siguen viniendo.

El grupo de montaña El Texu de Blimea, es uno de los habituales en explorar esos y la mayoría de sus socios coinciden en señalar que «la carretera es una vergüenza, parece que a a nadie le importa Tarna»

Este aislamiento impuesto quedó marcado definitivamente en 2010, cuando el Principado postergó sin fecha la llegada del corredor del Nalón a Tarna. La mejora del corredor contaba con un presupuesto de licitación de 61,3 millones de euros, en el que se incluía la construcción de ocho puentes y un túnel y el ensanche de la calzada hasta los siete metros.

Una obra en la que pocos confían ahora, aunque mantienen la esperanzas de que se mejore la carretera actual, pese a su sinuoso trazado.

Mientras llegan las medidas urgentes para darle a Tarna el esplendor que tuvo años atrás, el puerto puede sentirse orgulloso de Ramón y Amalia.

Guardan el recuerdo de tiempos mejores al olor de su cocina tradicional, en especial de su fabada 'con fabes de Argüero', consiguen que la gente no olvide este bello puerto asturiano, en el parque natural de Redes.