Calatrava: «Jovellanos XXI descartó que la visera del Palacio de Congresos fuera móvil»

El arquitecto reclama 10 millones de euros de honorarios pendientes y alega ante el juez que la empresa renunció a la movilidad de la cubierta

IDOYA REYOVIEDO.
El empresario Jacobo Cosmen, la procuradora Laura Fernández-Mijares, y el arquitecto Santiago Calatrava en el Juzgado de Primera Instancia número  10, en la mañana de ayer. ::                             MARIO ROJAS/
El empresario Jacobo Cosmen, la procuradora Laura Fernández-Mijares, y el arquitecto Santiago Calatrava en el Juzgado de Primera Instancia número 10, en la mañana de ayer. :: MARIO ROJAS

«He recibido veinte veces el honoris causa y tengo muchos premios de calidad. He construido 50 puentes en todo el mundo sin ninguna queja y acumulo 32 años de experiencia». Lo recordó ayer varias veces el arquitecto Santiago Calatrava durante la primera sesión del juicio celebrado en el Juzgado de Primera Instancia número 10. Había presentado una demanda contra Jovellanos XXI por impago de parte de sus honorarios en el proyecto del Palacio de Congresos de Buenavista (vinculado también a los diseños frustrados para la parcela del Vasco). Reclama casi diez millones de euros pendientes por su trabajo, cantidad a sumar a los 23 que ya ha recibido, según fuentes próximas a la empresa asturiana. Aunque no es el único asunto que durante esta semana se resuelve en el juzgado de Primera Instancia 10.

Calatrava defendió su rigor profesional porque a su vez Jovellanos XXI presentó una demanda reconvencional, una especie de contrademanda, en la que reclama al arquitecto el pago por los desperfectos que a su juicio presenta el edificio, el más llamativo es la inmovilidad de la visera.

El propio arquitecto reconoció que la movilidad de la visera «es una de las señas de identidad del proyecto. Por ejemplo el museo de Milwaukee que diseñé, sin la cubierta móvil sería un museo más», puntualizó ante el juez. Pero la visera del Palacio de Congresos se ha quedado finalmente quieta. Dice Calatrava que fue por orden expresa de la empresa: «Yo creo que la propiedad en un determinado momento no quería la cubierta móvil. Lo descartaron porque no quería gastarse dinero. Nos dijeron que buscáramos a alguien para dejarla fija o que lo buscaban ellos», declaró el arquitecto valenciano.

Los problemas surgieron tras las grietas en algunos anclajes, «estaban mal soldados». «La empresa encargada del movimiento de la estructura propuso una solución, un refuerzo en los soportes en forma de 'v' y reducir la velocidad de apertura, pero la propiedad no quiso esta solución. Propusimos otra alternativa con cartelas, que no le hubiera costado ni un euro, porque la empresa estaba obligada a terminar el trabajo», insistió. Según Calatrava, estos imprevistos habrían obligado a retrasar la fecha de apertura y «Jovellanos XXI no quería porque ya tenía varios compromisos con un congreso médico y un mitin político».

Lo que alega Jovellanos XXI es que Calatrava no cumplió con la dirección de obra, lo que llevó a los desperfectos en la visera y también en «la caída de la grada por una mala colocación del hormigón», entre otras taras e irregularidades que se relataron en el juicio. Un testigo citado por el arquitecto, un exingeniero de la empresa de Calatrava, apoyó en parte esta visión. «La empresa encargada de la movilidad de la visera impuso unos requisitos para garantizar la velocidad de apertura, fijada en 10 metros por segundo. Propusimos rebajarla a 5 metros por segundo, pero tampoco aceptó, así que se decidió optar por otra solución. Fue decisión de Calatrava, en parte por motivos estéticos», declaró.

Durante el juicio también testificó Jacobo Cosmen, por parte de Jovellanos XXI, quien sostiene que el contrato con el arquitecto se ha cumplido en todo momento. Su letrado no quiso revelar cuál es el montante que la empresa solicita por esos desperfectos. El Ayuntamiento la cifró en 1,3 millones, cuantía que ordenó ejecutar de la fianza tras el fin de las obras.

«El cambio en el proyecto fue brutal y es otro proyecto diferente. Lo único que hicimos fue atender los cambios que proponía la propiedad. Es mi obligación deontológica hacerlo», señaló Calatrava ante las preguntas de la sala. Porque el proyecto inicial, el de 2002, iba a ocupar una superficie de 87.000 metros cuadrados. En 2004 eran 184.000, con el consiguiente sobrecoste.

«No pensamos en ningún momento que no íbamos a cobrar», señaló un exempleado del arquitecto, aunque Calatrava aseguró que sabía «que la empresa tuvo en 2008 problemas de financiación. Me dijeron que estaban a punto de quebrar y que el centro comercial no les pagaba el alquiler». El juicio continuará hoy con la declaración de más testigos y peritos.