«La estructura del Palacio de Congresos no es segura»

Peritos citados por Jovellanos XXI en el juicio contra Calatrava afirman que la cubierta del edificio incumple los niveles de carga normativos

IDOYA REYOVIEDO.
Los peritos de Jovellanos XXI alertaron de que la visera podría no cumplir la resistencia exigible en la normativa ni siquiera cerrada. ::                             MARUIO ROJAS/
Los peritos de Jovellanos XXI alertaron de que la visera podría no cumplir la resistencia exigible en la normativa ni siquiera cerrada. :: MARUIO ROJAS

Fueron más de cuatro horas ofreciendo exhaustivas explicaciones sobre sus cálculos de diversos elementos estructurales del edificio del Palacio de Congresos para llegar a una conclusión final: «Los resultados obtenidos no son admisibles. La estructura no es segura. Las mediciones sobre las cargas de la visera que soporta el arco frontal no cumplen la normativa». Los peritos de la ingeniería Calter, aportados como prueba por Jovellanos XXI, la promotora del edificio, en el juicio con demandas cruzadas contra el arquitecto Santiago Calatrava, lo repitieron varias veces y dejaron sin respuesta cómo es posible que los cálculos del arquitecto valenciano dieran un resultado completamente diferente. En realidad, afirmaron que «las cargas de vientos se disminuyeron de una manera insólita» cuando se decidió dejar cerrada la visera en el año 2011. «Cómo técnico, no sé cómo explicarlo. Lo único que se me ocurre es que se bajaron las cargas para cumplir la normativa», afirmaron los peritos.

El tema de la movilidad de la visera ha centrado gran parte del juicio que se celebra durante esta semana en el Juzgado de Primera Instancia número 10. Calatrava demandó a Jovellanos XXI por el impago de unos diez millones de euros de honorarios, y la empresa le respondió con una contrademanda en la que pide 25 millones de euros por los desperfectos en el inmueble.

Los peritos de Calter, Juan Carlos Arroyo y Antonio Romero, explicaron que la movilidad de la cubierta era un elementos significativo y diferencial del edificio, «aunque se inició la construcción de la estructura metálica sin que hubiera una memoria de cálculo. Es algo inaudito». Esa memoria llegó en 2008 y en ella se fijaba que podría abrirse con unos vientos de 10 metros por segundo. Sin embargo, la empresa contratada para instalar los mecanismos de movilidad, Waagner Biro, un referente mundial, tras realizar mediciones en un túnel de viento, propuso colocar unas guías para garantizar la seguridad en el cierre. Es decir, los vientos podrían desviar las costillas a la hora de encajar con la parte fija. Pero, según los peritos, «Calatrava las rechazó por motivos estéticos» y propuso reducir la velocidad del viento a 5 metros por segundo para poder levantar la visera.

«Aún así, Waagner Biro consideraba que las guías eran necesarias y terminó abandonando el proyecto», comentaron. Su conclusión destaca que con esa velocidad «la posibilidad de que la visera pudiera abrirse se reducía al 52%. Se pierde el control de la movilidad por parte del propietario». O sea, que si un día testaba previsto abrirla para un congreso no se podía garantizar. Finalmente se optó porque quedara fija. «Hasta ese momento, 2011, no se realizó ningún cálculo sobre la cubierta cerrada», aseguraron.

Ellos tomaron por válidos los datos usados por Waagner Biro para llegar a la conclusión de que no es segura. «Sin embargo, la memoria de Calatrava rebajó entre tres y cuatro veces las cargas de viento y no tuvieron en cuenta los datos del túnel, cuando la visera cerrada siempre soportó la misma carga del viento, pudiera moverse o no».

Los abogados del arquitecto apuntaron a la existencia de un cuarto arco añadido en la última fase del proyecto, que reforzaría el fijo y el frontal. «Ese arco no tiene nada que ver en nuestros cálculos. Hemos sabido de su existencia a posteriori, pero es estructuralmente despreciable», respondieron los peritos.

«El agua acabará filtrándose»

Los peritos también valoraron sobrecostes que a su juicio podrían haberse evitado en la construcción. Por ejemplo, a la hora de construir un muro de forro. «El muro de contención por pilotes además de labores de contención de tierras también recoge las cargas verticales ¿Para que añadir un muro de forro que cuesta entre 500 y 600 euros el metro cuadrado?», cuestionaron. Es más, alertaron de que con ese muro de forro, el agua no circula para luego ser recogida y aunque tiene una placa de impermeabilización «dentro de 15 años el agua acabará filtrándose. Tarde o temprano el agua traspasa el hormigón», advirtieron.

El método de cimentación con una parte de zapatas y la otra con una losa continua encarece innecesariamente el presupuesto, siempre según los ingenieros de Calter, en 2,2 millones de euros, «pues podría haberse hecho con zapatas como se recoge en un estudio geotécnico de 2004». Y en los forjados de los aparcamientos ese supuesto sobrecoste lo elevan hasta los 5 millones de euros. «No hay ninguna razón estructural para que las vigas queden vistas. Es un efecto estético que podría haber conseguido con otra solución, con sistemas de pladúr, por ejemplo, que es mucho más barato».

El último punto tratado por los peritos es el del graderío, que se «construyó sin memoria de cálculo». En 2006 se derrumbó y se optó entonces por otra solución con cuatro puntos de apoyo en lugar de dos. «Es un cambio sustancial, se me ocurre que se cambió porque la estructura inicial no era capaz de soportar el peso», dijeron. Aún así, en esta solución alternativa hubo también una rotura, «era la crónica de una rotura anunciada porque los cálculos, que esta vez sí se presentaron, indicaban que el hormigón no resistiría».