Un año sin rastro de urogallos en el Parque de las Ubiñas y Redes

«La especie se puede extinguir en Asturias en tres o cuatro años. Es alarmante», asegura el Fondo para la Protección de Animales

A. FUENTEPOLA DE LENA.
Dos urogallos, macho y hembra, en el parque de Redes. ::                             E. C./
Dos urogallos, macho y hembra, en el parque de Redes. :: E. C.

Verlos en su hábitat es muy complicado; casi imposible. Por eso, los especialistas y naturistas que estudian la evolución de la especie se fían de lo que denominan «indicios» para determinar su evolución: huellas, plumas, restos de huevos o excrementos. Pero, en el último año, nada de nada. «Hace poco tiempo hemos estado en los Pirineos, donde la población del urogallo se mantiene. No los vimos, pero sí que había señales de que habían estado allí. En Asturias, concretamente en la zona de los parques de Las Ubiñas y Redes, no hay nada desde hace un año. Es alarmante», explicaba ayer el presidente del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas).

Para Roberto Hartasánchez, esta falta de indicios es, a su vez, señal de lo que puede pasar:«En tres o cuatro años podemos dar complemente por extinguida la especie en la región», aseguraba con preocupación. El responsable de la entidad indica que también se trata -«a pesar de lo que se ha mantenido hasta ahora»- de aves que son capaces de moverse a grandes distancias en busca de un entorno mejor. «Los urogallos sí se mueven por los territorios y hacen grandes desplazamientos, y se puede advertir la presencia de uno, por ejemplo, en Caso, procedente de cualquier otro sitio de la cordillera. Eso no quiere decir que haya población asentada».

¿Hay solución?

Desde Fapas se observa con mucho pesimismo la evolución de la población en los últimos años. «Y puede que hasta el censo que se ha manejado no sea real, porque siempre se ha basado en esos indicios sin contabilizar verdaderamente los individuos». Hartasánchez cree que, «posiblemente», se pueda hacer ya «muy poco» para salvar al denominado urogallo cantábrico. «Se ha cometido el error de considerar como método de conservación el mero hecho de contarlos».

El presidente de Fapas habla de «estrepitoso fracaso de los planes de conservación. De hecho, participé -añade- en la realización de algunos de los censos y se contaban extrapolando los dos o tres ejemplares que se podían ver hace tiempo. La realidad es que no queda ninguno». En toda la cordillera cantábrica se trabaja con los datos de 2004 que contabilizaban medio millar de ejemplares de ambos sexos.

Desde Fapas se critica también el propio plan de recuperación del urogallo: «Se basa en una premisa científica incierta, en considerar a los habitantes del Cantábrico como único, cuando no lo son. Habrá que reintroducir la especie con ejemplares de los Pirineos», manifestó. Hartasánchez apunta, de hecho, a que en León, la propia administración, ya ha dado por extinguida la especie en su vertiente de los Picos de Europa y en los Ancares, en la parte oriental.

La recuperación de esta especie, declarada en peligro de extinción, consiste en restablecer un hábitat adecuado para su permanencia - en los denominados planes Reservas de Biosfera del LIFE + Urogallo cantábrico- y censar el número de ejemplares, llevado a cabo con técnicas GPS. Se trata de un trabajo complejo que, en ocasiones, supone luchar contra la propia naturaleza, ya que se trata de un ave que forma parte de la cadena trófica, lo que la hace especialmente vulnerable dentro de su propio hábitat.

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