«¡También hay aquí ricas plebeyas!»

Los visitantes disfrutaron de la llegada por mar del emperador, que hoy se paseará por Villaviciosa gracias a una muestra de costumbres de la época Carlos V desembarca en Tazones piropeando a sus mujeres y con el estómago vacío

ÓSCAR CUERVOTAZONES.
El emperador Carlos I de España y V de Alemania se dirige, con su cortejo, a saludar a los tazoneros que acudieron a recibirle. ::                             PURIFICACIÓN CITOULA/
El emperador Carlos I de España y V de Alemania se dirige, con su cortejo, a saludar a los tazoneros que acudieron a recibirle. :: PURIFICACIÓN CITOULA

Ni piratas ni franceses. Quienes ayer arribaron al puerto de Tazones fueron el Rey Carlos I de España -y V de Alemania- y su corte, quienes fueron recibidos por los lugareños, como así marca la tradición, con cierta desconfianza inicial, pero con plenos honores al final. Así lo demostró el atalayero, que, a viva voz, animó a los tazoneros a empuñar las armas y a defenderse del saqueador o invasor, si hacía falta, hasta con las manos.

El afán guerrero, eso sí, se calmó cuando del 'galeón' en el que Su Majestad don Carlos llegó a puerto surgió una voz que informaba de tan real viaje. «Nos puso a prueba la mar, a mí y mis acompañantes, durante 12 días. Tuvieron que pasar en el agua 12 noches, como así atestiguan los navíos hundidos que me acompañaban, con artilleros y guerrilleros de gran fama, además de las bellas mujeres que adornaban bien mi cama», apuntó socarrón el todavía Príncipe de Asturias.

Tras deponer las armas y jurar fidelidad al futuro Rey a base de vítores, los tazoneros no dudaron en mojarse para sacar en pendolín al monarca de la casa de los Austria, hijo de Juan y Fernando. «Estos honores se os serán reconocidos», indicó, ya en tierra. Una tierra que no dudó en besar, al ser, todo sea dicho, el primer suelo español que pisaba como monarca. «Estaba previsto que lo hiciésemos en Laredo, pero no pudo ser por el mal tiempo y nos retrasamos», apuntó el Rey.

De todas formas, la cortesía duró tanto tiempo en el Rey don Carlos como tardaron sus ojos en ponerse sobre los rostros de las numerosas mujeres que le dieron la bienvenida. «¡También hay aquí ricas plebeyas regadas por la mar! No me extraña que sean tan bellas», apuntó, para la carcajada general, mientras le ofrecían sardinas para reponer fuerzas, tras 12 días de travesía, y sidra con la que pasar la espina que se le había quedado atravesada en el «buche». Tras ello, el monarca disfrutó de una muestra de las artes de pesca utilizadas en Tazones y de un paseo por la parroquia. Todo ello antes de irse a la casa de los Hevia, «los únicos que tienen colchones de los buenos».

«Una idea muy simpática»

De la comitiva real y de Tazones también disfrutaron numerosas personas que abarrotaron, una vez más, el entorno del puerto. «Es una idea muy simpática», reconoció Juan Fernando Colín, quien, junto a su esposa y sus dos hijos, se estrenó en las fiestas del Desembarco, que en esta ocasión cumplió 33 años. «Venimos desde Madrid. Solemos pasar siempre unos días por Asturias, pero hasta este verano no habíamos descubierto todo esto. Lo recomendaremos, ¡seguro!», apuntó sonriente el padre.

Una idea compartida por otros visitantes, asturianos unos, casos del matrimonio compuesto por Santiago Cuervo y Rosalía Hernán, y foráneos otros, como los extremeños Juan Aguza, Felipe Jiménez y Miguel Casar. «Por nuestra tierra esto es impensable. Aquí os lo sabéis montar más que bien, lo recomendaremos», bromearon. Los festejos, por cierto, prosiguen hoy en Villaviciosa. Duranta la tarde-noche, un grupo de más de 100 intérpretes emulará por primera vez el ambiente de aquel 19 de septiembre de 1517. Una llegada que, por cierto, causó impresión en Villaviciosa. Tanta, incluso, como la de ayer.