Fallece el guionista gijonés Carlos Blanco

Tenía 96 años y residía en Madrid, aunque toda su vida mantuvo una fuerte relación con su ciudad natal Fue uno de los escritores de cine más exitosos de los años 50 y 60, con varias incursiones en Hollywood

IVÁN VILLARGIJÓN.
Fernando Fernán Gómez y Cantinflas, caracterizados como Don Quijote y Sancho, posan junto al guionista durante el rodaje de 'Don Quijote cabalga de nuevo'. ::                             ARCHIVO PERSONAL DE CARLOS BLANCO/
Fernando Fernán Gómez y Cantinflas, caracterizados como Don Quijote y Sancho, posan junto al guionista durante el rodaje de 'Don Quijote cabalga de nuevo'. :: ARCHIVO PERSONAL DE CARLOS BLANCO

«Gijón era la niña de sus ojos», dicen quienes le trataron. Tanto que ayer un amigo no dudaba en comprar una postal de la playa de San Lorenzo, que de joven cruzó tantas veces a nado hasta llegar a El Musel, para cremarla junto a sus restos. Una forma de que descanse unido a la ciudad que le vio nacer hace 96 años y a la que tenía previsto volver este mismo mes. Pero Carlos Blanco se quedó en Madrid, su residencia desde hace años. El sábado ingresó en la Clínica de Loreto, en la capital, donde ayer expiró entorno a las cinco de la tarde, poniendo fin a una vida que rondaba el siglo y que estuvo consagrada al cine.

Carlos Blanco Hernández nació en Gijón el 11 de marzo de 1917 y pasó los primeros años de su vida entre las cuatro paredes del Instituto Jovellanos, donde sus padres, Isidro y Lola, salmantinos, ejercían como maestros con derecho a vivienda. Desde muy pequeño se sintió atraído por la literatura y devoraba los libros que sus padres utilizaban para enseñar a leer no solo a los niños, sino también a los adultos. Con tan solo 15 años quedó huérfano de madre y a los 17 se trasladó a Madrid con su padre, después de que éste fuera nombrado director del grupo escolar Miguel de Unamuno. En la capital le pilló la Guerra Civil. Se presentó como voluntario para luchar en el bando republicano y combatió primero en el frente de Málaga, más tarde en el de Madrid y luego en Extremadura, hasta que fue capturado en Córdoba. Estuvo cinco años privado de libertad y cuando volvió a la calle no le permitieron retomar los estudios de ingeniero de caminos que había iniciado un año antes de que empezara la guerra. Perdido, buscó refugio en una de sus pasiones, contar historias. Fue así como se animó a participar en un concurso de guiones. Lo ganó con 'Don Beltrán de la Cueva', una historia que escribió entre las mesas del Café Gijón de Madrid. Siempre Gijón. Era 1946 y ese mismo año el director Jerónimo Mihura confiaba en él como guionista para adaptar al cine la obra teatral 'Cuando llegue la noche', de Joaquín Calvo Sotelo. Fue su primera película.

En 1947 la productora Cifesa le compró el guión de 'La Princesa de los Ursinos', por el que no recibió ni una peseta, pues la empresa confió el pago a su salida de la lista negra de las distribuidoras americanas. Aún sin cobrar, y mientras recibía sin cesar palizas callejeras por su pasado republicano, siguió escribiendo. Siempre en el Café Gijón, que convirtió en su segunda casa, donde entabló amistad, entre otros, con Jardiel Poncela, Antonio Buero Vallejo, Miguel Mihura y José Luis López Vázquez. También se reencontró allí con quien fuera su profesor de literatura en Gijón, Gerardo Diego.

El estrellato de Sara Montiel

'Locura de amor', basado en una obra de teatro de Manuel Tamayo y Baus, fue su primer gran éxito. La película triunfó dentro y fuera de España y lanzó al estrellato a Aurora Bautista y Sara Montiel. Y aunque Carlos Blanco seguía compartiendo créditos con guionistas de más prestigio, pese a que no habían escrito ni una línea, empezó a abrirse un camino más allá de Cifesa. A través de la productora asturiana Colonial AJE guioniza, basándose en 'La aldea perdida' de Palacio Valdés, 'Las aguas bajan negras', que fue dirigida por José Luis Sáenz Heredia. El mismo director confió en el guionista asturiano para rodar 'Don Juan' -con la que Blanco salió por primera vez de España, para participar en la Bienal de Venecia-, 'Los ojos dejan huellas' y 'Todo es posible en Granada'.

En los primeros años de la década de los 50 actores de la talla de Tony Leblanc, Paco Rabal o Fernando Fernán Gómez ponían voz a los textos que escribía para el cine Carlos Blanco. Y en 1955 recibió un encargo de la FOX para escribir un guión sobre toros, que pretendían que protagonizaran Ava Gardner y Luis Miguel Dominguín, con los que ya entonces Blanco tenía amistad. El proyecto no salió adelante, pero el guionista, ya en Los Ángeles, empezó a codearse con los grandes nombres de Hollywood -Bogart, Lauren Bacall, Billy Wilder, Marilyn Monroe, Audrey Hepburn...-. Rechazó un contrato de siete años con la FOX para poder trabajar por libre, y así pudo atender también encargos de otras dos grandes: Columbia y RKO. El mismísimo Gary Cooper se asoció con Carlos Blanco para poner en marcha una película sobre el Quijote, aunque murió antes de que el proyecto cristalizara. Finalmente Blanco, ya de vuelta en España, constituyó su propia productora, Oscar Films, con la que rodó al fin en 1973 'Don Quijote cabalga de nuevo', protagonizada por Fernando Fernán Gómez y Mario Moreno 'Cantinflas'.

El último texto que vio en las salas, en 1977, fue 'Hierba salvaje'. La llegada de la democracia coincidió con un cambio en la forma de hacer cine, y Blanco no encontró acomodo entre las nuevas generaciones de cineastas. Pese a todo, nunca dejó de escribir, y deja a su muerte varios guiones inéditos. Junto a Berlanga, Bardem y Buñuel, muchos le consideraron «la B desconocida del cine español».

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