Muere el gran jurista de la Transición

El también académico de la lengua rechazó en dos ocasiones encabezar el ministerio de Educación y es uno de los seis redactores del proyecto de Constitución Europea Eduardo García de Enterría, Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1984, falleció ayer en Madrid

PACHÉ MERAYOGIJÓN.
Muere el gran jurista de la Transición

Maestro de maestros, padre de las reformas administrativas y jurista esencial de la Transición, Eduardo García de Enterría (Ramales de la Victoria, Cantabria, 1923) moría ayer, a los 90 años , dejando una gran escuela y un enorme legado en varias generaciones. Sus investigaciones, volcadas en varias publicaciones, alguna dedicada a la lírica ('La poesía de Borges y otros ensayos'), su labor metodológica y su exhaustivo conocimiento del Derecho le llevaron a alcanzar el aplauso internacional y con él en sus manos a participar del palmarés de los Premios Príncipe de Asturias. Destacado con el de Ciencias Sociales, compartió orla con el poeta andaluz Pablo García Baena y el gran historiador madrileño Claudio Sánchez Albornoz. Le auparon al podio, entre otros, Tierno Galván y Rodrígo Uría. Corría el año 1984 y este profesor y jurista ya había dado muchos grandes pasos. Como subrayaba entonces el jurado, su labor investigadora y docente tenía una «marcada influencia en la renovación científica del derecho administrativo y en el enfoque de otros sectores del derecho público». Había sabido, argumentaba el acta, «conciliar el rigor de las formalizaciones teóricas con la dimensión práctica de los problemas». Pero la labor de García Enterría fue sumando después de aquel año nuevos frentes.

Fundador junto con Fuentes Quintana de la Escuela Libre de Derecho y Economía de Madrid, fue presidente de la Federación Internacional de Derecho Europeo (FIDE) y participó en el Comité Louis encargado de redactar un proyecto de disposiciones para la Unión Económica y Monetaria Europea, que se publicó en Bruselas en 1989. Investido doctor honoris causa por la Sorbona, la Universidad de Bolonia, la de Valladolid, la de Cantabria y, entre otras, también la de Oviedo, se le considera la personalidad que fue capaz de construir un derecho administrativo durante el régimen de Franco en el que «ya se abría paso a las estructuras y principios del derecho público y del Estado de la democracia que surgió de la Transición». Gracias a su obra teórica, el cambio de régimen pudo hacerse sin apartarse de la ley. Los expertos aseguran que «todo lo que desde nuestra perspectiva actual se considera clave para la democracia», tanto el Estado de Derecho como la separación de poderes, y otros principios, «se basan en el derecho que elaboró este respetado jurista. De hecho, la Constitución de 1978 «se inspiraría en algunos de sus principios y doctrinas de manera literal».

Experto en legislación comunitaria, fue uno de los seis juristas que integró la comisión encargada de redactar el proyecto de Constitución Europea. En 1993 fue elegido académico de la Real Española. En el 96 entra en el Grupo de Expertos de Previsión Económica de la Unión Europea, formado por los Siete Sabios. Tan solo 11 años formó parte del grupo de expertos encargado de revisar el marco de competencias entre el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo.

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