«Ahora le toca hablar a la ciencia»

Los 'cerebros' de la Finba la quieren «alejada de vaivenes ideológicos, porque es un logro de toda la sociedad asturiana»

AZAHARA VILLACORTAOVIEDO.
Agustín Hidalgo, Mario Fernández Fraga, Carlos López Larrea y Carlos Suárez, en el Central. ::                             MARIO ROJAS/
Agustín Hidalgo, Mario Fernández Fraga, Carlos López Larrea y Carlos Suárez, en el Central. :: MARIO ROJAS

Estará ubicada en el viejo Psiquiátrico de Oviedo, pero ha dejado de ser la locura de un puñado de iluminados. «Los asturianos que están fuera leen la prensa de Asturias. Eso es un hecho. Y hoy he recibido un email de una investigadora ilusionada tras ver la noticia en la prensa. Sí: ilusión es la palabra exacta. Se llama Covadonga Huidobro y está trabajando en Edimburgo, en uno de los mejores laboratorios del mundo en nuestro campo. Y en el correo me decía: ' A ver si, con la Finba, por fin podemos crear una estructura fuerte de investigación en Asturias y logramos volver a casa'».

Cuenta Mario Fernández Fraga, especialista en epigenética, recién llegado a la región cargado de ganas, un 'número uno' en lo suyo, que ese mensaje en su ordenador «es el ejemplo claro» de lo que va a suponer para el Principado la nueva Fundación para la Investigación e Innovación Biosanitaria (Finba), que acaba de nacer tras un proceso que se ha prolongado mucho más de lo necesario, según sus máximos impulsores, «por razones que hay que preguntarles a los gerifaltes de la comunidad».

«Hasta ahora ha hablado la política y ahora le toca hablar a la ciencia. Soy el último que llegué, pero ya he visto lo que hay. Y es cierto que hay grupos en el hospital que están funcionando bien, pero la Finba va a permitir que se coordine toda esta investigación y se haga de forma compacta. Ahora está dispersa. Esto va a ponerlo todo en contexto y a crear una investigación con una identidad clara y una gestión centralizada», empieza Fraga, ya entregado.

Según este experto, «uno de los grandes valores añadidos» de la fundación es «la flexibilidad a la hora de atraer a ese investigador de 30 años que, a lo mejor, ha publicado dos o tres 'Natures' en Harvard. Traerlo puede ser una posibilidad real y para mí ésta es una de sus grandes justificaciones». Las gentes que llevaban más de una década esperando el alumbramiento, personas como el catedrático en otorrinolaringología Carlos Suárez, convertido en su director científico, o como Carlos López Larrea, jefe de Inmunología del HUCA, también andan entusiasmados ante «un logro de toda la sociedad asturiana» que, como tal, «debe mantenerse alejado de los vaivenes ideológicos».

Los promotores del proyecto desde sus inicios, allá por 2002, ya tienen una hoja de ruta clara que cuenta con el respaldo del Gobierno regional y de la iniciativa privada: las 10 empresas que actúan de patronos aportarán 2,5 millones, a razón de 50.000 euros anuales cada uno durante cinco años. Pero Larrea recomienda que «al empresario hay que apretarle para que la aportación sea continua». Y lo mismo subraya el catedrático de Medicina Agustín Hidalgo: «Una de las bondades de esta iniciativa es que, por una vez, el empresariado atiende al llamado de la ciencia, independientemente de quien lo haya llamado, y va a poner los cuartos. Es la forma más adecuada de contrarrestar la nefasta política científica que está haciendo el Estado, una estupidez y exactamente lo contrario a lo que hay que hacer para no bajar en la tan cacareada competitividad. Estamos en crisis, pero vamos a hacerlo. Vamos a aprovechar este momento que por fin ha llegado».

Científicos limpiando WCs

La situación se ha vuelto insostenible para muchos que se ven obligados a irse, investigadores de primer nivel que limpian WCs en el Reino Unido, sigue Hidalgo, en representación de la Universidad, uno de los puntales del consorcio que la Finba deberá crear para acreditarse ante el Instituto Carlos III. Y, «por eso, esto es tan importante, porque aumentará el nivel de producción, se hará una política de empleo muy cualificadoy, finalmente, porque, si alguna vez tenemos un equipo de gobierno en la Universidad con la cabeza despejada, podrá hacer política académica. Ahora lo tenemos, pero los pobres están metidos en unas crisis presupuestarias que, cuando uno tiene hambre, sólo ve hambre. Por eso es importante que los empresarios se rasquen el bolsillo, porque Mariano no nos da nada».

La otra pata de la Finba (que dispondrá de 28 laboratorios de investigación y que estará comunicada a través de un túnel con el nuevo HUCA) será la formación, garantizar el relevo «desde abajo», pero, antes, la maquinaria debe echar a andar, «tendrá que firmarse un documento notarial para tener efectividad jurídica».

El segundo paso será crear un comité científico externo que será el encargado de realizar la selección de grupos que trabajarán en el futuro instituto de investigación y, simultáneamente, el patronato tendrá que designar la junta rectora de la Finba, a la que corresponden les asuntos de gobierno, de dirección, del día a día.

Todo, mientras se trabaja «en la elaboración del documento para la acreditación ante el Instituto Carlos III, un proceso «prolijo» que llevará «alrededor de dos años» y que les permitirá participar en concursos de ayudas científicas, precisa Carlos Suárez, que no tiene duda de que lo conseguirán, pese a que, aunque en España convivan 37 fundaciones similares a la que ahora crea Asturias, sólo 19 la han logrado: «Es una apuesta difícil, pero estamos convencidos de que nos vamos a acreditar. No nos pueden dejar fuera».

«En paralelo, se sacará a concurso el mobiliario de los laboratorios y alguna obra de albañilería, y se comprará material de uso común», resume Suárez las tareas pendientes para echar a rodar, antes de señalar que «el plazo máximo para ocupar las instalaciones es septiembre de 2014».

«Podía haber habido un instituto hace años, pero lo impidió la estupidez ambiental», zanja Hidalgo, quien está, como todos los que ven en la Finba una fuente de recursos generados por la propia investigación, por la labor de olvidarse de quienes pusieron piedras en el camino. A quienes dijeron que sería «un chiringuito en manos de los socialistas», les llaman «ignorantes que no pasan de Pajares», y a aquéllos que alertaron del riesgo de privatización recuerdan que «una vez constituida, la Fundación es de interés público y no es posible que nadie entre como un elefante en una cacharrería. Hay muchos esfuerzos acumulados de muchísima gente. Asturias era una de las pocas comunidades sin una fundación así. Estaba a la cola de España y tiene que estar en el mundo».