«Escribir para mí significa todo»

El autor madrileño, residente en Zaragoza, obtuvo el galardón por una obra en la que relata la enfermedad y muerte de su hijo, Pablo Sergio del Molino Ganador del XXXV Premio Tigre Juan

ALBERTO PIQUEROOVIEDO.
«Escribir para mí significa todo»

Sergio del Molino (Madrid, 1979) ha sido junto a Marta Sanz, el ganador ex aequo del XXXV Premio Tigre Juan, en su caso por la novela, que define como «diario íntimo», 'La hora violeta' (Editorial Mondadori), donde relata en primera persona la dolorosa y crucial experiencia de la muerte de su hijo, Pablo.

-¿Cómo se puede abordar literariamente una vivencia tan extrema?

-Es durísimo, algo que no querría haber escrito nunca, la historia de una paternidad maldita. Es el horror. Y, en realidad, acabo escribiendo más que de la enfermedad y muerte de mi hijo, de mi propio sufrimiento.

-Francisco Umbral trazó una obra similar en 'Mortal y rosa'. ¿Hay algún parecido?

-Bebo directamente de 'Mortal y rosa'. Ya era umbraliano antes de padecer la muerte de mi hijo; pero ahora lo entiendo mucho mejor. No obstante, mi enfoque es distinto. La admiración que mantengo por él es problemática. No entiendo, por ejemplo, ese pudor extraño que tiene a la hora de referirse a su hijo, al que alude como 'el niño'. Mi hijo Pablo, con su nombre, está presente desde la primera página.

-¿Cuál es el impulso o el propósito último de un libro tan descarnado y doliente?

-Es un diccionario de una sola entrada, de la búsqueda de un sentido. Cuando se muere una de las dos personas de una pareja, quien sobrevive se declara viudo; si se mueren los padres, los hijos asumen que son huérfanos; pero ¿cómo se llama el padre al que se le muere un hijo?... No hay definición. Y esa es la búsqueda.

-Yendo al plano estrictamente literario, en las palabras de agradecimiento que pronunció tras recibir el premio, mencionó a Christopher Donner y su ensayo 'Contra la imaginación', de forma elogiosa. Sin embargo, ¿por muy realista que sea una novela, no incorpora también ficción?

-Sí. Del mismo modo que por muy imaginativa que sea, también integra elementos autobiográficos del autor. Todo es ficción y todo es autobiográfico. Lo que creo es que hay experiencias que no necesitan mayores sofisticaciones literarias. O que 'La Regenta' seguiría siendo igual de importante si Oviedo se mencionara como Oviedo y no como Vetusta.

-Más allá de la literatura, ¿qué opinión tiene acerca de la cultura en nuestro país?

-Qu está en quiebra o demolición. En España, la cultura ha estado tradicionalmente en manos del Estado. No tenemos el hábito de los magnates filantrópicos. Y si el Estado se retira, como está haciendo, sin una transición para que alguien lo sustituya, caminamos hacia el desastre. Se ha puesto en marcha una Ley de Mecenazgo, sí; pero que carece de contenidos. El futuro inmediato -no sé mirar más lejos- parece abocar a una cultura de aficionados, que no es nada buena para un país desarrollado.

-Acabando casi por dónde empezamos, ¿qué significa escribir para usted?

-Es todo. El propio duelo de la muerte de mi hijo no hubiera sabido asumirlo sin el recurso de la escritura. Por lo demás, no se trata de cambiar el mundo, sino de llegar a la mesilla de noche de un lector, de compartir.