La ciudad en blanco

Celebra su segunda Noche Blanca, la primera de forma independiente El Ayuntamiento diseña una programación diversa, logra abrir edificios y recupera su memoria

ANA SALAS
El fantasma del Carbayón resucitó en la calle Uría. ::
                             MARIO ROJAS/
El fantasma del Carbayón resucitó en la calle Uría. :: MARIO ROJAS

Oviedo quiso recuperar su memoria en esta Noche Blanca. Mirando al pasado, en algunos casos con cierta nostalgia, pero desde una óptica totalmente contemporánea logró una programación diversa para una velada en la que el tiempo animó a los ovetenses a disfrutar, en muchos casos al aire libre de más de una decena de espectáculos distribuidos en varios emplazamientos de la capital, dejano imágenes de calles repletas y colas.

El Carbayón revivió en la calle Uría después de 134 años de ausencia y el cielo se iluminó a medianoche con centenares de globos soltados desde la plaza de la Catedral. Los ovetenses dibujaron su ciudad y descubrieron espacios poco frecuentados. Las Pelayas oraron con público y la fábrica de gas reabrió sus puertas después de más de un cuarto de siglo clausurada (desde que dejó de tener actividad) para dar cabida a una instalación artística.

Incluida en la programación europea de noches blancas, la capital asturiana es la única ciudad española que se suma a la red de urbes que forman parte de este proyecto para una velada de cultura ambulante.No cerró el Edificio Histórico de la Universidad; el Conservatorio Superior de Música de Asturias permitió conocer su jardín; el Campo San Francisco se convirtió en una especie de teatro al aire libre; el patio de entrada del Museo de Bellas Artes se transformó en un pequeño auditorio; la Fábrica de Gas se convirtió en parte de una instalación artística; Trascorrales fue por una madrugada espacio para un minifestival de música electrónica; la plaza de la Catedral punto de encuentro para una suelta colectiva de globos con luz; la calle Uría se cerró al tráfico y apagó su luz. La noche del 5 de octubre de 2013, noche de luna nueva, llamaba a eso: a apagar farolas para encender espectáculos. Y fue lo que ocurrió en el centro de la capital. El buen tiempo, además, animó a los ovetenses a participar en esta Noche Blanca con multitud de escenarios y actividades. A muchos les costó elegir o se quedaron fuera por problemas de aforo pero el programa permitía seguir una trayectoria y ver casi todo. Lo primero empezó en el Paraninfo. La exposición 'La construcción histórica de la ciudad' parecía inaugurada ex profeso para una jornada cultural en la que los responsables querían recuperar la memoria de la urbe. Allí, Fernando Beltrán, acompañado por Jaime Herrero, Javier Cuervo y Pablo Moro (todos se conocían antes de la cita de ayer), leyó tres poemas sobre su 'lloviedo', esa palabra que se inventó hace ya dos décadas para definir su «yo, la lluvia y Oviedo». Residente en Madrid desde los nueve años, reconoce que idealizó una ciudad que le ha acompañado durante toda su vida y que le produce «alegría, emoción y escalofrío». Mientras el poeta leía, decenas de personas hacían cola en el exterior de Las Pelayas, para escuchar a las benedictinas cantar completas. No todos lograron entrar al cenobio. La abadesa, entre una gran ovación, anunció que volverían a abrir las puertas de su clausura para los que se quedaron fuera.

Muchos del centenar de artistas que participan en esta Noche Blanca son asturianos (u ovetenses) que viven fuera. Anoche volvieron. Es el caso de Panci Calvo, que guardaba una de las grandes sorpresas de la noche: la recuperación del Carbayón, o «su fantasma». Para recrear la envergadura del árbol (30 metros de altura y nueve de diámetro en su base) talado el 2 de octubre de 1879 instaló dos andamios en el lugar donde se ubicaba. De ellos colgó cuatro cables de acero y 24 banderolas de tul sobre las que proyectó, tomando un grabado de finales del siglo XIX, el Carbayón. El viento se encargó de darle movimiento ante la mirada de cientos de personas que lo contemplaron durante toda la noche. Su autor no buscaba una «imagen espectáculo». Quería sugerir una «reflexión, basarme en el origen y ubicar el árbol», pero logró impactar a quienes vieron aquellas telas bambolearse como si realmente el Carbayón nunca hubiera estado «completamente seco y herido de muerte», como excusaron para cortarlo.

A su lado, el colectivo Children of Darkling trataba de que la luz no estropease su fotografía de larga exposición con la que querían 'dibujar' el mosaico de Antonio Suárez del Paseo de los Álamos. Ya no afectaba al luminoso con la leyenda 'La fiesta terminó' que Fiumfoto instaló en Uría con Gil de Jaz y dejó hasta entrada la mañana «cuando inicia tímidamente el día» y concluye la Noche Blanca, apuntó Cristina de Silva Marbán, una de las componentes.

Desde aquí, la noche continuó en el Campo, donde Rabos de Lagartija y 21 artistas recrearon nueve escenas de 'Salvia mater'. Separadas a poca distancia dejaban libertad al espectador para estar el tiempo que considerara o verlas en el orden que gustara para formar su propia lectura. «Algo parecido a 'Rayuela'» describió Ana Fernández responsable de la compañía que ayer hizo al público sentirse como un habitante nocturno de este parque urbano tan transitado de día.

Jacobo de Miguel estrenó su 'Uno' de piano en el Bellas Artes poco antes de que en la plaza de la Catedral Studio Banana se produjera la gran quedada para una suelta de globos colectiva. El estudio del ovetense (y japonés) Key Portilla Kamamura ideó una acción colectiva para «un momento mágico» que requería la participación ciudadana con la que «generar una pieza única» con «vida propia». En cierto modo, «el reflejo de la ciudad», apuntó Ali Ganjavian, socio fundador del estudio con sede en Madrid.

Desde la capital, el ovetense Sergio Baragaño llevó sus contenedores industriales a la Fábrica de Gas para su 'Soñando el mar', una performance con una propuesta audiovisual que empezaba cada hora con la que «despertar un espacio de la ciudad cerrado al público».

Desde luego el tiempo estaba justo para ir de un lado a otro viéndolo todo lo programado, pero el público decidió dónde parar y qué observar. Si el teatro de sombras de Luz, micro y punto en el jardín del Conservatorio; la batalla de pintores (José Luis Riestra, Rafa Dueñas y Samuel Armas) en Cervantes 6; la música electrónica de Las CasiCasiotone en el Edificio Histórico; la obra de Elena Rato y Manuel Villanueva en la Sala Borrón acompañada de la música de Ciudad Bambú; el estreno del nuevo disco de Lucas 15 en el teatro Filarmónica; o bailar de madrugada en el after de Visiónica en Trascorrales con la música de José Padilla que por primera vez pinchaba en la región; o escuchar el folk de Fee Reega y Pablo Und Destruktion.

Una noche, la de ayer, que sirvió para marcar un nuevo camino cultural en la ciudad, según avanzó en la presentación el alcalde Agustín Iglesias Caunedo. Una programación que ha sido alabada por distintos colectivos (también por los artistas) por considerarla diferente a la cotidiana; una programación que sin embargo, ha dejado fuera, por su diseño precipitado, a buena parte de las galerías privadas de la ciudad. Una Noche Blanca que fue «un éxito rotundo con los ciudadanos volcados en la calle», presumió Agustín Iglesias Caunedo y «con programa hasta las 4 de la mañana».

Una noche que Oviedo organizó por segunda vez aunque, en este caso, sin Gijón ni Avilés. Se dieron la mano cuando querían ser Capital Cultural Europea, una candidatura que acabó separándolas. Cada una por su lado, cuatro años después, triplican las noches en blanco.