Por la senda literaria de 'La aldea perdida'

En el 160 aniversario del nacimiento de Palacio Valdés, revive su novela más popular

ALBERTO PIQUEROENTRALGO.
Flora, la tía Jeroma, Mary Pepa y doña Rosenda, de cotilleo. ::                             PARDO/
Flora, la tía Jeroma, Mary Pepa y doña Rosenda, de cotilleo. :: PARDO

Once de la mañana del domingo en el pueblo de Entralgo (Laviana). Aquí vino al mundo hace ciento sesenta años (el aniversario fue el pasado viernes), Armando Palacio Valdés. Ante la casa natal del escritor, acudiendo a la convocatoria del Ayuntamiento del concejo, un grupo de unas quince personas y cuatro chiquillos se apresta a iniciar la senda de 'La aldea perdida', su novela más popular, cuyo itinerario está señalizado por sucesivos letreros en el camino. Luce un espléndido sol que ha ido retirando las nubes de «las negras moles de la Peña Mea a la derecha, con su fantástica crestería de granito; de la Peña Mayor a la izquierda, más blancas y más suaves, aunque no menos enormes», según escribe el autor en la obra de referencia.

Quedan tres horas por delante para deleitarse ante algunos de los parajes que comparecen en las páginas, aliñados por la teatralización del elenco que revive los episodios, perteneciente a 'El Trasgu La Fronda'. También emprenden la marcha la concejala de Cultura, Inés García, y la historiadora Rosa A. Campal, que ilustrará acerca de la iglesia de Villoria con su portada románica y respecto de la iglesia de Entralgo, donde se celebraba la romería del Carmen y lugar de los funestos sucesos con los que concluye la narración y que dan pie a la sentencia de César de las Matas de Arbín: «Decís que ahora comienza la civilización... Pues bien, yo os digo..., ¡oídlo bien!... ¡Yo os digo que hora comienza la barbarie!». El final de un mundo rural y la apertura de la industrialización minera.

Tienen gracia y campechanía las estampas que van ofreciendo por el circuito los miembros de 'El Trasgu La Fronda', incorporando personajes secundarios de la novela, desde la recepción que hace Mary Pepa (Marta Fernández) a doña Rosenda (Violeta González), el lagarero Martiñán (Juanjo Canteli, que asimismo deparará un buen susto representando al malvado Plutón, arma en ristre, sorprendiendo a los peregrinos en el recodo umbrío de una cuesta); la tía Jeroma, madre del indómito Bartolo que escapó de Firmo de Ribota escondiéndose en un tonel de sidra (María Jesús González) o Flora (Bárbara Canteli, que cuenta con desparpajo que la protagonista de la novela, Demetria, no acude a estas citas porque era «muy sosina»).

En el día de ayer, el pelotón literario estuvo compuesto fundamentalmente por vecinos de Laviana y una bonaerense a la que no pudimos entrevistar, pues acaso por lo empinado del recorrido, cejó en el empeño. No obstante, Juanjo Canteli explicaba que habitualmente vienen alumnos de distintos colegios asturianos y también curiosos foráneos que suelen acomodarse por las casas rurales del extraordinario entorno. La edil de Cultura adelantaba a este periódico proyectos museísticos centrados en 'La aldea perdida', una novela que como declaró a este periódico en ocasión anterior el prestigioso hispanista francés Jean-François Botrel, «tiene las condiciones de una obra clásica».