De vinos y cañas con el arte como fondo

El pintor gijonés elige la Catedral o el mercado de El Fontán como escenarios favoritos para la muestra en el bar de la plaza San Miguel El artista Roberto Díaz de Orosia expone 16 cuadros en la vinoteca La Moderna

MARÍA LASTRAOVIEDO.
Díaz de Orosia en La Moderna, con sus pinturas detrás. ::                             MARIO ROJAS/
Díaz de Orosia en La Moderna, con sus pinturas detrás. :: MARIO ROJAS

Lamenta Roberto Díaz de Orosia que «que cada vez menos gente visita las galerías». Toca, por tanto, buscar alternativas y «qué mejor forma que traer el arte al bar». Aquí los clientes parecen asegurados. Esto es lo que ha pensado el artista asturiano, o mejor dicho su amigo Vicente Merino, propietario de La Moderna en la plaza San Miguel. Desde hace unas semanas Díaz de Orosia expone parte de sus obras en esta vinatería ovetense. Una idea que pintor y hostelero llevaban gestando desde hace un año.

En 2012, Roberto Díaz de Orosia diseñó una etiqueta para un vino de Cangas, con el que Merino ganó la Nariz de Oro. Desde entonces, el contacto ha ido a más y la amistad «es fuerte». Para celebrar el noveno aniversario de su vinatería, Merino quería hacer algo especial. La idea de traer cuadros de su amigo Orosia al local ya se le había pasado por la mente en varias ocasiones, y esta vez decidió proponérselo. El artista no se lo pensó.

En las paredes del local pueden verse un total de 16 cuadros, una pequeña muestra de su pintura de denuncia, de exaltación de la tierra, de erotismo, de arte vital, llena de carácter y autenticidad y, por supuesto, con un importante acento ovetense. Y es que este gijonés reconoce no tener sentido territorial. «Soy un ciudadano del mundo», explica, y Oviedo es una de sus debilidades. El mercado de El Fontán y la plaza de la Catedral se repiten en sus obras y en esta pequeña exposición.

Vida urbana

Sus escenas callejeras se manifiestan como enérgicas e inmediatas visiones de movimientos fugaces de gentes y de objetos, una alegoría casi del significado humano de la vida urbana. Pero en La Moderna también puede verse su pasión por el mundo del cabaret, por la España cañí o el Caribe, todo impregnado de sus colores característicos. Lo que no hay en la muestra son ejemplos de su arquitectura, aunque sí está en el bar. Merino se lo recuerda: «Mira esa jarra, Roberto». La coge y dice: «No puede negarse que es mía». Una mujer desnuda aparece tallada en la barrica. El autor afirma sonriendo que es «para animar a beber». Por ahora sus pinturas están consiguiendo algo más.

Los vinos y las cañas ya no solo se acompañan de la música de ambiente, sino también de la pintura. «Aquí el objetivo no es vender», reconoce De Orosia. Aunque los interesados pueden preguntar a Merino y les pondrá en contacto con el artista. Su próxima exposición será a finales de año en Cervantes6.

Mientras llega, la muestra de La Moderna seguirá en el local hasta Navidades. «Los vinos ahora llevan como aperitivo el arte», sugieren.