«El chino es el futuro junto con el inglés»

La necesidad de diferenciar el currículum y la fascinación por el país asiático son algunas de las motivaciones de los estudiantes Las escuelas de idiomas de Gijón y Oviedo inician los cursos de una lengua con 1.325 millones de hablantes

AZAHARA VILLACORTAGIJÓN.
«El chino es el futuro junto con el inglés»

Wu Hang estaba como un flan ayer por la tarde. La joven, que apenas lleva dos semanas en España, se enfrentaba a su primera clase como profesora en la Escuela Oficial de Idiomas de Gijón, que inauguró el curso de chino con una docena de alumnos en el primer grupo, el de los pioneros. Algunos de los que, días atrás, colapsaron el centro gijonés y su homólogo ovetense, que este año estrenan la oferta de una lengua que hablan 1.325 millones de hablantes para 200 estudiantes (un centenar en cada uno de ellos, en el nivel «principiante absoluto») con una demanda inesperada: en Oviedo se cubrieron las cien plazas en apenas una hora y en Gijón ocurrió algo similar.

Sin libros de texto, lo primero que hizo Wu Hang, tímida y menuda, de negro riguroso, fue repartirles unas hojas que les servirán de guía fonética, porque, según los expertos, en los niveles iniciales del aprendizaje, la compleja grafía que tanto asusta no es lo más importante, sino, más bien, el estudio de los sonidos.

Lo sabe bien uno de los estudiantes, el vasco asentado en Gijón Gontzal Urquijo, 52 años, empleado de limpieza en la Residencia Mixta de Pumarín, que no se encuadra exactamente en el 'nivel 0' de destreza, sino que ya cursó por su cuenta los dos niveles iniciales del idioma «en una academia» impulsado por su fascinación por el gigante asiático, y que se declaraba «contento» porque ya no tendrá «que volver a ir a examinarse a León» para certificar sus conocimientos.

«Me atrae muchísimo la cultura china, conozco a muchos chinos y ya he estado allí», contaba un entusiasta Gontzal, que se ha matriculado en la escuela oficial de idiomas con la esperanza de «repasar, porque siempre que se aprende un idioma se adquieren muletillas que hay que corregir», y con la certeza de que «es más fácil de lo que parece».

Con él llegaban dos amigas, también apasionadas de la cultura milenaria tras realizar el mismo viaje: la venezolana Sheila Ferrer y la argentina Cristina Kraus, asistenta, que tenía clara la meta: «Aguzar el oído» para soltarse a hablar más allá del «hola, qué tal», que ya domina. «Me gustaría irme a vivir allí, porque China es misteriosa, muy diferente a nosotros. Son muy reservados y se asustan si ven invadida su intimidad, pero, una vez pasado el primer momento, son personas muy educadas y agradables».

Y, junto al grupo de convencidos, estaba el de quienes esperan ganar enteros en sus carreras profesionales aprovechando el convenio entre el Principado y el Instituto Confucio. Como Patricia Martínez, 34 años, ingeniera química que trabaja en el campo de las ciencias ambientales que ya se defiende en inglés y alemán. O como Cristina Álvarez, desempleada por el sector de la telefonía, para la que era su primera aproximación a los caracteres del mandarín -«No se nada de nada»-, pero que mostraba una fe inquebrantable en una lengua que también estudia, casi desde bebé, la infanta Leonor: «El chino es el futuro junto con el inglés».