Hinojo de roca único en el mundo

La conferencia del biólogo sobre 'Nuevas plantas, nuevas clasificaciones. ¿Autocomplacencia o necesidad?' se centrará en su espectacular hallazgo José Antonio Fernández presenta en el Botánico la planta descubierta en Somiedo

A. AUSÍNGIJÓN.
Hinojo de roca único en el mundo

Hace unos días, el micólogo Francisco Casero daba cuenta de la existencia en el Monte Deva de una rara seta subtropical, la 'favolaschia calocera', con origen en Madagascar, Tanzania y Nueva Zelanda; y con únicas referencias europeas en Liguria (Italia) y Gijón. Una microseta de color amarillo chillón que reaparece cada otoño en la madera muerta. Esta tarde, a las siete, en el Jardín Botánico, le tocará el turno a una planta única en el mundo descubierta en Somiedo: el hinojo de roca.

Crece en las fisuras de la caliza, es de color verde, un tanto 'despeinada' y la coronan unas singulares flores blancas con cinco pétalos cada una. Esta planta vascular única en el mundo será presentada en sociedad en el Botánico por uno de sus descubridores, el biólogo José Antonio Fernández Prieto (profesor titular del área de Botánica del Departamento de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo), a quien acompañó en su hallazgo Eduardo Cires (investigador en el Institute of Science and Technology de Austria y Premio Extraordinario de Doctorado de la Universidad de Oviedo en 2013).

El hinojo común es una planta verde de flores amarillas con un olor muy característico y un importante uso para encurtidos, aliños y salsas, especialmente en Andalucía. El hinojo de roca hallado en Somiedo tiene la flor blanca y se localiza en un área muy específica, de unos 10 kilómetros cuadrados, definida por los ríos Somiedo y Saliencia, entre los enclaves de La Malva y Valle del Lago, situados a una altitud que oscila de los 650 a los 1.500 metros. Su nombre científico es 'rivasmartinezia vazquezii' y su relevancia alcanza el ámbito internacional.

Diez años de investigación

El título de la conferencia de Fernández Prieto, colaborador habitual junto a Cires del equipo científico del Botánico, es 'Nuevas plantas, nuevas clasificaciones. ¿Autocomplacencia o necesidad?'. Para enmarcar la trascendencia del descubrimiento, el biólogo explicará la metodología de trabajo que se sigue para llegar a la conclusión de que estamos ante una especie no catalogada.

Ante la interrogante de si quedan plantas desconocidas para la ciencia en territorios que se suponen bien prospectados como los europeos, la península Ibérica o, en particular, Asturias, el biólogo replica: «Es claro que menos que en otros territorios más biodiversos y menos prospectados, pero eso no excluye el descubrimiento de alguna, habitualmente de distribución reducida, poco frecuente y de un grupo sistemático especialmente rebelde al análisis».

Cuando eso sucede, explica, se inicia un largo proceso, en ocasiones de «más de un decenio», en el que se revisa la información preexistente, se usan métodos distintos, más o menos novedosos, para su caracterización, su diagnosis frente a las afines, investigar su distribución geográfica y el hábitat en que se desarrolla, intentar descubrir sus ancestros y su filogenia. Y si los resultados lo permiten, concluir que se trata de una planta no conocida cuyas afinidades permitirán establecer cuál es su clasificación más adecuada.

«Entonces, no antes, es el momento de la publicación, en la revista científica oportuna y después de revisiones más o menos profundas y prolongadas, de la nueva planta, su nombre, su sistematización... y para ello atenerse al Código Internacional de nomenclatura para algas, hongos y plantas». De todo ello hablará hoy en el Jardín Botánico.

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