Los trabajadores del Dindurra reciben la carta de despido y el local cierra

Los trabajadores han recibido a primera hora de la mañana las cartas de despido | El local cuenta con 114 años de historia

OLAYA SUÁREZ | GIJÓN
Los trabajadores del Dindurra reciben la carta de despido y el local cierra

Tertulias con nombre propio, rincones reservados día a día para el mismo grupo de clientes, partidas de dominó, entrevistas ante un café, aperitivos antes y después de misa y sin misa en la terraza o dentro y una parte de arriba única para preparar exámenes. Parada obligatoria en el paseo de Begoña. Un punto de referencia. El lugar donde quedar para no perderse. El Dindurra es eso y mucho más, pero el fallecimiento de la dueña del café, la hostelera Margarita Huerta García, el pasado lunes, a los 86 años, deja en el aire la continuidad de su historia. El hijo de Margarita, muy afectado ayer por la muerte de su madre, aseguró a EL COMERCIO que no quiere continuar con el negocio familiar. «No quiero seguir con el Dindurra, estoy cansado y no me siento con fuerzas, además tampoco son tiempos maravillosos», aseguraba Rafael Nosti, al ser preguntado por el futuro del café. De hecho, los trabajadores han recibido ya sus cartas de despido. A sus 51 años, Rafael quiere dar carpetazo a un local al que lleva vinculado desde hace 24, prácticamente toda una vida a la que ahora pretende dar un giro. «Tengo derecho a cambiar de vida, ya antes trabajé en el Auseva y siempre he dicho que en cuanto mi madre faltara lo dejaba y así lo voy a hacer. No sé si me irá bien o mal, ni qué será de mi vida, pero ya no la veo vinculada al Dindurra». Estas intenciones dejan en el aire la reapertura del emblemático café, ayer cerrado por defunción, tal y como se podía leer en un cartel en su escaparate: «En realidad no debería volver a abrirse porque yo no soy el dueño. Yo soy un empleado y como tal estoy dado de alta». Junto a Rafael Nosti trabajan en el Dindurra atendiendo sus mesas, en la barra y en la cocina un total de trece empleados que ayer vivían la incertidumbre de su futuro laboral. Hay que tener en cuenta que la familia Nosti no es propietaria del inmueble sino del negocio hostelero y que es más que probable que los propietarios del local, la familia Ortiz, revise una renta hasta ahora de las consideradas antiguas. Esa circunstancia, la actual situación de crisis y la intención del heredero del negocio de cambiar de aires, dan al traste con un lugar histórico de la ciudad que, fundado en 1899, estaba apunto de cumplir los 114 años como referencia de la hostelería gijonesa.

«Un vacío legal»

Tal y como admite Rafael Nosti, en estos momentos se produce «un vacío legal» al fallecer la propietaria del Dindurra, a la sazón titular del contrato de alquiler por lo que la empresa debería disolverse: «Tengo que mirar muy bien la situación legal en la que quedo y arreglar unos papeles, pero me imagino que el contrato de alquiler se extingue con la muerte de la persona que lo firmó, es decir, mi madre». Ahora bien, tampoco puede descartarse que el resto de los empleados se hagan cargo de la cafetería, dado que el contrato del alquiler se prolonga aún hasta 2015, aunque lo harían entonces sin la tutela de la familia que lo ha regentado durante las últimas décadas.

Consciente de la repercusión que puede tener en la ciudad la noticia del cierre de un local tan emblemático y que forma parte de la memoria colectiva de los gijoneses, Rafael Nosti apostilla: «Espero ser comprendido porque yo también tengo derecho a hacer mi vida».

Los empleados del café se mostraron ayer pesimistas por el futuro, aunque nadie les había notificado nada de manera oficial por lo que hoy, una vez superado el cierre por luto, acudirán a sus puestos de trabajo. Además, barajan la posibilidad de ponerse en manos de un abogado laboralista con el fin de que les asesore en esta coyuntura. Los compañeros de Rafael Nosti aseguran que ya en ocasiones anteriores se habló de la posibilidad de clausurar el local, lo que nunca hasta este momento se había llegado a cumplir. La muerte de Margarita Huerta sí les deja preocupados porque, tal y como también comenta su hijo, «siempre dijo que en cuanto su madre faltara lo dejaría. Muchos de los empleados del Dindurra llevan más de veinte años trabajando en el café, pero por esa misma razón insiste Rafael Nosti en recordar que «yo soy un empleado más».

El Café Dindurra fue fundado en 1899. Su situación, anexo al Teatro Jovellanos, no solo le dio una proximidad al mundo del arte, la bohemia y la farándula sino que su puerta interior conectada con el vestíbulo del coliseo le convirtieron en testigo de todo lo que acontecía cerca del escenario. Enclavado además en el paseo de Begoña, su fachada ecléctica obra del arquitecto Mariano Marín Magallón y sus característicos interiores, firmados por los arquitectos Del Busto en la reforma de los años 30 le confirieron siempre esa solera y sabor especiales que Gijón se resistirá a perder.