La vuelta al mundo a través de las aves

El experto ornitólogo Daniel López cautiva con sus vivencias en el Aula de Cultura de LA VOZ ante un auditorio a rebosar

J. F. GALÁNAVILÉS.
La vuelta al mundo a través de las aves

Ameno, cercano, simpático, didáctico, Daniel López Velasco (Avilés, 1987), cautivó con su relato a los asistentes a la charla que pronunció ayer en el Centro de Estudios Universitarios, en el marco del Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS como organizadora, junto con el Grupo Mavea. Fue un viaje por los cinco continentes, una aventura, una expedición en toda regla al más puro estilo Coronel Tapioca. Desde el desierto del Sáhara hasta la Baja California (México), pasando por la sabana africana, la exótica Costa Rica, la salvaje Papúa Nueva Guinea (Indonesia), Nueva Zelanda, nuestras antípodas, y por las gélidas y ventosas islas subantárticas.

Como hilo conductor, los pájaros, desde el más pequeño, el colibrí, más o menos como un meñique, hasta el más grande, el poderoso albatros, con sus más de tres y medio de envergadura. Al final el público bombardeó al ponente con un aluvión de preguntas. Y público había mucho, muchísimo, y variopinto, desde niños hasta adultos. Tanto que excedía con creces la capacidad de la sala. Estaba a rebosar, materialmente. De pie en los pasillos, sentada en el suelo... Incluso fuera, casi en la calle. Hubo que dejar las puertas abiertas.

«Nunca me hubiera imaginado que viniera tanta gente a oírme hablar de algo tan raro». Fueron las primeras palabras de Daniel López Velasco, un joven médico que apenas iniciada su carrera en el área de psiquiatría del gijonés hospital de Jove cambió la bata por el traje de aventura. Y todo gracias a los pájaros. Su afición por los animales alados comenzó en la ría. Con apenas seis años ya era capaz de identificar a la mayoría de las aves que acuden invernar o simplemente a alimentarse a Zeluán y a la Ensenada de Llodero.

Un correo electrónico cambió su vida, un giro de 180 grados. El remitente era 'Birdquest', una prestigiosa empresa británica especializada en viajes de observación de animales, viajes por todo el mundo dirigidos a clientela con muchos ceros en sus cuentas. Pero de lujos, nada, todo lo contrario. «En la vida hay que arriesgar, y mis compañeros en el Hospital me animaron. Creo que mi camino ya estaba marcado», dijo.

Y así fue cómo inició su carrera como guía turístico especializado en aves y animales en general. De eso hace poco más de un año, doce meses en los que ha vivido y hecho vivir a sus clientes aventuras inolvidables cargadas de emociones intensas. Así se titulaba la conferencia, 'Un viaje alrededor del mundo', un viaje en el que tuvo el placer de observar en su hábitat a unas dos mil de las aproximadamente diez mil especies de aves que viven en el planeta azul.

Sustos, alguno que otro. El primero en Kenia, el país de los grandes predadores. Y fue de los gordos. «África es un continente muy peligroso. Una noche salí de la tienda en busca de un búho. Entonces oí un ruido y regresé a la tienda. A la mañana siguiente había restos humanos a escasos 150 metros de mi tienda. Se lo habían comido las hienas, Eso me marcó. En Kenia hay que tener mucho cuidado, y no solo con los animales. También con las minas y con los grupos armados», explicó. Allí, en Kenia, su grupo de clientes observaron 800 especies de pájaros, además de elefantes, cebras, leopardos, rinocerontes...

Tras un breve y merecido período de reposo en Salinas, «mi hogar», Daniel López regresó al continente negro, esta vez a Etiopía, un país asolado por la hambruna y las guerras. «Allí no tienen nada. Los niños van desnudos, y cruzan los ríos a nado pese a que están infectados de cocodrilos e hipopótamos, que son igual de peligrosos. África, se las trae, África te marca», dijo, y aunque su tono era simpático, todo el mundo captó muy bien el mensaje. «Allí cogí una gastroenteritis de caballo. Me puse a morir, y como buen médico ¡me había dejado el suero en casa!»

De África saltó a Centroamérica, a Costa Rica, un país tropical bañado por dos océanos y cubierto por una espesa jungla. «No penséis que mis clientes están en forma. Muchos son de edad avanzada, con artritis y reuma. Hay que estar muy pendiente». Allí tuvieron el privilegio de observar «el ave más bonita del mundo», el quetzal, sagrado para los mayas. También tucanes, «que son como plátanos voladores», colibríes... «Espero poder comprarme algún día una choza para disfrutar de esos atardeceres, aunque los de Salinas tampoco estaban nada mal», señaló.

El crucero de 1.300 kilómetros que realizó por el Mar de Cortez, en la Baja California, también le impactó. «El placer que te produce ver ballenas azules, el animal más grande que ha existido jamás, resulta indescriptible», dijo. El desierto marroquí tampoco deja indiferente a nadie. «El mayor problema que tuvimos allí fue una cliente que no paraba de quejarse del calor, del polvo... ¡Pero qué esperaba! En cuanto a observación, «vimos colirojos y abejarucos papirojos».

De Turquía destacó sus paisajes y también el accidente que sufrió uno de sus clientes, un magnate británico «de unos 150 kilos que se rompió la pierna por tres sitios al descender de una remota montaña. Encontrar un quirófano digno de tal nombre no resultó sencillo». Papúa Occidental «es una de las regiones más remotas del mundo, con 800 tribus que usa el calabacín fálico como única vestimenta, que hablan 800 idiomas y que no paran de matarse entre sí con flechas y machetes. Están en la edad de piedra». Pájaros, muchos, como el ave del paraíso, cuyo nombre ya lo dice todo.

Daniel López también trasladó al público las sensaciones que se sienten al ver gorilas en Uganda, kiwis en Nueva Zelanda o al surcar aguas subantárticas. Lo dicho. Fue un viaje alrededor del mundo en apenas hora y media y sin moverse del sitio.