Joan Picanyol: «El Centro Niemeyer no cerró por un problema económico»

El subdirector del equipo de gestión acusa al Patronato de no defender a la Fundación en el asunto de las subvenciones

YOLANDA DE LUISOVIEDO.
Miguel Argüelles, el técnico del despacho de José Luis Rebollo, que realizó las cuentas de la Fundación en 2010 y 2011. ::                         JESÚS DÍAZ/
Miguel Argüelles, el técnico del despacho de José Luis Rebollo, que realizó las cuentas de la Fundación en 2010 y 2011. :: JESÚS DÍAZ

Por primera vez desde que surgieron los problemas en el Centro Niemeyer que apartaron a la Fundación inicial de la gestión del centro cultural, ayer se tuvo la oportunidad de escuchar a tres de los integrantes del equipo que dirigió Natalio Grueso: Joan Picanyol, subdirector; Mark Martí, director de Producción; y Pedro Zuazua, responsable de Comunicación. Los tres comparecieron ayer en la Junta General del Principado y se sometieron a las preguntas de los diputados que integran la conocida como 'Comisión Niemeyer', que trata de esclarecer lo sucedido con una gestión económica y administrativa que se encuentra en los tribunales.

Joan Picanyol fue, con diferencia, el que más datos aportó. Utilizó un primer turno de intervención para hacer un análisis exhaustivo de todas las actividades que se realizaron en el centro desde 2007, año por año, y lo que supuso para Avilés y para Asturias, aunque «ahora se está olvidando lo que se hizo allí».

El subdirector del centro fue contestando a todas las preguntas de los grupos para poner en valor el trabajo que se hizo por parte de un equipo mínimo, Natalio Grueso y él al principio. Su primera crítica fue para el Patronato, por no haber sido más activo en buscar más patronos y más recursos, «o estar más al detalle, y no lo hicieron. O no defender a la Fundación desde el mismo momento en que no lucha por la revocación de las subvenciones tras haber dado un uso correcto al dinero, no sé si con una presentación administrativa correcta, pero no entiendo que no se defienda eso». Habló de conexión total y relación fluida con los patronos, a los que se comunicó todas las decisiones tomadas; detalló que la operación de Brad Pitt fue «una muy buena idea y muy rentable»; afirmó que los límites económicos fueron «mucho menores de lo que nos prometieron», pero a la vez detalló cómo el Centro Niemeyer, con 40 millones de euros de coste para su construcción, nada tiene que ver con «cosas que se han hecho en España, como la Ciudad de la Cultura de Valencia, que costó 500 millones de euros y está cerrada». Volvió con el Patronato para señalar que «cadez vez teníamos menos ingresos, con patronos privados que no pagaban o pagaban tarde, y sin tener siquiera cedido el equipamiento, lo que impidió hacer contratos en condiciones».

Todo ello le llevó a afirmar que «la rentabilidad del Niemeyer está fuera de toda duda», y no dudó a la hora de evaluar la gestión de calificarla de «muy buena. Lo que ustedes discuten ahora es la contabilidad, pero la gestión es todo. El Centro Niemeyer no cerró por un problema económico».

Dijo desconocer las cuestiones de contabilidad, lo mismo que lo relacionado con las facturas de la inauguración de la cúpula, defendió el uso de la tarjeta Visa como la mejor forma y más transparente de reflejar los gastos. A preguntas del PP, no aclaró algunas facturas de instituciones con los que se firmó en su día convenios de colaboración y dijo desconocer que existieran facturas de viajes de otras personas puestos a su nombre.

Sobre la exposición de Saura, con un coste de 400.000 euros, y a la pregunta de Foro si le parecía razonable, indicó que «esto no es un precio, esto no se compra, se crea. Y es caro trabajar con artistas de primer nivel. No sólo tuvo ingresos, sino un recorrido que luego no se cumplió».

En los cinco últimos minutos de exposición final, Joan Picanyol aseguró que el problema del Niemeyer fue debido a «intereses absolutamente paralelos a la gestión que se hizo allí», y dirigiéndose a los diputados les espetó que «ustedes no se dan cuenta del juguete que entre todos rompimos». Rechazó las «críticas desorbitadas», porque «ninguna institución puede sobrevivir a lo que ha pasado con el Centro Niemeyer». Aseguró también que «Avilés necesita cosas importantes, pero en cambio donde antes había algo, ahora hay algo distinto», para remarcar: «Nosotros no somos mentirosos, ni estábamos de vacaciones. Se han publicado tantas mentiras, tantas barbaridades, y nadie las ha rectificado, de que si habíamos contratado yates, suites... Avilés no era el centro del mundo, y por eso había que viajar».

Y para el final, dos mensajes nítidos, el primero a los diputados: «Ustedes dicen que valoran lo que se hizo en el Niemeyer, pero desde luego no es esa la sensación que yo tengo». «Les agradezco la carta que me enviaron para venir aquí, es la primera vez que me han preguntado por el centro. Les agradezco el avión y el hotel que me han pagado, llámenme cuando quieran, yo contestaré a sus preguntas». Y el cierre: «Yo no entiendo lo que pasó en el Centro Niemeyer».

Tres comparecencias

Marc Martí, responsable de Producción, no aclaró aspectos concretos relacionados con su intervención en las facturas refacturadas para que el Ayuntamiento se hiciera cargo de ellas con motivo de la inauguración de la cúpula, y dijo hablar con distintas personas y departamentos. Aclaró que hubo «una voluntad de acabar con este proyecto, y con el cambio de Gobierno todo se vino abajo, nos impidió llevar a cabo el plan de negocio que estaba diseñado», aclarando que cuando el equipo se fue la deuda no era «la que se está diciendo ahora».

Pedro Zuazua, ya por la tarde, aportó pocos datos más allá de su responsabilidad como responsable de Comunicación e hizo valer el estudio de una empresa privada, como Acceso, que valoró en 83 millones de euros el impacto mediático del Centro Nuiemer y de Avilés en todo el mundo.

Por la mañana había intervenido también ante la comisión María José Mochales, economista que llevó la contabilidad de la Fundación Niemeyer en los primeros años. Durante su comparecencia se esforzó en transmitir que ella se dedicaba a llevar la contabilidad, los impuestos, las nóminas y atender la Seguridad Social. Y ella mismo lo dejó cuando empezó a «no disponer de toda la información». Por lo tanto, explicó que ella no era nadie para entrar en si las facturas eran correctas o no, pero «todas las cuentas se presentaron al Principado de Asturias, lo mismo que los pagos, y están justificados».

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