«En un mes me daba tiempo a arruinar a mi familia»

El Principado activa un sistema que permite que los bingos y casinos veten la entrada de ludópatas en cuanto el adicto lo solicita

RAMÓN MUÑIZOVIEDO.

El Principado acaba de activar una aplicación informática que elimina obstáculos para salir de la ludopatía. El sistema notifica en el acto a la veintena de casinos, bingos y recreativos de la región la identidad del adicto que solicita se le prohiba el paso a estos establecimientos. Hasta ahora las empresas desconocían ese nombre hasta un mes después de que el interesado cursara los trámites, permitiéndole por tanto seguir apostando dinero propio o ajeno.

«En un mes me hubiera dado tiempo de arruinar a mi familia y al edificio entero», anota Maximino Enríquez Gutiérrez, de la Asociación de ayuda a la ludopatía de Asturias (Larpa). El colectivo lleva años reclamando esta modernización de un sistema «que funcionaba de pena, la verdad».

Hasta ahora los funcionarios del Principado volcaban una vez al mes y en un CD los nuevos nombres de los ludópatas que habían solicitado privarles de la entrada a las salas de juego; el soporte era luego entregado a cada operador autorizado, para que tomara nota de las incorporaciones.

El mecanismo exigía cuatro semanas de una paciencia que no siempre encuentran los afectados. La Asociación de Psiquiatría Americana, que elabora un manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales «ha sacado a la ludopatía del grupo de los males causados por el descontrol de los impulsos, y ahora lo reconoce como una adicción más», apunta Enríquez.

Al menos 316 vetados

El drama de una abuela ha forzado cambios en la situación. Tras mucho batallar, persuadió a su nieto para que solicitara su inclusión en el Registro General de Interdicciones de Acceso al Juego (RGIAJ). Según el último dato publicado por el Ministerio del Interior, en 2010, son 316 los asturianos que ya han dado ese paso, aunque en Larpa advierten de que la cifra actual es «mucho mayor, sin duda. Somos el país que más dinero juega por persona y cada vez estamos más rodeados; desde que te levantas por la mañana escuchas anuncios, ves tragaperras, oyes retransmisiones deportivas en las que los locutores comentan qué apuesta harían».

A la abuela le costó convencer a su nieto para que pidiera ayuda. La libertad de movimientos está protegida por la Constitución, motivo por el cual ningún familiar puede exigir que a un ludópata se le prohiba la entrada a un bingo. Es decir que, salvo que exista una sentencia incapacitando al adicto, sólo él mismo puedo dar el paso de renunciar a ese derecho. El muchacho accedió, pero «a la semana su abuela llegó echa una furia a nuestras oficinas porque había comprobado que le seguían permitiendo la entrada», recuerda Gutiérrez. Larpa dio entonces un ultimátum al Principado: o lograba que la información entre el RGIAJ y las salas de juego fuera más ágil o «después de incorporar a un asociado al registro, comprobaríamos al día siguiente que se le estaba dejando jugar y cursaríamos una denuncia policial por ello».

No hizo falta. El director general de Justicia, José Luis Villaverde, se reunió ayer con las empresas del sector para explicarles cómo funciona la aplicación informática que ya solventa el asunto. «Ahora mismo, si el ludópata pide su interdicción por la mañana, por la tarde mismo le impedirán el paso», señaló.

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